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Huastecos y totonacos de hoy I

Al llegar a Papantla, uno puede sorprenderse al ver tantas personas vestidas de blanco impecable, que caminan, compran y venden entre la gente de la ciudad.

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Si es domingo por la noche, se puede ver el baile del volador, impresionante danza de origen precolombino que hasta hoy día representan los totonacos, nombre con el que se conoce a los habitantes originarios de esta región. Se puede pensar que los totonacos quieren mostrar su diferencia al mundo “exterior” por sus pantalones anchos y blancos, sus blusas blancas bordadas con colores vivos, por su lengua que hablan con una rapidez inimitable. Su manera de andar orgullosa, las pequeñas figuras hechas de vainilla, las estatuas “antiguas” de barro que venden, su lindísima música de flauta y tambores obligan a pensar que en los alrededores de esta ciudad debe existir una cultura particular muy fuerte.  

Al llegar a Papantla, uno puede sorprenderse al ver tantas personas vestidas de blanco impecable, que caminan, compran y venden entre la gente de la ciudad. Si es domingo por la noche, se puede ver el baile del volador, impresionante danza de origen precolombino que hasta hoy día representan los totonacos, nombre con el que se conoce a los habitantes originarios de esta región. Se puede pensar que los totonacos quieren mostrar su diferencia al mundo “exterior” por sus pantalones anchos y blancos, sus blusas blancas bordadas con colores vivos, por su lengua que hablan con una rapidez inimitable. Su manera de andar orgullosa, las pequeñas figuras hechas de vainilla, las estatuas “antiguas” de barro que venden, su lindísima música de flauta y tambores obligan a pensar que en los alrededores de esta ciudad debe existir una cultura particular muy fuerte. 

Hacia el noroeste, en Coyutla y en sus cercanías, puede tenerse el sentimiento de estar frente a otra cultura: las mujeres y los hombres ya no se visten de blanco puro, sino que ellas envuelven sus cinturas con una cinta roja, como lo hacen las de otros pueblos indígenas de la sierra. Algunas usan faldas que les llegan hasta los tobillos y todas llevan el quetchquémitl de la forma como se ve en las representaciones prehispánicas.   

El palo volador está adelante de la iglesia católica de Coyutla y durante la semana del santo patrono los danzantes descienden en giros desde lo alto. Pero se siente una atmósfera diferente a la Papantla. A simple vista no se puede estar seguro de si estos hombres y mujeres vestidos de una manera diferente al estilo urbano, que hablan una variante que suena como si fuera otra lengua, pertenecen o no al mismo grupo que los de la región de Papantla. Y tal vez pueda sorprender el saber que ellos también son totonacos.  Más al norte al entrar a Puebla aparece otro grupo: los totonacos de la sierra. La geografía de la Sierra Madre Oriental determina el paisaje compartido por totonacos, nahuas y mestizos. La convivencia de estas poblaciones dejó su huella sobre este grupo de totonacas pues el vestido de las mujeres se parece en parte al de las otomies; los quetchquemitls están tejidos de colores y no bordados como los de alrededor de Coyutla. Pero el palo del volador, símbolo exterior de la cultura totonaca, también está presente en estos pueblos. 

Desde un enfoque lingüístico, entre los totonacos se distinguen por lo menos tres variantes. Por sus expresiones culturales, los grupos más importantes son: el de la costa hasta las estribaciones de la sierra, el que se sitúa entre la zona costera y la sierra alta y el de los totonacas de la Sierra de Puebla. A pesar de estas diferencias, existen en su cultura muchos rasgos que les unen y que les hacen identificarse como “totonacos”.  Los totonacas actuales viven en una parte del antiguo Totonacapan, y se distribuyen entre el norte de los estados de Puebla y Veracruz. Su número se estima en la actualidad en unos 140,000 habitantes, pero al principio de la conquista eran alrededor de 750,000.   

En las tres zonas el clima favorece la agricultura tropical, lo que permite dos cosechas anuales de maíz: la de temporal y la tolnamil o de invierno. La dieta básica, como en otras partes de México comprende maíz, frijol y chile. Además, en algunas áreas de la franja costera se cultiva la tradicional vainilla; la yuca, el camote, la calabaza y frutas como la papaya, el plátano y la naranja. La caña de azúcar tiene cierta importancia en la producción agrícola así como el café, allí donde la propiedad privada de la tierra lo permite.  Los totonacos practican el sistema de roza y quema; siembran con espeque y escardan con machete y azadón. La ganadería extensiva forma parte, a veces significativa, de la economía de algunos totonacas que pueden tener un número importante de reses. La pesca, la caza y la recolección contribuyen a la alimentación de estas poblaciones. 

En las zonas de la sierra los pueblos son relativamente extensos y su número de habitantes alcanza a veces los 3,000 o 4,000, mientras que en las comunidades de la costa rara vez superan los 500 habitantes. Pareciera que en los pueblos de la sierra los antiguos totonacas transmitieron una forma de vida “urbana”: en los espacios reducidos no hay lugar más que para la casa-cocina-habitación y para un temazcal de uso cotidiano entre todos los grupos totonacas. En las poblaciones secundarias y primarias de la costa hay alrededor de las casas grandes espacios en donde se crían puercos, guajolotes y pollos en número relativamente grande, y en donde los árboles frutales ofrecen sombra y belleza natural. Estos pueblos están llenos de flores. Las casas, de forma rectangular, están construidas en su mayoría con palma y zacate, o con madera. Para el amarre utilizan el bejuco; el piso es de tierra apisonada.   

Hoy en día se puede observar una mezcla de las formas antiguas y modernas de gobierno. Prácticamente, cada población totonaca, al no tener la posibilidad de desarrollar una relación con otras comunidades de la misma cultura, tiene la responsabilidad en este nivel celular de mantener su identidad cultural y lingüística. Así, cada pueblo funciona como si fuera un pequeño estado: tiene sus responsables y su organización internos para cada tipo de actividad, desde los comités del agua potable hasta el de padres de familia para cuidar el buen funcionamiento de la escuela. Lo que quedó en realidad de sus antiguas instituciones es la faena y el terreno comunal, que en ciertas comunidades muy unidas funciona bien y contribuye a la riqueza de su población.

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