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La literatura barroca en la Nueva España

La época de la Colonia motivó el que escritores españoles se interesaran por la Nueva España. Descubre más en torno a la literatura de esta época...

23-06-2010, 4:59:56 PM
La literatura barroca en la Nueva España
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Mientras avanzaba la Colonia, más específicamente el periodo barroco, las dos Españas, la Vieja y la Nueva tendieron a parecerse más entre sí, pero hubo entre ellas grandes contrastes. Muchos escritores españoles quisieron venir a las nuevas tierras: el mismo Cervantes solicitó en vano diversos puestos en los reinos de ultramar, el altísimo místico San Juan de la Cruz estaba ya preparando su salida cuando la muerte le cerró el camino, y otros literatos, como Juan de la Cueva, Tirso de Molina y el ingenioso Eugenio de Salazar pasaron algunos años en las nuevas tierras.

A veces algún artista sumaba su presencia permanente a la influencia que sus obras ejercían en la cultura barroca del Nuevo Mundo, sin embargo la expresión literaria novohispana tiene insuperables exponentes en Carlos de Sigüenza y Góngora, Sor Juana Inés de la Cruz, Bernardo de Balbuena, Juan Ruiz de Alarcón, Francisco Bramón, Miguel de Guevara -michoacano al que se le atribuye el famoso soneto “no me mueve mi Dios para quererte”, que no es ni de San Juan de la Cruz, ni de Santa Teresa- y hasta fray Juan de Torquemada.

Hablando del barroco literario podemos hacer algunas consideraciones:El rasgo quizá más acusado del barroco literario es, quizá, el contraste. Este claroscuro, que en las obras se manifiesta como paradoja, contradicción y utilización de tesis y antítesis, es casi un síntoma inequívoco de la utilización barroca de la lengua: pensemos, por ejemplo en el soneto de Sor Juana Inés de la Cruz: “al que ingrato me deja busco amante, / al que amante me sigue dejo ingrata/constante adoro a quien mi amor maltrata; / maltrato a quien mi amor busca constante”, en él, tanto el tema como las palabras usadas son demostración absoluta de el uno y su contrario.El escritor no pretende la originalidad, concepto que ni en el Renacimiento ni el barroco importan como hoy, sino por el contrario, la noción demímesisoimitatio, que en claro español es “parecerse, imitar los modos o los gestos”, era muchas veces lo que otorgaba al escritor su buena factura y reputación. Esto garantizaba la erudición y el prestigio del que escribía una obra. En general, el cronista manifiesta sus fuentes y destaca a los autores que influyen en él.Suelen establecer la analogía, para insertar lo propio dentro de un contexto universal. Por ejemplo, Sor Juana sigue los lineamientos convencionales del código analógico barroco tradicional: cuando se trata de homenajear a alguien, por ejemplo en el caso delNeptuno Alegórico,lo equipara a una deidad clásica.La lírica, era el género más popular de la época, y entre ella, el soneto tiene un lugar especial. También se cultivaron otros géneros, por supuesto: la crónica y el teatro, la disertación y las letras sagradas y otras obras de arte menor.Los poetas barrocos, con sus argucias, utilizan lo paradójico, lo antitético, lo contradictorio, lo exagerado, lo mitológico, el impacto literario, los efectos tremendistas, las descripciones sorpresivas, la exageración. También hacen juegos y caprichos literarios como anagramas, emblemas, laberintos y símbolos. El gusto por la exageración lleva al artificio o, barrocamente diríamos, viceversa.Los temas pueden variar pero en general hablan de los contrastes entre sentimiento y razón, sabiduría e ignorancia, cielo e infierno, pasión y calma, temporalidad, la vanidad de la vida, lo asparente y lo verdadero, lo divino en todas sus formas, lo mitológico, lo histórico, lo erudito, lo moral, lo filosófico, lo satírico. Hay un énfasis culterano y un pronunciado gusto por la retórica.

El darse cuenta de que el mundo es una representación, una mascarada, es uno de los triunfos del barroco dentro y fuera de la literatura.

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