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Pomoná, ciudad del Clásico maya en Tabasco

En 1986 el arqueólogo Roberto García Moll inició los trabajos de exploración del conjunto I en el sitio arqueológico de Pomoná, los cuales arrojaron información relevante para adentrarnos en la historia de esta ciudad del clásico maya.

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Uno de los enclaves culturales más extraordinarios del mundo prehispánico fue el de los mayas, que abarcó un amplio territorio cercano a los 300 mil km2, donde hoy se encuentran los actuales estados de Yucatán, Quintana Roo y Campeche, parte de Tabasco y de Chiapas, así como Belice y una porción importante de Guatemala y el norte de Honduras, en Centroamérica. Como consecuencia de la combinación de numerosos factores geográficos -geología, clima, altitud, distancia del mar y amplitud de la red hidrológica-, este territorio posee una compleja biodiversidad que se refleja tanto en la fauna como en la flora.

El pueblo maya supo adaptar y aprovechar de manera óptima esta variedad de entornos para su desarrollo, y ha mantenido los principales elementos que le confieren una sorprendente unidad cultural.  Durante 650 años, comprendidos entre el 250 al 900 d.C. y tras una amplia etapa de gestación, los mayas alcanzaron su máximo esplendor en el llamado periodo Clásico, dividido en dos segmentos: Clásico Temprano (250 a 600 d.C.) y Tardío (600 a 900 d.C.). 

Los límites de la zona maya durante esta época eran; al norte, el Golfo de México; al este, el Mar Caribe; y al sur y suroeste la frontera estaba dada por una línea imaginaria que corre desde Comalcalco, Tabasco, hasta Copán, Honduras, pasando por Palenque, Toniná y Chinkultik en Chiapas. En esta área se realizaron inscripciones jeroglíficas en estelas, dinteles, escalones, altares y tableros, con el sistema propio de los mayas; son representaciones de personajes que reflejan un claro estilo estético de las clase dominante en relación con distintos eventos: nacimiento, matrimonio, alianza, guerra, conquista, ascensión al poder y muerte, entre otros, todo lo anterior asociado a un preciso cómputo del tiempo.

Usualmente los individuos presentan el perfil, donde se destaca la cabeza deformada, el rostro de facciones suaves y nariz aguileña o recta muy pronunciada, en tanto que el cuerpo aparece también de perfil o de frente. Por ellas conocemos que poseían una clara conciencia histórica, donde el hombre era el protagonista central junto a un amplio conjunto de deidades, así como avanzados conocimientos de la bóveda celeste y, en consecuencia, del tiempo y del manejo de su espacio cotidiano.  Fueron los mayas del Clásico los creadores de una arquitectura peculiar, donde el elemento más notable –y único en Mesoamérica- fue el uso de la bóveda o arco falso, llamado así porque no está basado en el mismo principio que el arco conocido por los europeos.

Su vida cotidiana estuvo muy relacionada con el conocimiento que tenían sobre el cosmos; de ahí su mitología, deidades, ceremonias, acontecimientos y ciclos agrícolas. Materias primas o productos elaborados fueron objeto de una amplia distribución, a través de una compleja y sofisticada red de comercio e intercambio que se extendió incluso fuera de los límites del territorio antes señalado. El mundo del Clásico maya entra en una profunda crisis hacia los años 800 a 900 d.C., tanto en lo político como en lo social y económico; se operan rápidas transformaciones. Cesan las inscripciones jeroglíficas, el comercio y las grandes ciudades son abandonadas. Las razones del llamado “colapso” pudieron ser variadas o bien una suma de factores naturales y sociales.   

