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Talleres artesanales en la ciudad de los dioses

Ahora vamos a hablar de la enorme producción de gran cantidad de objetos cuya manufactura fue realizada por verdaderos especialistas.

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Nos referimos a la cerámica, al trabajo en piedras duras y a la transformación de la concha en piezas de adorno o utilitarias que por su calidad llegan a ser verdaderas obras representativas de los artistas teotihuacanos.

Empecemos con la cerámica. La producción alfarera debió ser muy abundante, pues por doquier se encuentran restos de piezas de barro. Había una cerámica utilitaria de uso cotidiano y otra de uso ritual. De ambas se han conservado piezas de gran belleza en las que vemos diferentes técnicas decorativas, desde la aplicación de pintura hasta esgrafiados y pulimentos que le daban a las vasijas una calidad extraordinaria. Había piezas elaboradas en barro anaranjado con formas diversas, entre ellas cajetes con base anular que expresan una admirable sencillez. La policromía permitía representar motivos simbólicos y figuras de dioses, además de otros temas. Piezas excepcionales eran los braseros-teatro, de los que hablamos con anterioridad, pero vale la pena poner énfasis en ellos, pues se constituyen en objetos sagrados dedicados al culto, algunos de una calidad insuperable.

Las excavaciones arqueológicas han reportado la presencia de talleres en donde se manufacturaba la cerámica. Uno de éstos se localizó al norte de La Ciudadela, donde se encontró una buena cantidad de moldes para hacer máscaras, figurillas, etcétera. También con el barro se hicieron instrumentos musicales como flautas, ocarinas y otros, sin faltar la elaboración de almenas, maquetas arquitectónicas y muchos otros objetos más.

Lugar destacado tuvieron los especialistas en el tallado de la piedra. La materia prima la obtenían de los alrededores, pero también era traída desde lugares lejanos, especialmente las piedras verdes. Toda una técnica era aplicada para lograr la transformación de estas piedras en máscaras, pecto­rales, esculturas diversas, adornos personales, etcétera. Destacan por su calidad las máscaras, algunas de ellas con apli­­ca­ciones de turquesas o concha y obsidiana para imitar los ojos. Predomina la forma triangular tan característica de los rostros teotihuacanos. Quizá desde esa época las máscaras tenían un uso funerario y se colocaban sobre el bulto mortuorio, como parece indicarlo la representación de estos bultos hechos de cerámica. Otra materia prima muy utili­za­da fue el alabastro –posiblemente obtenido en la región de Puebla– con el que se hicieron más­ca­ras, figuras de fe­li­nos y lápidas de buena calidad. La obsidiana fue de uso común y de ella se obtenían objetos como navajas, raspadores, puntas, pequeñas hoces posiblemente para desgranar y otros, incluso máscaras y figuras excén­tricas de posible uso ritual. De este material hablaremos más adelante.

Las piedras verdes no se conseguían con facilidad en los alrededores de Teotihuacan. Eran materiales que se traían de otras regiones, como los ac­tuales estados de Guerrero y Oaxa­ca. Ya fuera por comercio o por imposición tributaria, estos materiales fueron profu­sa­mente empleados, sobre todo como adornos personales de la élite. Se han encontrado en diferentes ex­ca­vaciones, pero en los murales pueden verse en forma de collares, ore­je­ras y brazaletes como adorno de sacerdotes y deidades.

El trabajo en concha y caracoles también presenta una variedad y en ocasiones una calidad insuperables. Muy probablemente la mayoría de estos materiales eran traídos desde la Costa, y además de su valor simbólico relacionado por lo general con la fertilidad, estaba el utilitario, pues conocemos diferentes objetos que se elaboraron para adorno personal, como collares y brazaletes. El uso del hueso también fue amplio, destacando las finas agujas hechas de este material.

En general, toda esta rica y amplia producción ha llegado hasta nosotros y hoy podemos admirarla. No así otros productos que seguramente fueron trabajados en Teotihuacan pero que debido al material con que se elaboraron no resistieron el paso del tiempo. Nos referimos a piezas de plumaria, textiles y de madera. De las dos últimas apenas han quedado fragmentos o alguna ­pieza aislada. Sin embargo, su presencia a través de la cerámica o de la pintura indica que su producción fue abundante y que fue obra de especialistas en la materia. Para finalizar diremos que muchas de las piezas hechas en Teoti­huacan son hoy ejemplo de la técnica utilizada para su elaboración, así como de la alta calidad alcanzada por quienes las realizaron. Si les damos el nombre de artes menores es tan sólo por el tamaño de las piezas, en comparación con la pintura o las grandes esculturas que, aisladas o integradas a la arquitectura, las hay de manera abundante en la Ciudad de los Dioses.

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