PAG-000-MD-505
Suscripciones Media Kit
apple googleplay

Síguenos

Suscríbete al Newsletter

Pueblos Mágicos Fines de Semana Pueblear Restaurantes

Tecate, la puerta norte de la ruta del vino

Tecate es un pueblo mágico que ofrece experiencias únicas, entre ellas disfrutar de los mejores vinos de la región. Te mostramos todo lo que puedes hacer aquí.

07-08-2019, 9:00:34 AM
Tecate, la puerta norte de la ruta del vino

El nombre de Tecate, desde luego, remite a la cerveza (una de las más famosas de México), pero lo cierto es que detrás de esa marca y detrás de todos los tesoros que Tecate alberga como Pueblo Mágico, está la región vitivinícola más rica del estado, después de Valle de Guadalupe.

Nombrado Pueblo Mágico en 2012, Tecate es uno de esos poblados que no muestra sus maravillas a las primeras de cambio. Hay que caminar sus calles y explorar sus alrededores para entonces descubrir sus muchos rincones especiales.

Para empezar, en el centro está la Plaza Hidalgo, una típica plaza poblada de álamos, palmeras y laureles, con su quiosquito de piedra en el centro. Sobre su lado sur está el Palacio Municipal, cuyo mural describe la fundación de Tecate. Y las orillas de la plaza están llenas de bares, heladerías y cómodos cafés con mesas al aire libre.

El pueblo es famoso por su pan y son muchos los bajacalifornianos que, en tránsito entre Tijuana y Mexicali, siempre paran aquí a comprarlo. Una de las panaderías famosas es El Mejor Pan de Tecate, ubicado a una cuadra al oriente de la Plaza Hidalgo.

También cerca de la Plaza de Armas (un par de cuadras en dirección suroeste) está la Cervecería Tecate, fábrica emblemática del pueblo. Nació en 1944. Hay recorridos en la cervecería, que además cuenta con un agradable jardín donde el visitante puede tomarse una cerveza de esta marca, la primera mexicana en haber sido enlatada.

Algo más lejos del centro está el Museo Comunitario de Tecate, que destaca por contar con una réplica de una casa tradicional de los kumiai, los indios originarios de esta zona.

El museo cuenta con salas sobre la historia de la región (desde la prehistoria hasta nuestros días), jardines etnobotánicos y una tienda de regalos (Tláloc 400, Col. Cuauhtémoc; T. ( 665 ) 521 3191; carem.org; miércoles a domingo, de 10 a 17 horas). Otro sitio histórico relevante es la antigua estación del tren, de 1915. Esta estación es de un ferrocarril que conectaba a Yuma, Arizona con Tijuana.

La magia de Tecate está presente también en los alrededores. Ahí está el raro paisaje de lomas y llanos cubiertos de rocas que lo rodea; y ahí está también el amplio Cuchumá, el cerro sagrado de los kumiai, que se levanta precisamente en la frontera, hacia el poniente de la zona urbana.

Al oriente, a 60 kilómetros, está otro lugar especial: la zona arqueológica El Vallecito (muy cerca del pueblo de La Rumorosa). Rodeado de un bosque de piñones, este lugar tiene una serie de abrigos rocosos donde los antiguos pobladores de la zona dejaron pinturas rupestres, incluidas varias figuras antropomorfas (miércoles a domingo, de 8 a 17 horas).

Tecate alberga también espacios rurales de descanso y balnearios. Quizá el más famoso de todos sea el legendario Rancho La Puerta (rancholapuerta. com), fundado en 1940 y que hasta el presente ha sido el spa y el refugio de descanso preferido de múltiples estrellas de Hollywood. Pero gracias al clima templado de estos rumbos, se cuentan por docenas los placenteros ranchos con hospedaje y hoteles spa.

Además de todo lo mencionado, Tecate es un verdadero paraíso escondido para el buscador de sabores. Son varios sus restaurantes y bares de primer nivel, donde el comensal disfruta de lo mejor de la cocina y la bebida en ambos lados de la frontera.

La crítica gastronómica da testimonio de ello. Y a eso hay que agregarle las bodegas que en los últimos años han brotado en el Valle de las Palmas y el Valle de Tanamá, ambos al sur de la zona urbana de Tecate, pero a cosa de 10 minutos en automóvil.

Dentro de la ruta del vino, Tecate es la llamada Puerta Norte, porque efectivamente aquí comienzan los viñedos y las vinícolas del estado. La relativa abundancia de agua, además de la excelencia de sus tierras y el espíritu emprendedor bajacaliforniano, auguran que dentro de unos años, aquí habrá decenas de bodegas. A continuación, les presentamos algunas de ellas, junto con varios restaurantes y bares de antología.

El Lugar de Nos

Un lugar de antología. La célebre chef Mariela Manzano denomina a su cocina como “ecléctica mediterránea”, pero sobre todo hecha con mucho amor y con ingredientes locales.