POMONÁ, UN SITIO DEL CLASICO   

Dentro de este panorama general es donde podemos ubicar a Pomoná, antigua ciudad maya. En sus inicios fue una pequeña aldea agrícola, pocos kilómetros al oeste del gran río Usumacinta, lugar por donde éste ingresa a la planicie costera del Golfo de México; ahí el río se vuelve sereno y traza suaves meandros hasta llegar al mar. Como entidad política floreció entre los años 600 a 800 d.C. Hoy se ubica en el municipio de Tenosique, en el estado de Tabasco. La importancia de este sitio arqueológico radica en la riqueza de las inscripciones jeroglíficas encontradas, que nos brindan no sólo una cronología de su desarrollo sino también información sobre sus gobernantes y sobre sus relaciones con otras ciudades de aquella época, como Palenque o Piedras Negras, relaciones que, por cierto, no siempre fueron pacíficas.   

SU ARQUITECTURA   

El núcleo de arquitectura monumental se estableció sobre una serie de lomas de grava de origen fluvial. Se encuentra formado por seis conjuntos arquitectónicos importantes; junto con las áreas habitacionales abarca cerca de 175 hectáreas. La zona donde se desarrolló y participó Pomoná fue denominada “provincia del Usumacinta”: en ella existen varios sitios importantes en cuyas inscripciones se ha identificado el glifo emblema que les da nombre: Palenque, Toniná, Piedras Negras, Yaxchil´na, Bonampak, Lacanhá y, desde luego, Pomoná. Cada uno de éstos conformó una entidad política, con gobierno propio, territorio y población. Este es el esquema identificado para el Clásico Tardío (600 a 900 d.C.) en el área mayense. En el transcurso de su historia política y militar, Pomoná, según se narra en los textos jeroglíficos, dependía principalmente de Palenque.

Al iniciar una guerra contra Piedras Negras, fue derrotada. Esta ciudad, lo mismo que Panjalé o Chinikihá (estos dos últimos sitios entre varios más están aún por explorar), estaba situada en el inicio del bajo Usumacinta, y evidentemente desempeñó un papel importante en términos políticos y económicos, ya que servía como puerta de entrada al alto Usumacinta, y por consiguiente, a una importante porción del Petén, punto de acceso de los productos hacia la llanura costera. En Pomoná existían considerables recursos agrícolas, debido a encontrarse en una región de aluviones. Los mayas desarrollaron una singular tecnología para lograr mejores cosechas en diferentes circunstancias, como terrazas, campos levantados y otras prácticas que les permitieron alcanzar buenos resultados en territorios difíciles.   

LA EXPLORACIÓN   

De los seis conjuntos arquitectónicos que conforman el sitio, en la actualidad sólo uno ha sido explorado y consolidado. Se trata del situado en el extremo norte, conformado por trece edificios que se distribuyen en tres lados de una plaza rectangular. Está limitado por un gran basamento piramidal de planta cuadrangular, con siete cuerpos escalonados, de muros verticales. Su fachada principal está orientada al sur, desde donde se desplanta la escalinata limitada por alfardas. Al pie y al frente de ésta se encuentra un altar circular, montado sobre cuatro soportes que lo separan del piso.

En el centro de la plaza se sitúa un altar bajo, cuyas características más relevantes son la de poseer un primer cuerpo en forma de talud y un segundo formado por un tablero; tanto en su sección inferior como superior existen amplias molduras. Otro de los elementos notables de este edificio –y poco frecuente en esta región- es tener cuatro escalinatas con alfardas una por fachada. El extremo oeste de la plaza está delimitado por cinco grandes edificios, orientados al este. Cada uno está compuesto por un basamento con escalinatas y en la sección superior un templo cubierto por una bóveda.   

EL EDIFICIO 4   

De este conjunto, sin duda el edificio 4 es el más complejo de Pomoná; al frente posee escalinatas con alfardas que conducen a la parte superior del basamento escalonado. Ahí se sostiene el templo también con escalinatas y alfardas, y en estas últimas hay cuatro lápidas monumentales donde se representa al Kin, el Sol. En la sección superior se encontraron los arranques de los muros que formaban el templo, compuesto de dos crujías y tres vanos de acceso cubierto por el sistema de bóveda maya o arco falso. En su interior se localizaron los tableros escultóricos que representan a personajes ricamente ataviados, con inscripciones jeroglíficas.

