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Explorando un mundo olvidado (Chihuahua)

Hace ya algunos años el señor Harry Möller penetró a uno de los mundos más olvidados y fascinantes de nuestro país .

Hace ya algunos años el señor Harry Möller penetró a uno de los mundos más olvidados y fascinantes de nuestro país (véaseMéxico Desconocido, núms.. 10 y 11, agosto y septiembre de 1977), y descubrió en la región de Madera, Chihuahua, algunas cuevas con casas de una cultura milenaria que las habitó hace alrededor de1 000años, y que ya se encontraban abandonadas a la llegada de los españoles. En aquellos años el señor Möller se dio cuenta de que su hallazgo era apenas un atisbo de todo un mundo ignorado, y se planteaba la cuestión de cuánto tiempo más continuaría así. Casi 20 años después, el mundo que encontrara el señor Möller continúa olvidado e ignorado; sin embargo, algunos amigos de ciudad Madera y yo hemos iniciado una serie de exploraciones para ir dándolo a la luz.

Fue el explorador noruego Darl Lumbholtz quien en 1898, dio las primeras noticias sobre cuevas con casas en la región de Madera, en la parte norte de la Sierra Tarahumara. Registró varios sitios, siendo el más espectacular de ellos la Cueva del Garabato, conocida actualmente como las Cuarenta Casas (esta cueva se encuentra abierta al público y se llega a ella desde Ciudad Madera). Posteriormente, una seria de antropólogos y arqueólogos exploraron someramente la región, concentrándose sobre todo en los alrededores de cuarenta Casas. Casi todo sellos publicaron los resultados de sus estudios; así tenemos los trabajos de H.A. Carey en 1931, E.B. Sayles en 1936, A.V. Kidder en 1939, R.H. Lister en 1946 y 1958, Eduardo Contreras en 1959, Arturo Guevara en 1986, David Pearson, Fernando Sánchez M. Y D, Phillips en 1990. si embargo, aún es muy poco lo que se conoce sobre las cuevas con casas, y su exploración y estudio sistemático apenas se está iniciando.

PATRIMONIO DE CIUDAD MADERA

Primero fue el sitio de Cuarenta Casas; posteriormente se dio a conocer el conjunto Anazasi, y finalmente se ha abierto al público la Cueva Grande, sitio por demás bello y espectacular. Sin embargo, esto no es nada, ya que se sabe que en la región hay muchos sitios más (alrededor de 500) que vale la pena estudiar, por lo cual hace falta establecer un buen registro metódico. Sabedoras de esta problemática, numerosas personas de Madera se han organizado con el fin de conservar e patrimonio arqueológico que poseen.

Así pues, motivadas por algunos miembros de la comunidad, en especial el capitán Francisco Leal, el presidente municipal Orestes Chávez, y el Señor Arturo Muñoz, han formado el comité para la conservación y Preservación del Patrimonio Arqueológico del Municipio de Madera. La labor mas destacada ha promovido con gran entusiasmo el interés por conocer y estudiar este valiosísimo patrimonio. Por lo pronto, de su propio bolsillo instaló un pequeño museo que, además de ser el lugar donde se concentran los materiales arqueológicos que se han ido rescatando, ha servido como un importante centro promotor para despertar entre la misma comunidad de Ciudad Madera el deseo de conocer más a fondo sus raíces históricas. 

NUEVOS HALLAZGOS

Invitado por el presidente municipal de Madera, Orestes Chávez, y por el capitán Leal, iniciamos una serie de exploraciones en la sierra aledaña a ciudad Madera, que desde un principio nos han llevado a descubrimientos por demás interesantes. Originalmente iniciamos nuestro trabajo en uno de los cañones laterales al río Papigochi, hacia el suroeste de Ciudad Madera. Íbamos buscando una cueva de la cual ya teníamos noticias pero nuestro guía conocía tan bien la región que antes de llegar al lugar programado nos mostró nueve sitios insospechados. El cañón que recorrimos fue habitado por un conjunto de comunidades indígenas que construyeron sus casas en las cuevas y los abrigos rocosos que mejor los protegían de las inclemencias del tiempo y de los ataques de otros grupos. De hecho, algunos de estos sitios son tan seguros que hasta la fecha se encuentran prácticamente intactos, después de varios centenares de años de haber sido abandonados.

