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Las Labradas en Barras de Piaxtla (Sinaloa)

En el municipio de San Ignacio, al sur del estado de Sinaloa, en un pequeño puerto llamado Barras de Piaxtla se encuentra en la playa un magnífico conjunto de petroglifos: Las Labradas.

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Los petroglifos o petrograbados son las voces de antiguos testimonios, de cientos de años de tradiciones mitológicas, elaborados en piedra por los antiguos nativos del continente americano; hermosas expresiones abstractas y simbólicas para los nuevos habitantes del continente.  Texto: Nicolás Triedo  En el municipio de San Ignacio, al sur del estado de Sinaloa, en un pequeño puerto llamado Barras de Piaxtla se encuentra en la playa un magnífico conjunto de petroglifos: Las Labradas. Los petroglifos o petrograbados son las voces de antiguos testimonios, de cientos de años de tradiciones mitológicas, elaborados en piedra por los antiguos nativos del continente americano; hermosas expresiones abstractas y simbólicas para los nuevos habitantes del continente. Hay cientos de lugares con petroglifos en el norte de México y en el sur de Estados Unidos, en ellos cada grupo cultural desarrolló sus formas y dinámicas estéticas propias.

Para nosotros estos primitivos mensajes ancestrales son difíciles de entender, mas la contemplación de sitios sagrados como Las Labradas, nos hace tomar conciencia del concepto de armonía y belleza de nuestros antepasados. Los petroglifos están asociados con lo sobrenatural, eran una importante forma de comunicación con los dioses, y se realizaban en el contexto específico de rituales y ceremonias, generalmente para pedir la llegada de la lluvia, una buena cosecha, o una abundante cacería, etcétera. Estas imágenes sobre piedra dieron substancia a las visiones, creencias, cosmogonías y dioses, además de transmitir valores culturales, historias e ideas abstractas de una generación a otra. Se puede afirmar que los petroglifos son una recopilación visual de antiguas sociedades, con imágenes de lo real o de lo sagrado, con símbolos y formas universales. Hoy su mayor importancia radica en que son un testimonio más, para desentrañar el misterio de la cosmogonía y el sistema de creencias de estos antiguos pobladores. Las Labradas, de origen tolteca, son vestigios que constituyen las expresiones artísticas más antiguas del norte del país. Fueron talladas con piedras sólidas y punzantes, y sorprende el buen estado en que se conserva la mayoría de estos petroglifos a pesar e encontrarse a la orilla del mar.

Los toltecas –remotos pobladores de esta región del país– realizaban largos viajes en busca de presas para la cacería siempre comandados por el líder religioso, quien era el guardián de la tradición, el artista, el que mantenía el equilibrio social, tallaba en la roca lo que veía en sus sueños y visiones, que en muchos casos eran reducidos con el uso de plantas alucinógenas. En el municipio de San Ignacio existen otras zonas con rocas talladas aunque de menor importancia como: El Cuichi, Acatitlán, Cerro Prieto, La Mesa de Cacaxtla, entre otros. Los historiadores coinciden en que estos petroglifos y los de Piaxtla fueron realizados hace alrededor de mil a mil quinientos años. Los toltecas con el tiempo se fueron mezclando con otros pueblos y a la llegada de los españoles en el siglo XVI existía en “Ajoya”, pequeña población cercana a Barras de Piaxtla, una confederación indígena conformada por tepehuanes, tarahumaras y xiximes. Estos tuvieron como último gran jefe a Feliciano Roque, a quien se le atribuyen importantes proezas como el de haber combatido y derrotado a los franceses en el siglo pasado. 

Otros asentamientos indígenas importantes de la época estaban ubicados en lo que hoy son: Santa Apolonia, San Juan, El Lodazal, Piaxtla de Abajo, etcétera. En estos puntos se han encontrado vasijas, utensilios, metates y monolitos. Y un ejemplo muy importante de estos últimos fue hallado hace algunos años en Cogota, poblado de Acatitlán. Los españoles llegaron a esta región atraídos por los rumores de grandes yacimientos de oro y plata. Y ya en la segunda mitad del siglo XVI, en San Ignacio, la actividad minera había cobrado enorme importancia. En ese entonces existían ya minas como La Contraestaca, Los Frailes, Jocuixtica y otras que hasta la fecha siguen activas. En nuestros días la producción es mínima y sólo una pequeña parte de la comunidad se dedica a esta actividad. La orden religiosa que llegó en aquella época junto con los primeros conquistadores fueron los franciscanos, pero su labor evangelizadora duró sólo algunos años, pues su presencia fue sustituida por la de los jesuitas. Los cronistas coinciden en que la fecha de la fundación de San Ignacio fue de 1582.