En el otro extremo de la plaza, por el lado este, son plataformas bajas las que limitan el espacio. Entre ellas sobresale un pequeño basamento que representa características peculiares, formado por tres cuerpos cuyas esquinas son remetidas, con tres aristas en lugar de una. Este tipo de construcción se asocia con épocas tempranas de la arquitectura maya. El extremo sur de la plaza está cubierto, pero con escalinatas de acceso, como si todo el conjunto estableciera relación con otros más lejanos que se ubican en esta misma dirección dentro del Pomoná.   

EL MUSEO  

En el presente este sitio cuenta con un pequeño museo, donde se muestran, además de los objetos recuperados durante las exploraciones, una colección de piezas que brinda al visitante un panorama general de los hallazgos arqueológicos realizados en esa región.   

NOTICIAS ACERCA DE POMONÁ   

En 1898 Teobert Maler, fotógrafo austriaco, relata que tomó como punto de partida de su expedición por el área maya la población de Tenosique, cruzó después el Usumacinta y acampó en el caserío de Pomoná para dirigirse, finalmente a Chinikihá, Xupá y Palenque. En su trabajo sólo registra a Pomoná en el mapa general. Un año antes (1897), el geógrafo Karl Sapper había publicado un mapa del área maya, donde daba cuenta de Pomoná; pero al igual que Maler, Sapper no ofrece mayor información sobre el sitio. Lo mismo ocurre posteriormente con Oline Rickeston y Franz Blom, quienes sólo lo mencionan en su índice sobre las zonas arqueológicas del área maya.

Fue en los años sesenta del presente siglo cuando Pomoná apareció en la bibliografía arqueológica gracias a los trabajos de Henrich Berlin (1960) y César Lizardi Ramos (1963). En esa misma época el sitio sufrió el embate del saqueo; un número indeterminado de monumentos escultóricos que se encontraban en la superficie desaparecieron. No obstante, hoy se han identificado dos fragmentos de extraordinaria factura: uno de ellos forma parte de las colecciones del Houston Museun of Fine Arts en Texas, Estados Unidos; y el otro de las que integran el Reitberg Moseum en Zurich, Suiza.   

Además de otras aportaciones importantes de Berlin para ayudar al conocimiento del sitio, resulta interesante mencionar que fue él quien identificó en las inscripciones el glifo emblema de Pomoná. Los trabajos de César Lizardi Ramos alcanzan mayor precisión en cuanto a la descripción de los monumentos escultóricos, e incluso hace una breve reseña de la distribución de los principales edificios. Detalla 34 fragmentos con restos de inscripciones y motivos decorativos, así como una estela, seis lápidas, tres tableros, entre otros, localizados en 1960. En 1982 se llevó a cabo la delimitación de Pomoná. Los trabajos de exploración y consolidación tuvieron lugar entre 1986 y 1988 con el apoyo del gobierno del estado, el municipio de Tenosique y el INAH. Fue así como se exploró el Conjunto I de Pomoná y fue abierto al público el museo de sitio, en el cual se exhiben las piezas que se encontraban en Tenosique desde 1963, descubiertas en la última exploración, además de la importante colección privada reunida por José María Silva, integrada por valiosos objetos procedentes de la región circunvecina al municipio de Tenosique.   

SI VAS A POMONÁ   

El sitio arqueológico se encuentra en el extremo oeste del municipio de Tenosique, en el estado de Tabasco. Desde Villahermosa, por la carretera 186 a Escárcega, a los 136 kilómetros se toma la carretera 203 e Emiliano Zapata y Tenosique. Aproximadamente a 45 km se encuentra la desviación al sitio de Pomoná, al cual se llega después de 4 km de terracería.

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