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Punta Chueca, un refugio seri en Sonora

Un calor agobiante adormece los sentidos y mantiene sudorosa la piel. Al paso del vehículo, la densa nube de polvo se levanta y se pega a la ropa y al cuerpo, formando un costra negruzca.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


A la orilla del camino, un deteriorado letrero indica que entramos a una zona de protección ecológica, donde hay borrego cimarrón, burro salvaje y venado. El anuncio termina con una ruda advertencia: “si los caza, aténgase a las consecuencias”. Hace un rato que quedó atrás un pequeño conjunto de saguaros monumentales, con tallos esponjosos, llenos de huecos donde anidan los pájaros. Ahora predominan los órganos gigantescos, con grosor de un metro, y cuyas ramas semejan dedos de manos colosales que surgen de un mundo subterráneo e imploran al cielo.

La costa se extiende paralela a una larga planicie desértica, limitada por escarpadas sierras rocosas de color rojizo que terminan abruptamente a la orilla del mar, y crean impresionantes acantilados. El camino sube y baja o da vueltas constantemente para franquear los formidables obstáculos, entre enormes cañones rocosos. Al alcanzar una cima, surge en el horizonte el azul profundo del Mar de Cortés, que lanza destellos de cristal como si estuviera cubierto de diamantes. Desde las alturas se observa, sobre la playa, una gran barra de arena de forma triangular que rompe la fisonomía de la costa sonorense, es Punta Chueca.

La singular formación encierra una pequeña laguna de agua salada, comunicada al mar por un estrecho canal en su ángulo sur. Al fondo se distingue la hermosa isla Tiburón, separada de tierra firme por un largo brazo acuático, conocido como el canal Infiernillo, que en su parte más angosta tiene 12 kilómetros de ancho.Punta Chueca es uno de los últimos reductos de los seris, grupo indígena que, en tiempos pasados, habitaba la parte central de la faja costera de Sonora, desde la Bahía Kino hasta el poblado de Desemboque, al sur de Puerto Libertad. Seminómadas en su origen, los seris fueron el pueblo más poderoso del noroeste del país. Su gran destreza en el manejo del arco y la flecha les dio superioridad en la guerra y la caza. Su notable habilidad y resistencia física se corrobora en su nombre, de origen ópata, que significa “el que de verdad corre rápido”.

En sus relatos, los primeros misioneros y colonizadores españoles narran las costumbres de los indígenas, y las penurias y penalidades que vivieron para conquistar estos territorios, donde sufrieron frecuentes derrotas ante certeras flechas envenenadas. A mediados del siglo XVIII se libraron grandes batallas contra seris, pimas y apaches que, en una inusitada alianza, se unieron para combatir a los invasores. Las luchas para sofocar las rebeliones indígenas continuaron hasta principios de este siglo. Los seris fueron los aborígenes más altos de la región, y eran considerados como indios gigantes pues, frecuentemente, el más alto de los españoles apenas les llegaba al pecho.Como técnica común de caza, los jóvenes perseguían a su presa hasta agotarla y luego la mataban a pedradas o con las manos; en épocas posteriores utilizaron la ayuca de perros. La cacería dejó de ser fuente de sustento al extinguirse casi totalmente las especies de caza mayor con la llegada del hombre blanco y las armas de fuego. Ligados inevitablemente al mar, la pesca con arpón era una de sus actividades básicas, y usaban pequeñas canoas de tallos amarrados con fibras de maguey, que impulsaban remando a mano o con palas de madera. Esta costumbre también ha sido olvidada.Hacia 1930, los seris se establecieron en tres poblados relativamente fijos: Kino Viejo, Desemboque y Punta Chueca.