Uno sabe que un delicioso pulpo enamorado viene de alguno de los dos mares de Baja California, pero es más difícil imaginarse que los sabrosísimos tacos de jamaica se hacen con jamaica de La Rumorosa.

Hay varios platillos clásicos para los muchos clientes asiduos, por ejemplo, los tacos de pato, o los “Tacos 84”, que se llaman así porque la suave carne de res que llevan en su interior lleva una preparación de 84 horas.

Otro prodigio: la suprema caribeña spicy, que es pechuga de pollo crujiente con salsa caribeña (piña, morrones y cítricos sarteneados), en una deliciosa combinación agridulce. De postre no puede faltar la cazuela de manzana (una suerte de strudel con helado), que por sí solo sería motivo suficiente para visitar este lugar.

Mariela Manzano fue la primera chef mujer del Rancho La Puerta. Salió de ahí para iniciar hace siete años este proyecto que ha llamado la atención de propios y extraños. Ahora está desarrollando la mixología y la charcutería. Y, claro, aquí se puede comer con vinos bajacalifornianos, o particularmente de Tecate, como Veramendi y Rosa de Castilla.

Restaurante Asao y Hotel Santuario Diegueño

Es un sitio con todo en su punto. A cargo del chef Diego Vargas (quien trabajó en el Club de Yates de Mónaco), el restaurante ofrece platillos magistrales. Sean preparaciones “convencionales” como una Ensalada César o una entrada de carpaccios; sean creaciones muy novedosas como un rib eye con puré de camote con anís o un medio pato al confit en salsa de tamarindo, aquí se come como rey.

El restaurante tiene una vista fenomenal de Tecate, especialmente de noche, porque está en la zona alta del pueblo (muy cerca de la línea fronteriza). Y sus lujosos espacios hacen de la estancia todo un placer.

Su cava maneja cerca de cien etiquetas, casi todas ellas de vinos bajacalifornianos: Tanamá (que es un vino de Tecate), Xecué, Torres Alegre, Barón Balch’é, Viñas de Garza, Emevé, etc. Y eso abarca vinos espumosos, tintos, blancos y rosados.

Este restaurante forma parte del hotel boutique Santuario Diegueño, rodeado de jardines y decorado con fina artesanía mexicana. Sin duda, se trata de una de las opciones de hospedaje más bonitas y exclusivas tanto del Pueblo Mágico, como de toda la zona noroeste del estado.

Casa Veramendi

A 16 kilómetros al oriente de Tecate, sobre la carretera libre a Mexicali se encuentra esta casa vinícola, junto a Rosa de Castilla y San Valentín. Originalmente este era el Rancho La Ciénega, propiedad de la familia Ibáñez Veramendi.

Era un espacio de descanso, con viñedos de uva de mesa. En 2010, como los ranchos vecinos, plantaron los primeros sarmientos para uva de vino. Y poco a poco han prosperado. Hoy, de las 12 hectáreas del rancho, siete están sembradas con uva Malbec, Tempranillo, Merlot, Syrah, Sauvignon Blanc y Chardonnay. La que mejor se ha desarrollado, sin embargo, es la Malbec.

Tuvieron una primera vinificación en 2013 y desde entonces han estado produciendo sus vinos con la etiqueta Veramendi. Tienen un Chardonnay, un Malbec, un Cabernet- Merlot y un ensamble llamado  Selección de Tintos que pasa 18 meses en barrica y con el que en 2016 ganaron medalla de oro en la XXVI Competencia Internacional Ensenada Tierra de Vinos.

Aparte de sus buenos caldos, el rancho es muy bonito. Está ubicado junto a un cerro y un arroyo pasa por en medio. Las rocas típicas de la zona están presentes por todos lados y alternan con olivares y algunos encinos de tronco gruesísimo (dicen que tienen 800 años).

La atmósfera que todo esto crea es en verdad mágica. Sin ser una de las bodegas más lujosas de Baja California es, sin embargo, una de las más bonitas por su naturaleza. Otra razón por la que vale la pena conocerla es porque su amable propietaria, Isabel Ibáñez, es quien suele atender personalmente a los visitantes.

Vinícola Rosa de Castilla

Junto a Casa Veramendi se ubica esta otra bodega, propiedad de Juan Gallardo. Su nombre obedece a la cepa Rosa del Perú, que es del tiempo de los misioneros, dice Gallardo, quien explica también que la tradición vitivinícola en la región de Tecate proviene de la tercera década del siglo XX. Cuando Estados Unidos implementó la Prohibición ( 1920-1933 ), “aquí se producía mucho vino que se contrabandeaba” a aquel país.

Gallardo inició la siembra de vid en el año 2010, y sus primeros caldos artesanales los obtuvo en 2013. Ahora ya tiene más de tres hectáreas de vid en producción y embotella unas diez etiquetas. Su vino Prieta e s un ensamble Nebbiolo-Cabernet Sauvignon- Merlot a partes iguales. Tiene también algunos vinos varietales como María Inés (Merlot) y Gallardo (Cabernet Sauvignon).

