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La intervención francesa en México: El Mariscal Bazaine.

Francisco Aquiles Bazaine, fue un hábil militar que sirvió en la Guerra de Argelia, en la Guerra de Crimea y en la Segunda Intervención Francesa en México.

19-07-2010, 2:03:07 PM
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Nació en 1811 en Versalles, Francia. A los 20 años de edad ya había iniciado la carrera de las armas y le tocó participar en combates en África, España Rusia e Italia; obtuvo la Cruz de la Legión de Honor por sus méritos en campaña. Llegó a México como comandante de la primera división del ejército invasor, bajo las órdenes del mariscal Forey y para julio de 1863 ya lo había sustituido como comandante en jefe; en 1864 recibe el título de mariscal. En 1865 rindió a Porfirio Díaz en Oaxaca.

Bazaine contrajo matrimonio en México con Josefa Peña y Azcárate. Evacua nuestro país en febrero de 1867 e invita a Maximiliano a abdicar a su corona de emperador mexicano y a regresar a Europa con él. Todavía en 1870 participa en la guerra francoprusiana. A la caída de Napoleón III, Bazaine es acusado de traición, degradado y condenado a muerte pena que se le conmuta por la de 20 años de prisión; logra huir y muere en Madrid en 1888.

A don Genaro García debemos el rescate del archivo de Bazaine, mismo que publicó en 1907 con el título de La interacción francesa en México. Según el archivo del mariscal Bazaine, dentro de su colección de Documentos inéditos o muy raros para la historia de México. En el archivo aparece una gran cantidad de cartas del mariscal, que en su conjunto forman una muy extensa obra. Cuando todavía Forey ostentaba el mando de las fuerzas invasoras en México, Bazaine le criticó que hubiera otorgado Cruces de oficial y de caballero de la Legión de Honor del ejército francés a militares mexicanos.

Por lo que se refiere a la posición de la Iglesia frente al gobierno, a Bazaine no le complacía y los curas mucho menos: “El Arzobispo de México (Labastida) ha llegado. Nos hemos puesto inmediatamente en relaciones; pero cuál no ha sido mi contrariedad cuando le oí exponer sus ideas para reconstituir el dominio del Clero”.

“El Gobierno provisional está dividido con motivo de la oposición sistemática que hace el Arzobispo a todas las medidas tomadas para calmar las pasiones políticas y llegar a la conciliación. He conducido al General Almonte en una vía más liberal, lo sostengo y llegaremos a apartar al Prelado, que se ha vuelto imposible.”

Hubo una curiosa desavenencia entre Bazaine y el arzobispo Labastida; todo se debió al disfrazado nacionalismo de un sacerdote mexicano y a la ligereza de ropas de una francesa: “En la parroquia de San José, el vicario, señor Pascual Robles, celebraba la santa misa. Una francesa, la señora de Rancy, casada con uno de los oficiales de nuestro Estado Mayor, que asistía piadosamente a las ceremonias del culto, vestida con el traje europeo que usa constantemente; fue obligada a salir de la iglesia, amenazada e insultada por el sacerdote que estaba en el altar, quien, olvidando la santidad de su carácter eclesiástico y perdiendo toda dignidad, se entregó a gesticulaciones y provocaciones incompatibles con el respeto del santo lugar y con el carácter sagrado de un ministro de Dios.

“El señor De Rancy fue a pedir explicaciones al señor cura de San José, quien desaprobó la conducta de su vicario, pero sostuvo en principio que la tenue y el traje de las mujeres en Europa, creaba en México un derecho de prohibición de entrada en las iglesias… He tenido que hacer venir a mi casa al vicario que habría sobrepasado de tal manera todos sus derechos y que se había olvidado hasta el punto de amenazar con el puño a una mujer honorable y digna de estima, y le he hecho comprender que en las circunstancias en que el sacerdote perdía su dignidad, la ley sabía alcanzar al hombre. Tengo la honra de suplicar a Vuestra Eminencia se sirva dar instrucciones a su diócesis para que no se reproduzcan tales escándalos y para que las mujeres francesas, lo mismo que las extranjeras que profesan la religión católica, puedan ser admitidas en las iglesias con la tenue y el traje que se usa en sus países.”

Ya se ve que el mariscal sabía ejercer su autoridad. Con respecto a la nacionalización de los bienes del Clero que llevó a efecto Benito Juárez y a la venta de los mismos, Bazaine expone algunos comentarios: “Las intrigas del Clero no son extrañas a estas dificultades, y una vez más hemos tenido conocimiento de una negativa de absolución a un moribundo adquirente de bienes nacionalizados.”

El propio Maximiliano -que había festejado solemnemente la Independencia de México el 16 de septiembre de 1864 en el pueblo de Dolores- también sufría los dimes y diretes sobre el tema de las ex-propiedades del Clero. Bazaine informaba: “En cuanto a la cuestión de los bienes nacionalizados, acaba de tomar una nueva faz, a consecuencia de la declaración que el Nuncio Apostólico ha hecho a S.M. el Emperador Maximiliano de que no estaba provisto de los poderes necesarios para arreglarla.

“Ante esta incalificable actitud, me ha hecho llamar el Emperador y no me ha ocultado que iba a tomar las medidas más francas para reconocer todo lo que se ha hecho por los gobiernos (juaristas) precedentes.

“S.M., por otra parte, ha reunido un número bastante considerable de documentos escandalosos y auténticos sobre la conducta privada, eclesiástica y política de los miembros del Clero mexicano. Tendrá en sus manos armas serias para contrabalancear, a los ojos del poder temporal, todos los argumentos que el Clero trate de poner en juego.”

Maximiliano sorprendió a los conservadores mexicanos que lo trajeron y al mismo mariscal Bazaine: “He tenido ya la ocasión de llamar la atención de S. E. sobre la tendencia peligrosa del Gobierno de S.M. el Emperador Maximiliano, rodearse de Consejeros pertenecientes al partido democrático.” En apoyo a la versión que ubica a Maximiliano como débil; y temeroso, Bazaine aporta un dato que también perfila el carácter de la emperatriz Carlota:

“Antes de dejar la cartera del Interior, el señor Cortés y Esparza hizo revocar por el Emperador el decreto promulgado por la Regencia, el 25 de febrero de 1864, relativo a la prohibición de los juegos de azar, de banca y de envite. Estos juegos tan perniciosos a la moralidad, van, pues, a ser puesta de nuevo en vigor en la feria de Tlalpan, que comenzar el 4 de junio próximo.

“Me limito a indicar este hecho a S. E. el ministro de guerra francés que juzgará, probablemente como yo, que el Gobierno no hubiera podido encontrar fácilmente un medio más moral y más útil para halagar las pasiones del pueblo mexicano dirigiéndose a otros sentimientos. También he comunicado mis impresiones a este respecto a S.M. la Emperatriz.”

¿Por qué a ella? Bazaine bien sabía la influencia decisiva de la desventurada mujer.

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