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Fiestas y tradiciones poblanas que merecen un viaje

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Puebla
fiestas y tradiciones poblanas
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Casa Lucila: un restaurante en Zacatlán con el sazón de la abuela

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Puebla se cuenta entre los estados con el calendario festivo más rico de México. Las fiestas y tradiciones poblanas nacieron del cruce entre el mundo prehispánico y el orden colonial. Hoy se sostienen gracias a comunidades que las preparan durante meses. Cada celebración tiene su propio pulso: unas retumban con pólvora, otras guardan silencio frente […]

Puebla se cuenta entre los estados con el calendario festivo más rico de México. Las fiestas y tradiciones poblanas nacieron del cruce entre el mundo prehispánico y el orden colonial. Hoy se sostienen gracias a comunidades que las preparan durante meses. Cada celebración tiene su propio pulso: unas retumban con pólvora, otras guardan silencio frente a un altar. Vale la pena organizar el viaje alrededor de estas fechas, porque ver una de estas festividades de cerca cambia por completo la idea que uno tiene del estado.

El Huey Atlixcáyotl, la gran fiesta de Atlixco

En el cerro de San Miguel, en Atlixco, el último domingo de septiembre se celebra el Huey Atlixcáyotl, una de las fiestas y tradiciones poblanas de mayor peso cultural. El nombre viene del náhuatl y quiere decir Gran Fiesta de Atlixco. La celebración se realiza en torno a la fiesta de San Miguel Arcángel y hunde sus raíces en las antiguas ofrendas a Quetzalcóatl para agradecer las cosechas.

Fiestas y tradiciones poblanas
Mayra Aguirre

El festival reúne a delegaciones de las trece regiones etnográficas del estado, que suben al cerro en procesión encabezada por los danzantes. Ahí se presentan danzas como los quetzales, los tecuanes, los negritos y los voladores. También se elige a la Xochicíhuatl o Mujer Flor, una designación que no premia la belleza, sino el conocimiento demostrado de las costumbres de cada pueblo. El etnólogo Cayuqui Estage Noel impulsó su rescate en 1965 y en 1996 fue declarado Patrimonio Cultural del Estado de Puebla. El acceso es gratuito, conviene subir temprano porque el ambiente empieza desde la mañana.

El Carnaval de Huejotzingo, pólvora y memoria

Los cuatro días previos al Miércoles de Ceniza, Huejotzingo se transforma en un enorme escenario al aire libre. Su carnaval se distingue de cualquier otro en el país porque cuenta una historia: es el único con un argumento histórico definido. Las calles del centro se llenan de batallones que representan la Batalla del 5 de mayo de 1862, cuando el ejército mexicano derrotó a las fuerzas francesas.

La estructura recuerda a una gran obra teatral en tres actos. Además de la batalla, se recrea el rapto de la hija del corregidor a manos del bandido Agustín Lorenzo y el primer casamiento indígena bajo el rito católico. Los batallones de Indios Serranos y Zacapoaxtlas encarnan a las fuerzas mexicanas, mientras que zuavos, turcos y zapadores personifican al ejército francés. Los danzantes lucen trajes bordados a mano y máscaras de cuero que preparan con meses de anticipación, y disparan mosquetones cargados de pólvora durante el recorrido. ¡El estruendo forma parte de la experiencia! El carnaval se celebra desde 1868, lo que lo convierte en uno de los más antiguos de México. Huejotzingo está a unos 25 kilómetros de la capital poblana, cerca de 45 minutos en auto.

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Los altares monumentales de Huaquechula

Si el carnaval es ruido, Huaquechula es solemnidad. Del 28 de octubre al 2 de noviembre, este municipio al suroeste de la ciudad de Puebla monta los altares monumentales que lo han hecho célebre en todo el país. Son retablos blancos de hasta tres o cuatro niveles, cubiertos con telas de satín que se pliegan para simular las nubes. El blanco representa la pureza y la esperanza.

Estos altares no se hacen para cualquier difunto. Se levantan únicamente en honor a quienes murieron durante el último año, y son las familias en luto quienes los preparan durante meses. Cada nivel guarda un significado: el primero representa la vida en la tierra, con la fotografía y los objetos personales del fallecido. Los superiores evocan lo celestial y culminan en un crucifijo que preside la estructura desde lo alto. La tradición fusiona la ornamentación prehispánica de la región con la estética de los altares de Jueves Santo de la tradición católica, y fue reconocida como Patrimonio Cultural del Estado en 1997. Al toque de las campanas, a las 14:00 horas, las familias abren sus casas para recibir a los visitantes. La costumbre pide dejar una cera al pie del altar; a cambio, los anfitriones ofrecen chocolate, pan y una bendición.

La Villa Iluminada de Atlixco, diferente entre las fiestas y tradiciones poblanas

Atlixco cierra el año con luz. Desde 2011, el Pueblo Mágico monta la Villa Iluminada, un recorrido peatonal de casi dos kilómetros que atraviesa el centro histórico durante la temporada decembrina. La ruta arranca en el zócalo, sigue por la avenida Hidalgo y desciende hacia el Parque de la Revolución, entre túneles de luz, figuras monumentales y fachadas coloniales encendidas para la ocasión.

El evento suele instalarse desde finales de noviembre hasta la primera semana de enero, con las luces encendidas cada tarde a partir de las 18:30 horas aproximadamente. El acceso al corredor principal es gratuito, aunque en los alrededores hay atracciones independientes con costo, como mercaditos navideños, juegos mecánicos y pabellones gastronómicos. Atlixco está a unos 40 minutos de la capital del estado, lo que permite combinar la visita con un paseo por el centro del municipio.

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Cómo aprovechar el calendario poblano

El estado ofrece festividades durante todo el año, así que conviene planear el viaje según la fecha:

  • Febrero – Carnaval de Huejotzingo, durante los cuatro días previos al Miércoles de Ceniza.
  • Finales de octubre y principios de noviembre – altares monumentales de Huaquechula, del 28 de octubre al 2 de noviembre.
  • Septiembre – Huey Atlixcáyotl, el último domingo del mes en Atlixco.
  • Diciembre – Villa Iluminada de Atlixco, durante toda la temporada decembrina.

Reservar hospedaje con anticipación es recomendable, sobre todo en Atlixco durante sus fiestas grandes, cuando la demanda se dispara.

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