Hay planes para convertir esta bodega en todo un centro ecoturístico. Ya se construyen los cuartos de lo que será un bed & breakfast. Después vendrán las cabañas.

En julio de 2018 se inauguró dentro de la bodega lo que promete ser un espléndido lugar para comer: el restaurante Prieta. Es un asador campestre alimentado con leña local de chamizo colorado. Sus platillos pueden sonar algo sencillos: aguachile de camarón, tuétanos asados, costilla asada de puerco, rib eye añejado, etc.

Pero la clave está en el chef, que es Marcelo Kenji Hisaki Itaya, quien también dirige el restaurante Amores, otro de los justamente alabados restaurantes de Tecate. De modo que si necesitas otro pretexto para visitar Rosa de Castilla, ya lo tienes aquí.

Rancho Tecate y Vinícola Las Estrellas

A 9 kilómetros al sur del Pueblo Mágico, rumbo a Valle de Guadalupe y Ensenada, se localiza el Rancho Tecate. Este es un viejo rancho fundado en 1893, pero que en la actualidad se está diversificando en múltiples proyectos simultáneos.

Quizá el más destacado de estos proyectos es el impresionante desarrollo inmobiliario. Los predios se distribuyen por distintos caminos y alrededor de un encantador laguito. En medio de todo esto, se encuentran los demás proyectos del lugar.

El grupo de Villas Las Estrellas ofrece lujosas opciones de hospedaje. El Restaurante Puerta Norte es atendido por el chef argentino Carlos Enrique Almada y sirve espléndidos cortes de carne, pescados, mariscos, aves, piezas de caza, ensaladas y pastas.

Hay también un Centro Ecuestre con caballos españoles. Sobra decir que hay cabalgatas recreativas dentro del rancho. Además hay alberca, salones de eventos, senderos para caminar y para ciclismo de montaña.

Dentro de este conjunto hay también unas 4.5 hectáreas de viñedos que son manejadas por la Vinícola Las Estrellas. Es una bodega en toda forma, atendida por el enólogo Andrés Blanco (quien también está a cargo de la vinícola Möebius).

La vid no es asunto nuevo en este lugar. Desde sus inicios el rancho cultivó esta planta y durante la Prohibición en Estados Unidos “exportó” vinos. Junto a la terraza del restaurante se puede ver una hermosa vid grande y retorcida que seguramente tiene un siglo de historia (o más).

Los vinos se sirven en el restaurante, pero también se pueden probar en una degustación. Por ahora tienen tres magníficos vinos: 1893, un ensamble de Cabernet Sauvignon y Grenache; Nobleza (que en la etiqueta muestra uno de los caballos españoles de la casa), un ensamble de Syrah, Grenache y Cabernet Sauvignon; y un vino Premium llamado Reserva 2, elaborado a partir de Nebbiolo, Cabernet Sauvignon y Syrah. Con toda esta mezcla de atractivos además de los vinos, este lugar se vuelve visita obligada para quien viaja a Tecate.

Casa Bichi

Es una casa vitivinícola totalmente fuera de lo común. Pertenece a la familia Téllez, la del famoso chef Jair Téllez (Verde y Crema, Laja, Merotoro). A principios de la presente década, esta bodega se llamaba Ulloa y logró un gran éxito con sus vinos. Pero más tarde, en un ejercicio de autocrítica, abandonaron aquel proyecto y se volcaron a los vinos naturales. “Nuestra propuesta es un vino sin manipulación, sin agregados químicos, con levaduras naturales…”, explica Noel Téllez, quien está a cargo de los procesos de cultivo de la vid y la vinificación. “Buscamos varias cosas: frescura, vinos auténticos y diferentes”.

El propio nombre de la casa se remite al nuevo propósito. Bichi, en el mejor sonorense, significa encuerado. Y así son los vinos que producen ahora aquí: desnudos de todo agregado artificial. Son sólo la pura expresión del terruño. Si uno se pregunta a qué supo el buen vino de las Bodas de Caná, probablemente se parecía al de Casa Bichi. Incluso aquí fermentan y guardan el vino en tinajas, como en la Galilea de hace 2,000 años.

Son varias las etiquetas que maneja Casa Bichi. Hay varietales como uno muy aromático titulado Rosa del Perú, pero hecho con pura uva Nebbiolo. También hay ensambles. Entre estos últimos está el Flama Roja, que combina Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc. También hay un espumoso llamado Pet Nat que no está hecho según el método de Champaña, sino de acuerdo al modo ancestral.

El cambio a los vinos naturales ha sido acertado, puesto que el 80% de su producción la exportan, y sus vinos se sirven en restaurantes como Puyol, de la ciudad de México, y Cosme, de Nueva York.

Parte de la nueva filosofía vinícola es también la despreocupación por el glamour. El lugar ante todo es un espacio de trabajo y no está muy orientado al enoturismo. Sí reciben a grupos de visitantes, pero sin salas de degustación o boutiques con botellas y regalos. Los visitantes más bien se sientan bajo un encino centenario para beber las botellas que compren. Ni más, ni menos.