En 1975, el gobierno federal les otorgó Isla Tiburón como propiedad comunal y les cedió derechos exclusivos de pesca sobre el canal Infiernillo, creándose también una especie de reserva territorial que abarca desde las inmediaciones de Punta Chueca hasta Desemboque.El antiguo sistema de liderazgo, cuando el guerrero mejor dotado asumía el mando, ha sido sustituido por un sistema de elección por voto directo, en el que sólo participan los hombres para nombrar a un “gobernador”, que actúa como delegado político y representa a la tribu ante el gobierno del país.Luego de un huracán que arrasó con el antiguo poblado de Punta Chueca, con jacales típicos de ramas y barro, el gobierno financió créditos para la reconstrucción del lugar. Se diseñaron casas en serie para todos los pobladores; idénticas y colocadas a espacios regulares. En medio del pueblo hay un Centro de Salud, pero generalmente está cerrado. Los pasantes de medicina no quieren venir a trabajar porque está muy aislado y no tienen recursos para trasladarse hasta aquí. El único transporte regular es una pipa de agua potable que el Instituto Nacional Indigenista envía todos los días desde Bahía Kino.

Las tranquilas aguas de la pequeña laguna, en medio de la barra de arena, sirven como puerto natural que da protección a las lanchas de los seris, las que normalmente son encalladas en la arena de la playa. Sobre el canal de entrada a la laguna, se construyó un pequeño muelle para descargar la captura de las lanchas de la cooperativa de pescadores indígenas y transportarla en un camión refrigerador, a una planta congeladora en Bahía Kino. Junto con las embarcaciones, estas instalaciones son parte de un programa establecido en el estado de Sonora, por una comisión especialmente creada, para promover el desarrollo de la tribu seri. Actualmente se trabaja en la captura de jaiba, la cual se exporta a Japón, pero la explotación indiscriminada ha causado una baja de la producción, explicable al ver la enorme cantidad de jaibas de grandes pinzas azules y rojas, que a diario sacan del mar. También se pesca tiburón y, ocasionalmente, alguna tortuga que, a pesar de la veda, los seris tienen permitido atrapar para consumo familiar. El sol se oculta calladamente tras la Isla Tiburón, recortando la silueta del Kokaak, montaña sagrada de los seris, de 640 metros de altura. El cielo se tiñe de carmín, reflejándose en la quieta superficie de la laguna, y se refracta en múltiples tonos de rojo sobre el inquieto oleaje del canal Infiernillo. Poco a poco aparece el rosa y después el violeta. Antes de desvanecerse la luz, el firmamento se colorea brevemente de índigo, para luego hundirse en la oscuridad. Es un momento de unión íntima con la naturaleza, en el que se alcanza una paz total y se logra percibir el verdadero sentido de la vida.

Un viejo seri, que contempla el atardecer a mi lado, señala hacia la isla: “¡ahí habitan los antepasados!” Me cuenta que la isla ha sido refugio de la tribu durante las numerosas persecuciones que han sufrido por parte del gobierno, y que hay planes de pasar un autobús en panga para repoblarla.Al preguntarle si Konkaak es un dios o una especie de cielo, no acierta a definir la idea y sólo repite confundido: “son los antepasados”. Konkaak es el nombre que los seris se dan a sí mismos y parece ser, también, un vago concepto de deidad, entremezclado con una orgullosa veneración del pasado y las tradiciones tribales.De acuerdo con antiguas descripciones, los seris eran zooteístas y entre sus dioses estaban el pelícano y la tortuga. Además veneraban al sol y a la luna. Hoy las tradiciones han perdido solidez; algunas creencias han cambiado y la cohesión del grupo ha disminuido. La tribu se ha convertido al protestantismo y tienen una modesta iglesia donde se lleva a cabo el culto. Por estos nuevos principios religiosos, está prohibida la ingestión de bebidas alcohólicas y la celebración de bailes, sin embargo a veces realizan algunas de las ceremonias tradicionales.Las mujeres son el pilar principal de la cultura seri, pues son las más renuentes al cambio. Muchas no hablan español y la mayoría aún viste a la usanza tradicional, con faldas y blusas de gran colorido.

