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Lo que no sabías del Grito de Dolores

El Grito de Dolores es la fiesta más importante y más celebrada en México, y es uno de los pilares de nuestra identidad como mexicanos, pero ¿qué fue lo que pasó en realidad esa mítica noche del 15 de septiembre de 1810?

Raúl Fernando

Cada 15 de septiembre, rozando en la madrugada del 16, el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos lleva a cabo la conmemoración del grito de independencia desde el palacio nacional, tañendo la misma campana que Miguel Hidalgo en aquella noche de 1810. Lo mismo hacen alcaldes, gobernadores, embajadores y representantes oficiales del gobierno mexicano en sus respectivas localidades. Es la fiesta más importante y más celebrada en México, y es uno de los pilares de nuestra identidad como mexicanos, pero ¿qué fue lo que pasó en realidad esa mítica noche, conocido como Grito de Dolores?

Era el tiempo de los movimientos armados independentistas en América y la revolución francesa había pasado solo hace unas décadas. La posibilidad de la soberanía popular se veía cerca a lo largo y ancho del continente. “El poder emana del pueblo” era una idea peligrosa, pero circulaba entre los círculos intelectuales y militares. Un último e importante evento terminó por sacudir al escenario político en la Nueva España: el imperio francés de Napoleón tomó la corona española y el soberano borbón, Fernando VII, fue depuesto. Entonces se dio la discusión entre quienes decidieron permanecer leales ante Fernando VII, a quien consideraban su legítimo rey, y quienes, por sus propios intereses políticos y económicos, querían que las cosas se quedaran como estaban. 

El cura de Dolores era uno de los intelectuales liberales leales a Fernando VII pero, como señala el historiador Vicente Sáenz, creía que la soberanía debía de residir en el pueblo a falta de su legítimo rey. Por su posición como cura y habiendo sido Rector del Colegio de San Nicolás, Miguel Hidalgo era un intelectual cercano al pueblo. Estudió no solo teología, sino también a los filósofos y humanistas más influyentes en aquel entonces, como Descartes, Rousseau y Montesquieu, e incluso libros prohibidos por la iglesia. Lo mismo dominaba el francés y el latín como el náhuatl y el otomí.

 Rodrigo Cruz

Habiendo sido descubierta la conspiración en la que participaba, Hidalgo se reunió con un pequeño grupo de civiles y militares, como Juan Aldama e Ignacio Allende, para decidir qué hacer. Era 15 de septiembre, sábado por la noche o ya domingo por la mañana, cuando el cura de Dolores tañó la campana de su parroquia, en Dolores, Guanajuato. Una multitud comenzó a congregarse en la plaza. El llamado era tan inusual a esas horas que el pueblo pensó que podría tratarse de una emergencia. El cura Hidalgo se dirigió al pueblo para iniciar una revuelta cuyo alcance no llegó a atestiguar. Era un hombre carismático y tenía la confianza de su gente pero, ¿qué fue lo que dijo para convencer al pueblo de levantarse en armas contra el gobierno?

No existe un registro o testimonio directo, pero sí hay varias versiones y relatos acerca de aquel discurso. Dicen que habló de justicia y libertad a un pueblo cansado de ser explotado y esclavizado. Dicen también que habló de fe ante un pueblo devoto y cansado de la religión que había secuestrado el clero acomodado. Pero dicen también que reivindicó la soberanía del Rey Fernando VII, aunque es difícil decir qué tanto compartía esta idea el pueblo al que se dirigió. Entonces, entre las consignas que más se leen en los libros de historia se encuentran:

“¡Muerte al mal gobierno!
¡Viva Fernando VII!
¡Muerte a los gachupines!
¡Viva la Virgen de Guadalupe!”

También dicen que fue el pueblo quien gritó “¡viva América!, ¡muerte a los gachupines!”, ante el “¡viva la Virgen de Guadalupe!, ¡viva Fernando VII!” de Hidalgo, y que estas consignas fueron constantes como gritos de guerra. No hay forma de saber con certeza, pero es importante entender, o al menos imaginarse, lo significativas que eran estas palabras para la población. La primera vez que se realizó una conmemoración del Grito de Dolores fue en 1812, en Huichapan, en el actual estado de Hidalgo. El general insurgente Ignacio López Rayón, el jefe del movimiento independentista tras el fusilamiento del cura de Dolores, realizó una ceremonia militar con descargas de artillería y música. Es posible que también haya “dado el grito”, aunque de esto no se tiene información precisa. Es interesante ver cómo su concepción de independencia era distinta a lo que entendemos ahora pues, si bien querían librarse del “mal gobierno” realista y establecer a México como una nación independiente, el general López y sus tropas eran leales a Fernando VII.

 cortesía Genzoman

Un año después, Morelos escribió en su documento Los sentimientos de la nación que el 16 de septiembre sería “el día Aniversario en que se levantó la Voz de la Independencia, y nuestra Santa Libertad comenzó…”. Habiéndose consumado la independencia, y disuelto el primer Imperio Mexicano, el presidente Guadalupe Victoria instauró el 16 de septiembre como fiesta nacional y estableció el grito de independencia como el inició de las celebraciones.

El “grito  de independencia” moderno es una adaptación de lo que pudo ser el llamado original de Hidalgo, para adecuarlo a las ideas del Estado mexicano. No hay una versión oficial de lo que debe de decir el presidente, alcalde o gobernador, o quien quiera que tome la tarea, pero en general varía poco, con el toque o la inclinación que quiera dar cada uno. El “¡vivan los héroes que nos dieron patria!” va seguido de una lista de los héroes de la independencia, encabezados por Hidalgo, Allende, Aldama, Josefa Ortiz de Domínguez, Guerrero, entre otros y a veces incluyendo personajes que quien esté dando el grito considere importantes. En 2015, el embajador de México en el Reino Unido decidió agregar dos nombres controversiales a su lista y gritó “¡viva Porfirio Díaz! ¡viva Emiliano Zapata!”, lo cual fue omitido por la transcripción oficial de la embajada.

Ni Fernando VII, ni la Virgen de Guadalupe llegaron a nuestros días. Tampoco se alienta ya al asesinato de peninsulares. El “¡muerte al mal gobierno!” aparece todavía de vez en cuando, si el encargado de “dar el grito” quiere dar a entender algo. En vez del original “¡vivan las Américas!” se prefiere el “¡viva México!”, lo cual habría sido inconcebible en aquel entonces, cuando el pueblo “no peninsular” se consideraba “americano”, y por México se entendía tan solo lo que ahora conocemos como Ciudad de México. 

Dicen que Porfirio Díaz cambió la tradicional fecha de la celebración del 16 al 15 de septiembre para que la mayor fiesta nacional coincidiera con su cumpleaños. Esto puede ser cierto, pero no se sabe con certeza si Hidalgo dio el grito muy en la noche del 15 o muy en la mañana del 16 de septiembre. De cualquiera forma el grito es solo el inicio de las conmemoraciones del día siguiente. Lo cierto es que los primeros festejos de este evento sí se realizaron el 16 de septiembre, modificándose poco a poco hasta tomar la forma actual, celebrada en las plazas de los pueblos y ciudades de México, así como en las embajadas y consulados en el extranjero y donde quiera que a alguien le nazca, sin grandes restricciones, para recordar aquel mítico grito que inició el movimiento de independencia. 

 

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