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La vida de un alfarero mixteco

Ya estoy viejo, mis hijos ya tienen once y trece años, edad suficiente para que aprendan todo sobre el oficio del alfarero…

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Mis hijas me ayudan, pero tienen que aprender con su madre las tareas de la casa porque ya pronto estarán en edad de casarse y deberán atender a sus esposos y sus casas. A mis hijos ya les he enseñado a preparar el barro para hacer los trastes que usamos en la vida cotidiana, como las ollas en las que se prepara la comida, los cajetes en los que se sirven los alimentos y los comales para las tortillas; con estos objetos realizamos el trueque en el tianguis, para de esa forma obtener los productos que se traen de otras regiones, por ejemplo el chapopote del Papaloapan.

Ahora que los familiares del principal del pueblo vinieron a pedir que se hagan los trastes para las ceremonias que se realizarán para ofrendar su muerte, tendré la oportunidad de enseñarles todos los secretos para fabricar las vasijas en las que se quema el copal para sahumar el cuerpo de los difuntos; los objetos más importantes son los cajetes, las ollas, los platos y los vasos en los que se sirve la comida que se deposita en las tumbas y que se llevará el muerto en su camino al mundo del Mictlan.

Mañana saldremos antes de que amanezca para buscar los materiales necesarios, como las arcillas y los colorantes.

Miren, hijos, debemos buscar la arcilla más adecuada, ya que después la mezclaremos con otros materiales, como arena y desechos de los talleres de obsidiana y de mica, bien molida para que las arcillas sean más fáciles de modelar, lo que nos permitirá hacer vasijas de paredes delgadas, piezas de buena calidad, resistentes y duraderas.

Para pulir las piezas se emplean ágatas que se consiguen en la región de las montañas, y que dejan la superficie de la vasija completamente lisa, a diferencia de cuando se utiliza el olote de la mazorca de maíz.

La pintura para decorar las vasijas la sacaremos de algunas piedras, como la malaquita, que una vez triturada produce colorantes verdes; otras piedras presentan una capa de color ocre o amarillo, eso es porque contienen hierro; de la piedra de cal podemos obtener el color blanco y del carbón o del chapopote el color negro.

De algunas plantas, como el musgo y el añil, también podemos obtener algunos tintes para nuestras vasijas; incluso de animales como la cochinilla se puede obtener colorantes.

Los pinceles para pintar los objetos se hacen con plumas de aves o con pelos de animales como el conejo y el venado.

Miren, hijos, esto es importante que lo sepan, porque con estas pinturas se decoran las vasijas que los sacerdotes de los templos utilizan en las bodas y en los entierros de los personajes de alto linaje, y es importante que estén bien elaboradas, porque a los dioses se les ofrenda lo mejor.

Los objetos que nosotros fabricamos se usan en todos los momentos importantes de nuestra vida, pero los que se decoran con representaciones de los dioses son los que se deben hacer con mayor esmero.

Las figuras que se colocan en las vasijas tienen un significado y ustedes deben aprenderlo, porque así como ahora yo estoy encargado de hacer estos objetos, algún día ustedes serán los responsables de seguir este oficio y heredárselo a sus hijos. Mi padre fue alfarero, y yo soy alfarero porque mi padre me enseñó, ustedes también tendrán que serlo y enseñárselo a sus hijos.

Las figuras que yo hago en estas vasijas son las que usan los orfebres, las tejedoras, los que tallan la piedra y la madera; son representaciones de flores, de aves y de todos los animales que existen en el aire, el agua y la tierra, o de las actividades que realizamos los hombres, y se copian del medio que nos rodea.

Todo esto tiene un significado y así nos lo ha enseñado la gente que tiene la sabiduría y el conocimiento de la tierra, los abuelos, los sacerdotes y los tlacuilos, porque es la forma en que se representan nuestros dioses, y de esta manera se pueden transmitir a los jóvenes alfareros y a otros artistas, como ahora yo lo estoy haciendo con ustedes.

Cuando mi papá me enseñó el trabajo de la alfarería, en nuestro pueblo había unas cuantas casas y yo ayudaba a mi abuelo no sólo a fabricar los objetos de alfarería, sino que una parte del día la dedicábamos a las actividades del campo, como preparar la tierra para la siembra y cuidar los cultivos, y aprovechábamos para buscar los lugares donde había buen barro o para juntar la leña con que se cocían las piezas.

Por esos días, todos los objetos que producíamos los llevábamos a los mercados de Huajuapan o Tututepec para intercambiar por otros productos. Ahora ya nos podemos dedicar la mayor parte del día a la producción de la cerámica, porque el pueblo en el que vivimos ha crecido y todo lo que hacemos nos lo piden aquí.

Existen diferentes técnicas en el modelado del barro y depende de la pieza que quieran hacer; por ejemplo, para hacer una olla se hacen tiras de barro que luego se van pegando en espiral, y uniendo ligeramente con los dedos, formando así el cuerpo de la olla. Una vez que tenemos la forma completa se alisa la superficie de la vasija con un olote para borrar las líneas de las uniones.

Cuando mi abuelo le enseñó a mi papá a preparar y a cocer la cerámica lo hacían al aire libre; primero se limpiaba un lugar abierto donde no hubiera ninguna otra cosa que se pudiera quemar, se acomodaban con mucho cuidado un objeto sobre otro y se ponían pequeños pedazos de barro entre una vasija y otra para evitar que se pegaran durante el cocimiento; después se rodeaba toda la pila de leños y se le prendía fuego, pero de esta manera muchas piezas se echaban a perder porque no se cocían de manera pareja, a algunas les tocaba más fuego y se quemaban, y otras no alcanzaban a cocerse y quedaban crudas y se rompían.

Sin embargo, ahora se colocan las piezas en un horno que se excava en la tierra y se le deja una pequeña ventilación en la parte inferior, por donde entra el aire para que se queme la leña, mientras que la parte de arriba se tapa con pedazos de las piezas rotas para evitar que se salga el calor y la temperatura sea igual en todo el horno; con esta técnica ya no se desperdicia tanto material. Cuando aprendan bien a modelar y a cocer, los enseñaré a pulir y a pintar.

Fuente: Pasajes de la Historia No. 7 Ocho Venado, el conquistador de la Mixteca /diciembre 2002

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