Ninguna de estas cavidades se puede ver fácilmente desde el fondo del cañón o desde sus orillas, y la única manera de darse cuenta de que existen, es cuando está en ellas. Después de un par de horas de recorrer el cañón, entramos a la primera cavidad, la Cueva de los Fierros, que se encuentra a media ladera del cañón en una pared casi vertical. Su amplitud es de unos 30 m y alberga un conjunto de cuando menos 10 cuartos construidos con adobe, algunos de ellos de dos pisos. Todo el conjunto cuenta con una base de cimiento, como una terraza, sobre la cual fueron hechos los cuartos, cuyas ventanas tienen forma de paleta o “T”, típica de la cultura paquimé.

Casi todas las habitaciones están semidestruidas; esto se debe a que el ganado vacuno que penetra a la cavidad suele rascarse en las paredes de los cuartos, afectándolos seriamente. Los techos aún conservan la estructura de madera original, y en el interior localizamos algunas herramientas de piedra como raspadores, cuchillos, metates, algunos fragmentos de cerámica y otros objetos que no pudimos identificar. Abundaban los olotes, señal de que eran consumidores de maíz y de que aquí lo almacenaban. A algunos centenares de metros de la primera cavidad, localizamos otra, ésta llamada la Cueva de la Puerta, que también se encuentra a media pared del cañón. Su amplitud es de alrededor de 25m y presenta vestigios de unos 12 cuartos o recintos, en los cuales se aprecia el vandalismo de los buscadores de tesoros, que destruyeron parcialmente pisos y paredes.

Aquí pudimos ver cómo hacían sus casas los antiguos indígenas. No las hacían de ladrillo sino que construían una especie de trenzado con varas y ramas de algunos árboles locales, principalmente el táscate 8nombre local para algunas especies de juníperos ) y el fresno, y sobre este trenzado le iban dando forma a las paredes don el adobe. El trenzado se encuentra también conservado que los amarres con que fue hecho están intactos. Vimos dos tipos de amarres; uno hecho con la fibra de la palmilla (una de las especies de ágave de la región) y el otro con una rama que la gente llama sawarique. En uno de los cuartos pudimos apreciar el piso original de la vivienda, hecho de adobe tan bien trabajado que por lo liso parecía emparejado con cemento.

 El techo y las paredes de los cuartos se veían negros, me imagino que es por la acumulación del hollín y el humo de las muchas fogatas que a través de cientos de años se hicieron allí.  Frente a la cueva de la Puerta, al otro lado del cañón, localizamos otra cavidad con casas, ésta mucho más pequeña ya que sólo alberga tres recintos, pero muy bien conservados. Caminamos medio kilómetro más subimos por la ladera del cañón hasta alcanzar una pequeña cueva que tiene una solitaria casita en muy buen estado. Dada la excelente vista del cañón que desde ahí se tiene, probablemente este lugar fue un punto de observación o de vigilancia. Como a 20 m de ella apreciamos otra cavidad que también tenía una casa, pero ésta, quizá por su más fácil acceso, fue destruida al parecer por el ganado.  UN SITIO

IMPRESIONANTE:

LA RANCHERÍA: Descendimos un largo trecho por el fondo del cañón hasta alcanzar una gran cavidad semioculta conocida como La Ranchería. Ésta tiene una gran amplitud y fácilmente alberga un conjunto de 50 cuartos o más.

Me llamó l atención que aquí los recintos son más grandes que los de las demás cuevas que habíamos visitado, y muchos son de dos pisos. Aquí vivía todo un pueblo, pero por desgracia también ha dejado su huella el vandalismo de los buscadores de tesoros. El cimiento de este conjunto es toda una trinchera de piedra muy bien construida; muchos de los cuartos tienen las paredes y el techo negros por el hollín, y aunque en algunos vimos unas especie de chimeneas, probablemente no lo eran ya que no mostraban huella alguna de que hubieran hecho fuego en ellas. En uno de los cuartos pudimos ver la forma en que hacían el entretecho, con troncos de táscate y pino unidos y recubiertos con lodo. Este techo sostiene el segundo piso y se encuentra apuntalado con un tronco bastante grueso, todo negro por el hollín. El cuarto del segundo piso es amplio y contiene un cuartito, como si fuera para niños.

