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Los tintineros, una tradición que se niega a morir

No hace mucho, los tintineros llevaban a vender sus productos en botes de lámina metálica. Actualmente, al ser de plástico, el alegre sonido del tin tin con que se anunciaban se ha ido apagando.

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Los tintineros son comerciantes que han resistido los embates de la era moderna, por lo que aún pueden ser vistos vendiendo su repostería. Su nombre proviene del sonido que provocan un triángulo y una barra de metal que ellos llaman Campanera, la cual hacen sonar con un característico tin, tin, tin… para ofrecer su producto. Sin embargo, las golosinas chatarra que han sacado a la venta las grandes transnacionales han arrinconado a estos pregoneros que luchan a brazo partido por no desaparecer 

UN RARO ESPÉCIMEN A LA CAZA    

Cuando decidimos investigar sobre los tintineros para darlos a conocer en México Desconocido, preguntando aquí y allá logramos llegar a una humilde casa en la ciudad de Xalapa, Veracruz, en la colonia Coapexpan, y allí supimos que además de competir con los productos chatarra, estos sufridos artesanos tienen que cuidarse de algunos “malos inspectores”, y para protegerse de ellos han formado una especie de código con el que tenían los antiguos cristianos en la época de las catacumbas.  En la plática sostenida con el señor Tomás, dueño de la casa, logramos obtener la siguiente información.  “No tengo mucho tiempo en este trabajo, lo empecé hace aproximadamente cuatro años.

Un día que andaba sin chamba, un amigo me dijo: Tengo unas planchas para hacer abanicos, tubos y conos, si aprendes a elaborarlos te las regalo. Eran de mi abuela que se dedicaba a eso y están arrumbadas. Pronto aprendí, él cumplió con su palabra y desde ese día aquí me tienen.”  -Señor Tomás ¿cómo se preparan los productos que pregonan los tintineros?  “Mire, inicialmente sólo se hacían de harina, azúcar y agua, pero yo les he agregado algo de lecha, vainilla y mantequilla, aunque en realidad cada proveedor le pone su toque personal al trabajo”  Con gran entusiasmo, el señor Tomás nos comentó que antiguamente para cocer la repostería se utilizaba la leña, mas adelante el petróleo y ahora ase usa el gas, pero él ha inventado una estructura especial con quemadores que le ahorra tiempo y dinero, y que nuevamente pone de relieve el ingenio del mexicano. 

Continuamos platicando con don Tomás y nos dijo que los botes donde llevan los tinteros a vender sus productos han cambiado también, ya que antes eran de lámina metálica y actualmente la mayoría son de plástico. Respecto a los triángulos con que anuncian su producto, nos dijo que para que tengan buen sonido deben ser fabricados con resortes de tren, sinfines de carros antiguos o muelles, aunque los hay de “fierro dulce” pero no suenan como debe ser. Nos hizo saber también que la mejor época para la venta de su producto es a mediados de otoño y todo el invierno, y nos explicó que para realizar 100 tubos o abanicos se lleva aproximadamente dos horas y acaba muy adolorido de los riñones, pues las planchas son muy pesadas y, por ende, el esfuerzo es agotador.    

Debido a esto, don Tomás pensó seriamente en mecanizar todo el proceso, pero al comentarlo con algunos compañeros de trabajo éstos le hicieron ver que el producto saldría por cientos pero su exquisito sabor se perdería un poco. Por ello decidió continuar elaborándolos caseramente, aunque no ha descartado la idea de comprarse una máquina en el futuro.  En la actualidad son muy pocas las personas que se dedican a elaborar este tipo de repostería en la ciudad de Xalapa, la cual es repartida en Coatepec, Xico, Banderilla, Teocelo y otros poblados cercanos. Además, nos dijo don Tomás que una persona mayor de edad, les ha pasado la receta y cariñosamente le llaman el Tata de los tintineros. 

LA ELABORACIÓN DEL SABROSO TIN TIN    

En la siguiente visita realizada a la casa del señor Tomás, pudimos observar la elaboración de los tintines así como las planchas con las cuales realiza su trabajo. Amablemente, la esposa preparó delante de nosotros la mezcla. Para ello ocupó harina, azúcar, mantequilla, maicena de sabor vainilla y lecha; mientras realizaba su actividad nos iba contando sus éxitos y sus fracasos en el desarrollo de este producto. Hizo hincapié en que no todos los tintineros ponen los mismos ingredientes y la misma cantidad ya que esto depende de la honradez de cada productor.  Nos indicó que la mezcla debe licuarse previamente para que no le queden grumos, y que antaño para evitarlos se revolvía primero con una cuchara y luego se pasaba por un lienzo.  Cuando la mezcla estuvo lista, nos trasladamos al cuarto que sirve como lugar para realizar los tintines.

El señor Tomás nos indicó que deben ponerse a calentar las planchas, y que él es capaz de trabajar hasta con tres al mismo tiempo. Pudimos observar como una vez estando éstas calientes les untaba aceite, les colocaba la mezcla, las cerraba y luego con un movimiento rápido y bien calculado les daba la vuelta. Nosotros tratamos de hacer lo mismo pero nos fue imposible ya que se requiere maña y fuerza a la vez. Inmediatamente después de esta operación, el señor Tomás procedió a separar las planchas, despegó la masa que se extendía en la parte interna de la plancha superior y le realizó un pequeño doblez en uno de los extremos; posteriormente volvió a juntarlas para después de un momento abrirlas nuevamente.

Tomó entonces un tubo de cobre y lo coloco en medio; con las manos pasó una parte de la masa e inmediatamente la enrolló, retiró el tubo y con un movimiento rápido lo extrajo. Este proceso lo repitió muchísimas veces.  Mientras trabajaba nos hizo saber que de un dilo de harina obtiene aproximadamente de 120 a 180 tintines y tal número depende de lo espeso que se haya hecho la mezcla, así como de la cantidad que se ponga en las planchas. También nos aclaró que para que no se peque en las planchas, la mezcla debe llevar poca azúcar pues con una mínima cantidad que se llegue a pasar de ésta los tintines no logran llegar a término. Cuando finalizó su trabajo, pudimos probar los tintines los cuales dejan en el paladar el deseo de seguirlos saboreando.    

Cabe hacer notar que la repostería de los tintineros es altamente ecológica ya que los tintineros pueden usarse como recipiente en vez de los productos de plástico desechable. Sin embargo, en esta región de Veracruz y en muchos otros lugares de nuestra República, las neverías menos precian el cono de harina, agua y azúcar y le dan preferencia al vaso de plástico que es altamente contaminante.  Creemos que es necesario volver los ojos hacia algunos aspectos de nuestro pasado, y copiar aquellos que estén más acorde con la naturaleza. Los tintineros nos dan una muestra de los que es posible hacer: adaptarnos sin destruir la esencia inventar para superar las dificultades que se presenten pero respetando siempre el equilibrio ecológico.  El tintinero viene siendo un misántropo de nuestros tempos, un hombre que al desdeñar la indiferencia del mundo moderno ha permitido que los abanicos, tubos y barquillos hayan llegado y permanecido en el siglo XX y no dudamos que continúen en el XXI. 

Fuente:  México desconocido No. 208 / junio 1994 

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