En su mayoría son altas y esbeltas y tienen una forma singular de caminar, llena de gracia y elegancia. Desde pequeñas aprenden a elaborar complicados cestos de fibras entretejidas, de un arbusto llamado torote, que tiñen con pigmentos vegetales; además hacen collares y otros adornos de conchas marinas. En Bahía Kino hay un pequeño museo sobre los seris, con algunas muestras de sus trabajos. Desafortunadamente es difícil hallarlo abierto.Para los hombres, la artesanía tradicional es el tallado de pequeñas esculturas en madera de palo fierro. Iniciada casualmente hace unos treinta años, por un seri de Desemboque, la actividad pronto fue aprendida por los hombres de la tribu. Con el auge del mercado, los mestizos y algunos extranjeros copiaron las artesanías, introduciendo maquinaria en su manufactura: “mientras nosotros hacemos dos piezas por día, a mano, en la ciudad hacen diez veces más a máquina”. Los seris tienen gran renuencia a aceptar forasteros en su territorio. Entre los pocos a quienes permiten acampar en sus poblados están los gitanos, que les llevan entretenimiento; los comerciantes, que les venden mercaderías o les compran pescado; y algunos turistas, en particular extranjeros, que van a comprarles artesanías.

Sentada bajo el cielo estrellado, una hermana del gobernador me describe algunas costumbres de la tribu. Su entorno natural es muy importante y tienen breves cancioncillas para ensalzar a los pájaros, las flores, “las cosas bonitas del mundo”. Le pregunto cómo se cortejan las parejas y me dice que hay unCanto del Amor, pero se resiste a entonarlo, pues “quien lo escucha ya no quiere irse de aquí”. Luego comienza a cantar suavemente. Es un dulce murmullo que se adentra en el alma y se eleva al infinito.Como pocos seris, la hermana del gobernador ha terminado sus estudios graduándose como educadora. Está a cargo del jardín de niños de la comunidad. Ha viajado a varios lugares de la República para participar en diversas reuniones de grupos indígenas con otras etnias del país. Me muestra un libro de primero de primaria escrito en seri. Es la fase inicial de un nuevo programa de educación bilingüe en la tribu, enfocado a preservar su lengua y su cultura. Muy pronto se editarán textos en seri para toda la primaria.Al observar la realidad de los seris, es difícil creer que su cultura se conservará por mucho tiempo. Las antenas parabólicas han invadido la población y, al parecer, son un símbolo de distinción.

Es común encontrar a niños y adultos absortos en la televisión, viendo películas en inglés que no comprenden. Los jóvenes visten de mezclilla, tenis y camisetas con leyendas en inglés, y gustan de llevar grandes grabadoras al hombro, que suenan a todo volumen.El futbol es el deporte favorito y, al igual que en cualquier ciudad, los jóvenes que logran conseguir un automóvil pasan sus mementos de ocio dando vueltas al pueblo, jugando “arrancones” por las calles, y levantando nubes de polvo. Es desconsolador ver en los campos y las playas bolsas de plástico y envolturas llevadas por el viento; desechos de un pueblo atrapado por el consumismo. Una vez más, en aras de un ambiguo concepto de progreso, las más de las veces contraproducente, se pierde la riqueza cultural del hombre que, en su esencia, es la más pura expresión de la libertad del ser humano.Para salir de Punta Chueca he conseguido un “aventón” a Bahía Kino.

El gobernador y otros representantes van a una reunión con científicos extranjeros para estudiar otras posibilidades de aprovechar los recursos del mar. Dando saltos interminables, llegamos a la última cima que, como un mirador, permite contemplar buena parte de la faja costera. Miro hacia atrás y, entre la polvareda, descubro Punta Chueca. A la distancia me parece escuchar fugazmante el suaveCanto del Amorelevándose hacia el cielo.

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