En las paredes de una parte del conjunto existe una serie de pinturas del tipo paquimé, con motivos geométricos muy sencillos en color negro. El conjunto tiene un silo de forma circular que al parecer ha sido recientemente semidestruido. En estos silos se almacenaba maíz, y aún encontramos gran cantidad de olotes que datan de la época antigua. Los silos los hacían con paja de pino unida con adobe, a la cual le iban dando la forma circular. Nuestro guía aún recordaba que hace un par de años este silo todavía estaba completo. También localizamos un metate muy hermoso en perfecto estado, gran cantidad de fragmentos de cerámica y herramientas líticas.

 Este sitio es fascinante; fácilmente puede uno imaginar a todo un pueblo viviendo aquí hace 1 000 años; platicando, acarreando agua del arroyo, almacenando y desgranando maíz, compartiendo su mundo tan desconocido para nosotros. Pero lo más fantástico es que lo encontramos así, en medio del bosque, del cañón, olvidado, casi intacto. Seguimos localizando más cuevas en este cañón tales como la Cueva de la Ranchería 2, en donde utilizaron el tallo del maíz para el trenzado de las paredes de adobe, y la Cueva de las Pirinolas, que tiene un recinto que parece empotrado dentro de la cueva. En esa ocasión ya no tuvimos tiempo de llegar a dos cavidades más que, según nos decía el guía, también tenían casitas.

Cabe agregar que junto con estos hallazgos disfrutamos de unos parajes naturales verdaderamente hermosos, como dos manantiales termales extraordinarios, y un arroyo por el cual hicimos un recorrido, lleno de hermosos lugares con grandes pozas y árboles. 

LA CUEVA DE LA MOMIA

Durante las exploraciones los rancheros me informaron sobre muchos lugares que tenían cuevas con casas. Le dimos prioridad a ciertos sitios, uno de ellos una cueva donde decían había una momia. Esta cavidad se localiza en otro cañón mucho más al norte del primer sitio que habíamos explorado.La cueva está al pie del acantilado vertical del mismo y desde su entrada se tiene una excelente vista. La cavidad consta de dos niveles, y en ambos encontramos numerosos vestigios arqueológicos, sin embargo, lo más importante es que en el nivel superior existen más de 10 cuartos de adobe, la mayoría muy bien conservados. El primer nivel es solamente un abrigo rocoso; para llegar al segundo nivel, alguien colocó un tronco de pino con unos cortes a manera de escalones. Luego del tronco, se sube por una rampa entre piedras que conduce al segundo nivel. En éste hay una amplia ventana desde la cual se disfruta de una hermosa vista del cañón.La cavidad no es muy amplia, pero sí un excelente resguardo. Al borde mismo del precipicio, junto a la ventana, se encuentran los restos de un antiguo cuarto de adobe. En el piso de ese cuarto, semienterrada, localizamos la momia de la que tanto nos habían hablado.

El hallazgo fue sorprendente ya que la momia se encontraba en excelente estado de conservación. Al parecer se trata de una persona adulta, del sexo masculino. Estaba en posición fetal, recostada sobre su hombro izquierdo; los pies y los brazos doblados sobre sí mismos. Aún conserva casi toda la piel, el pelo, las uñas y los dientes; se encuentra envuelta en una tela hasta la altura de las axilas, y al parece había sido enrollada en dos petate, de los cuales aún encontramos abundantes restos. El estado de conservación en que todo esto se encontraba era extraordinario. Junto a la momia encontramos lo que, al parecer, eran cosas que enterraron con ella para su viaje al más allá: olotes, tallos de maíz, y además un elote completo con todos sus granos, duros como piedras, perfectamente conservado después de cientos de años. Además encontramos numerosos fragmentos de cerámica pintada y con diseños geométricos, utensilios de piedra y un fragmento de hueso trabajado. También localizamos un metate con todo y su mano. 

En la entrada de otra de las casas de adobe localizamos los restos de una momia más, éstos muy maltratados por los vándalos. Se encontraba buena parte de la osamenta y restos de la manta y los petates con que fue envuelta. Al parecer esta momia fue hallada hace unos cuatro años por unos buscadores de tesoros, que la destruyeron. La cueva ha sido refugio de narcos en los últimos años, por lo que es una suerte que no haya sido destruida la otra momia y las demás casas. Desde hace un par de años algunos estudiosos de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez denunciaron ante el INAH este hallazgo, pero hasta la fecha no ha habido respuesta. La exploración de esta abrupta región de Madera apenas se inicia y los descubrimientos han estado a la altura. Esperamos pronto poder comunicar los nuevos hallazgos de este México desconocido en que nos tocó vivir. 

Fuente: México desconocido No. 222 / agosto 1995

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