Su fundador, el capitán Diego de González, llegó acompañado por los jesuitas Gonzalo de Tapia y Martín Pérez, quienes construyeron la primera capilla (Capilla Fuerte con 300 varas por cada lado), erigida donde actualmente está el Templo de San Ignacio de Loyola. La nave central de dicho templo se construyó en 1615, y no fue hasta 1937 que se terminó de construir su torre. En la costa, Barras de Piaxtla era utilizado como puerto de salida por los mineros de la región. Existen documentos que datan de 1823, y atestiguan el envío de la producción de minerales a España, además de pieles de ganado vacuno y palo tintóreo de Brasil. Uno de los mineros más prominentes en esta época fue don Francisco Iriarte y Conde, responsable de la división de Sonora y Sinaloa cuando todavía formaban parte del estado de occidente. Este rico minero de Cosalá llegó a ser también vicegobernador de dicho estado en 1831.

Existe todavía hoy la leyenda de que en este puerto se encuentra un enorme tesoro de piratas enterrados; según los lugareños son muchos los mexicanos y extranjeros que han venido aquí atraídos por este mito. A escasos kilómetros de Piaxtla se encuentra una estación de tren abandonada: estación Dimas, fundada en 1904 durante la construcción del ferrocarril Sur-Pacífico. A un lado de ésta corre el río Piaxtla, en cuyo margen todavía se pueden ver algunas ruinas de lo que fue un asentamiento llamado La Posta de Los Osuna: propiedad de pudientes mineros hacendados. Aquí llegaban las diligencias antes de la construcción del ferrocarril, y en ellas se transportaban, además de la producción minera, los víveres y materiales más indispensables. En El Tambor, pequeña comunidad del municipio, en 1930, se descubrió un placer aurífero cuya explotación duró alrededor de 15 años y enriqueció a centenares de personas.

Cuentan los ancianos del lugar que de un morral de ixtle lleno de tierra salía un kilo de oro, y que debido a la riqueza y a la actividad comercial el pueblo llegó a tener entonces más de 9 mil habitantes. En Barras de Piaxtla donde además de su pintoresco puerto se puede encontrar todo el producto del mar que se quiera y saborear excelente pescado “sarandeado” con don Polo-, también se puede disfrutar de espléndidas playas de arena fina y de espectaculares acantilados desde donde se ve un hermoso arco natural conocido como Punta Piaxtla o Punta Negra. Aquí los albatros son las aves predominantes; por las tardes miles de ellas reposan plácidamente a orilla de los despeñaderos.  Desde ese punto también se divisan a lo lejos El Cerro del Hueso, La Sierra de Ajoya, Contraestaca y La Sierra de los Frailes donde los sinaloenses practican el alpinismo.

Por su historia, sus nostálgicos lugares, sus bellas playas, su acantilados y sus petroglifos, Barras de Piaxtla es un lugar ideal para los amantes del turismo ecológico o simplemente para aquellos que buscan tranquilidad y descanso. Es importante mencionar que los habitantes del puerto aseguran que a últimas fechas el saqueo de las piedras grabadas se ha hecho evidente. Para proteger estos vestigios, patrimonio de todos los sinaloenses, de la depredación inconsciente o lucrativa es necesario hacer un verdadero esfuerzo, tanto por parte de las autoridades como de los habitantes del lugar. Este artículo tiene también el objetivo de hacer un llamado de atención para evitar el vandalismo o incluso la destrucción completa de estos testimonios en nombre del desarrollo industrial y económico. 

SI USTED VA A LAS LABRADAS

Se toma la carretera núm. 211 que va de Mazatlán a Culiacán, y aproximadamente en el km. 75, antes de llegar a Estación Dimas, se encuentra la desviación a Barras de Piaxtla. Este es un camino de terracería en buen estado. Para llegar a San Ignacio, hay que llegar a Estación Dimas y de allí hay una carretera que va a Coyotitán. De este poblado sale la carretera que llega a San Ignacio, y de Piaxtla a San Ignacio hay una distancia de aproximadamente 50 km. En Barras de Piaxtla no existe ninguna infraestructura hotelera, y sólo en San Ignacio se pueden encontrar un par de pequeños hoteles de buena calidad.

Fuente: México desconocido No. 263 / enero 1999

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