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Fotografías en albúmina

La producción fotográfica del siglo XIX tiene como característica particular la gran variedad de procesos utilizados para la captura y fijación de las imágenes: daguerrotipos, ambrotipos, ferrotipos, impresiones al carbón y la goma bicromatada son sólo algunos de ellos.

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Esta amplia gama de procesos puede ser dividida en dos grupos: aquellos que producían una imagen única -llamada también imagen de cámara y que tuvieron su línea de origen en la daguerrotipia- y los que permitían la reproducción múltiple -a partir de una matriz negativa obtenida en la cámara oscura-, cuyo origen se remite a la calotipia.

Del segundo grupo -los que posibilitaron la reproducción múltiple- destacan dos técnicas de positivado: la impresión a la sal o papel salado y el papel albuminado. El creador de la primera de ellas fue Henry Fox-Talbot, quien obtuvo sus fotografías por medio de un negativo de papel encerado. La impresión a la albúmina, por su parte, fue una técnica con Ia que se realizó el 85% de las imágenes producidas en el siglo XIX, lo cual significa que Ia mayor parte del patrimonio fotográfico de nuestro país -correspondiente a ese siglo- se halla en este proceso.

El papel albuminado fue uno de los primeros materiales empleados para la impresión de positivos, y en 1839 Louis Blanquart-Evrard intenta fabricarlo retomando el proceso de elaboración de negativos de cristal de Niépce de St. Victor, cuyo sustrato era albúmina sensibilizada con sales de plata. De esta manera, Louis lleva a cabo experimentos con este tipo de coloide y lo aplica sobre hojas de papel, mejorando el resultado de los calotipos de Henry Fox Talbot, para posteriormente realizar impresiones fotográficas y presentar sus resultados a la Academia Francesa de Ciencias (mayo 27 de 1850). No obstante, su uso fue disminuyendo debido a que los fotógrafos profesionales -únicos que lo usaban- obtenían mejores resultados con los papeles emulsionados para impresión directa (colodión o gelatina).

Una de las mayores dificultades en la fabricación del papel albuminado consistía en que cuando se sensibilizaba el papel con nitrato de plata, algunas veces éste llegaba a estar en contacto con el papel a través de la capa de albúmina, y si el papel no era de buena calidad, el nitrato reaccionaba químicamente originando puntos negros o manchas en la superficie de la imagen. Otro factor problemático era el grado de impureza del papel y las sustancias del encolado, pues en el virado o entonado de las imágenes obtenidas sobre el papel albuminado podían producir alteraciones cromáticas. AsÍ pues, aunque aparentemente la fabricación de papel albuminado era sencilla, ésta presentaba notables dificultades. No obstante, había fabricantes que vendían papel albuminado de buena calidad, siendo las fábricas más renombradas las de Alemania-principalmente las de Dresden-, en las cuales se consumían anualmente millones de huevos para esa industria.

La “receta” para la elaboración del papel, así como su posterior sensibilización con sales de plata, es descrita por Rodolfo Namias en 1898:

Se rompen los huevos con cuidado y se separa la albúmina de la yema; esta última véndese a los talleres de guantería y á las pastelerías. La albúmina líquida se bate después en copos, ya sea a mano ya con máquinas especiales, dejándola reposar después: pasadas algunas horas se vuelve líquida de nuevo, y las partículas membranosas se separan bien. La albúmina líquida que se obtiene no debe emplearse enseguida, sino que hay que dejarla que fermente un poco, porque así da una capa mucho más fácil de la imagen […] comúnmente se deja [fermentando], tal como está durante ocho o diez días, y en la estación fría hasta quince días; por el olor nauseabundo que despide puede calcularse el momento en que llegó a su putrefacción á su justo límite. Entonces se detiene la fermentación con adición de una pequeña cantidad de ácido acético y se filtra. Antes de servirse de esta albúmina se debe añadir cierta cantidad de cloruro alcalino. Este cloruro tiene por objeto dar lugar, en la sensibilización del papel, á la formación del cloruro de plata junto a la capa de albúmina, y este cloruro de plata constituye precisamente, junto con el albuminato de plata, la materia sensible.

Actualmente sabemos que la albúmina era colocada en recipientes hechos con placas de zinc, y en ella se hacían flotar las hojas de papel especial de excelente calidad y bajo peso que deseaban prepararse. La hoja se sumergía en este baño sosteniéndola por dos ángulos opuestos y se hacía descender lentamente, evitando lo más posible la formación de burbujas; después de uno o dos minutos se sacaba y se colgaba para su secado. Por lo general, se hacía un doble albuminado a las hojas para que tuviesen una capa lo más brillante y homogénea posible.

Ya seco, el papel debía ser satinado para aumentar el brillo de la superficie. Si el proceso se llevaba a cabo adecuadamente, se obtendría un papel albuminado con un olor bastante desagradable (característica principal de un papel bien procesado). El papel ya albuminado era envuelto en paquetes que se conservaban en un lugar seco para su posterior sensibilización. Ésta se efectuaba uno o dos días antes de su uso, aunque a mediados de Ia década de 1850 (J.M. Reilly, 1960) era posible adquirirlo ya sensibilizado y empaquetado en algunos locales comerciales.

