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La Cotorra Serrana en Chihuahua

Esta vez no admiramos sitios arqueológicos ni las famosas barrancas del estado de Chihuahua, sino que fuimos en busca de una de las especies de cotorras más raras y llamativas de nuestro país.

Madera está al pie de la región montañosa con mayor riqueza maderera y vestigios arqueológicos de Chihuahua. Esta región estuvo habitada durante 1,500 años por hábiles constructores de “casas acantilado”, que originalmente eran nómadas cazadores y recolectores, quienes poco a poco modificaron su estilo de vida (hacia el año 1,000 a.C.). Estos grupos fueron los primeros en capturar y criar a las cotorras serranas (quizá por su colorido plumaje), según indican los vestigios arqueológicos encontrados en Paquimé.

En esta región abunda la vida salvaje y sólo aquí es posible encontrar, entre abril y octubre, a la cotorra serrana occidental (Rhynchopsitta pachyrhyncha), un ave en peligro de extinción. A pocos kilómetros al noroeste del municipio de Madera, el área de anidación está formada por pinos, encinos, alamillos y madroños; es un ambiente con clima templado gran parte del año y con lluvias durante los meses del verano, lo cual favorece que exista una vegetación bien conservada, pues los ejidatarios del Largo Maderal han destinado 700 hectáreas para su conservación donde se protege su zona de anidación.

Antiguos caminos madereros

En los últimos días del verano, el camino de terracería que recorrimos poco a poco se tornaba en arroyuelos que en algunos puntos corrían por cada rodada impresa por los automóviles, pero hay tramos de cientos de metros donde todo el camino se ha convertido en arroyo. La zona se notaba cada vez más húmeda. El camino continuaba en ascenso, con curvas estrechas que ascendían por tierras abruptas. Una cordillera sucedía a la otra, pasamos frente a varios ranchos ganaderos semiabandonados, casi llegamos a la cima de la mayor elevación en el lado oeste de la sierra, y en la lejanía apreciamos las tierras azulosas que cobijan enormes “ciudades acantilado” como El Embudo. Ahí avanzamos por caminos que a principios del pasado siglo XX transitó un tren para sacar madera.

Anidación de la cotorra serrana

Pocos kilómetros después de pasar el último rancho invadido por un extenso campo de mirasoles, llegamos hasta una ladera empinada cercana a la cima. Salimos del camino para seguir el curso de un arroyuelo, y a escasos 300 metros, escuchamos la algarabía de una decena de cotorras. Al detectar nuestra presencia, los adultos comenzaron a volar en semicírculos sobre los árboles donde estaban sus nidos. Había un manchón de árboles blancos y lisos, de hasta 40 metros de altura, que competían por la luz, se trataba de alamillos. El agua escurría entre musgos y helechos, cuando vimos a la planta más rara de la región, la venenosa cebadilla, una herbácea que sólo crece en ciénegas  y manantiales de alturas.

Así, por fin vimos posadas en tres árboles con ramas secas, varios pares de cotorras, al parecer eran polluelos que habían dejado el nido y se preparaban para empezar a practicar el vuelo. Estábamos a 2,700 msnm y continuamos en el vehículo casi medio kilómetro más arriba, hasta llegar a otro manchón de alamillos de mayor tamaño. En este punto hallamos decenas de aves gritando, varias cotorras adultas custodian a los pollos; algunos saltaban de rama en rama, y otros permanecían sujetos a la entrada del nido o mordiendo ramas y troncos. Lucían su distintivo plumaje y los rayos de sol que se filtraban, nos permitían apreciar el rojo intenso de su cresta y hombro, así como el verde intenso de su cuerpo. Para las cotorras, septiembre significa casi el final de la temporada de anidación, pronto deberán migrar hacia el sur, hasta los bosques de coníferas del cálido Michoacán.

Poco a poco nos alejamos de la zona de nidos, donde biólogos y conservacionistas han realizado estudios sobre su estatus poblacional, que en esta área tiene entre 50 y 60 nidos. Aquí se encuentra segura, porque ya no se extrae madera, no se realiza ninguna actividad productiva y casi no es visitada. Así tenemos la seguridad de que seguiremos escuchando por muchos años el eco de los gritos y chillidos de estas hermosas aves.

Recomendación

Esta área es ideal para los observadores de aves que llegan en busca del quetzal azul o trogón elegante.

Cómo llegar

Madera está a 276 km al oeste de la capital de Chihuahua, a una altitud de 2,110 msnm y rodeada por un manto boscoso.

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