Para la sensibilización se empleaba una solución de nitrato de plata al 10% con agua destilada; posteriormente, la mezcla se vertía en una cubeta porcelanizada, y bajo la emisión de una débil luz artificial (lámpara de gas o de petróleo, nunca de incandescencia) se hacía flotar la hoja albuminada sobre el baño de plata durante dos o tres minutos; finalmente se ponía a secar de la misma forma que cuando se albuminaba, pero ahora en completa oscuridad. Una vez seco, el papel se sumergía en una solución de ácido cítrico al 5% durante uno o dos minutos y luego se escurría y se secaba entre papel-filtro. Una vez secas, las hojas se empaquetaban para su posterior uso, o bien, eran enrolladas, con la parte albuminada hacia afuera, en una estructura cilíndrica que se envolvía con papel. Igualmente, el papel sensibilizado se almacenaba en un lugar seco (M. Carey Lea, 1886).

Para realizar Ia impresión fotográfica sobre este tipo de papel se realizaban los siguientes pasos:

a) Se exponía a Ia luz solar el papel albuminado sensibilizado en contacto con el negativo, que podía ser de cristal con sustrato de albúmina, cristal con colodión, o con gelatina.

b) Se enjuagaba la impresión con agua corriente.

c) Se entonaba, generalmente con una solución de cloruro de oro.

d) Se fijaba con tiosulfato de sodio.

f) Finalmente, se lavaba y se colocaba en bastidores para su secado.

Las primeras impresiones de albúmina eran de superficie mate, y a mediados de los años cincuenta hicieron su aparición las superficies brillantes. Con Ia introducción de Ia fotografía estereoscópica y las cartes de visite (“tarjetas de visita”) el papel albuminado tuvo su mayor auge (1850-1890).

Para su comercialización, dichas imágenes eran montadas sobre soportes auxiliares rígidos, y adheridas con almidón, gelatina, goma arábiga, dextrina o albúmina (J.M. Reilly, op. cit), tanto por cuestiones técnicas como estéticas, pues el tipo de papel utilizado en la impresión fotográfica, como ya se comentó, era muy delgado. Las imágenes sin montar algunas veces eran introducidas en álbumes, y otras, guardadas en paquetes o sobres, en los cuales tendían generalmente a enrollarse o arrugarse, que es el caso del material objeto de este estudio.

Estas impresiones de albúmina sin montar se enrollaron o arrugaron de manera crítica debido a los cambios de humedad y temperatura posiblemente ocurridos en el lugar donde se encontraban almacenadas antes de su llegada a Ia Fototeca deI INAH, que igualmente provocaron el aceleramiento del desvanecimiento de algunas imágenes.

De hecho, los problemas derivados del enrollamiento del papel albuminado fueron reportados en los primeros manuales para la elaboración de este tipo de papel fotográfico, y también su soIución, que consistía en fijar las impresiones en soportes secundarios de cartón rígido, aunque dicha solución sólo funcionaba si el enrollamiento era ligero (J.M. Reilly, op. cit.).

EI enrollamiento del papel se da por variaciones de humedad del medio ambiente, pues la absorción de ésta es menor en el sustrato de albúmina que en el soporte de papel, lo cual provoca la hinchazón de Ias fibras deI soporte debido a la diferencia de tensiones.

La estabilidad química y física de este proceso fotográfico es muy baja, lo que hace muy susceptibles de deterioro a las imágenes producidas con esta técnica, tanto por factores medioambientales como intrínsecos dados por las características de la albúmina y la plata fotolítica de la imagen producida por impresión directa.

Aunque existen estudios sobre Ios factores que alteran la vida de este tipo de impresiones, que proponen algunos métodos para retardar el deterioro, no hay en ellos una visión globalizadora deI problema que permita conservar de manera integral las impresiones fotográficas producto de Ios procesos ya mencionados.

La Fototeca del INAH cuenta con un acervo de aproximadamente 10 000 piezas en papel albuminado, todas ellas de gran valor, principalmente en cuanto a paisaje y retrato se refiere. Varias fotografías de este acervo se hallan en un estado de deterioro avanzado -a pesar de las condiciones estables de almacenamiento-, por lo cual se estableció un programa de trabajo de restauración mecánica que permitiría el rescate de estas piezas y su difusión. En Ia restauración mecánica se aplican, adaptadas, técnicas utilizadas en la restauración de documentos, que sirven para recuperar la “integridad” y continuidad física del soporte, aunque cuando se trata de intervenir sobre el sustrato o la imagen se enfrentan serios problemas, pues las técnicas y los materiales utilizados no van acordes con las normas básicas de una intervención restaurativa. Por otro lado, los métodos químicos no son aplicables en este tipo de impresiones, ya que modifican la estructura molecular de la plata formadora de la imagen (de plata fotolítica a plata filamentaria), alterándose el tono, proceso que es irreversible.

Es así como se realizó lo siguiente:

a) Toma fotográfica de registro de las piezas originales enrolladas antes del tratamiento.

b) Análisis físico y químico de la estructura de Ias impresiones de albúmina.

c) Una vez realizado el análisis de Ias piezas, éstas se sometieron a un método de humectación en frío, el cual al aumentar el porcentaje de agua por peso en la estructura de cada pieza tendería a desenrollarlas.

d) Se procedió a secar y reestablecer el plano original de las fotografías por medio de una prensa para papel.

e) Por último, se realizó el montaje de cada una sobre un soporte rígido de ph neutro, que ayuda a conservar su estructura original, evitando probables reacciones químicas tanto en el soporte primario como en Ia imagen, (desvanecimiento, manchas, etcétera).

Cabe destacar que las tareas de rescate y conservación de colecciones de imágenes fotográficas son primordiales para comprender que la fotografía es esencialmente la memoria gráfica de una sociedad, una nación, y no solo resultado de un proceso fotoquímico o un encuentro con el tánatos.

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