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Teotihuacan: ciudad incógnita (Estado de México)

Gracias a la altura y la velocidad del globo, además de su silencioso movimiento, éste se convirtió en el vehículo ideal para apreciar las proporciones de la traza urbana y la relación con el paisaje de Teotihuacán durante la realización de este documental.

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Desde el cielo, la Pirámide de la Luna, por ejemplo, parece imitar la silueta del Cerro Gordo, a sus espaldas. También, se divisa claramente la estrecha proximidad de los poblados que rodean a la zona arqueológica –en muchos casos construidos sobre sus ruinas-. Pero, desde el globo la visión se da siempre en el presente. No obstante, el futuro desde arriba se vislumbra incierto. Para adentrarse en su pasado, el recorrido debe hacerse bajo la tierra.   

LA PIEL DE LA CIUDAD

Acompañados por el arqueólogo Jesús Torres Peralta recorrimos la ciudad en sus tres niveles. Primero, visitamos varios conjuntos habitacionales y palacios, como el de Quetzalpapalotl, en el que el cuidadoso trabajo de reconstrucción nos permitió viajar al pasado e imaginar cómo caminaban por sus pasillos los gobernantes teotihuacanos, reuniéndose dentro de sus recintos y rodeados por pinturas murales de animales fantásticos. Algo no evidente en una ruta superficial es que los edificios más importantes de la ciudad estaban cubiertos de estuco, pintados al fresco con pigmentos minerales, con figuras de un contenido simbólico y una calidad artística asombrosas.   

“La pintura mural era la piel de la ciudad” nos dijo María Elena Ruíz Gallut, especialista en el tema y guía en las visitas a los murales de Atetelco, Tetitla y Tepantitla. María Elena nos mostró en el mural del Tlalocan, dentro del palacio de Tepantitla, cómo están representados unos personajes, asociados con Tlaloc, los cuales comen las raíces de unos lirios acuáticos de propiedades sicotrópicas, que quizá expliquen, entre otras cosas, las figuraciones de esos seres fantásticos.   

Sin duda, el tema de la pintura mural teotihuacana amerita por sí solo no un documental, sino toda una serie. Significa adentrarse a un sistema simbólico, del cual falta mucho por conocer.   

EL TEMPLO DE LA SERPIENTE EMPLUMADA

</B><BR>Durante el viaje en globo sobre la Ciudadela observamos como este templo, uno de los más importantes de Mesoamérica, fue tapado por el cuerpo piramidal de otro edificio más austero para ocultar su fachada, poco tiempo después de su terminación. Paradójicamente, el costado que se pretendió ocultar es el mejor conservado. Al rodear el templo comprobamos cómo sus cuatro costados estaban también cubiertos por las mismas esculturas de cabezas de serpiente y otras cabezas asociadas hasta poco con Tláloc, cuyos números 360 y 320 coinciden los de los calendarios solar y lunar.   

Sergio Gómez Chávez, arqueólogo al frente de los trabajos de conservación del monumento, comentó al respecto: “Cuando se descubrió en 1917, se pensaba que esta imagen era la representación de Tlaloc, sobre todo por las orejeras y anteojeras que se suponía llevaba esta imagen. En la actualidad, se supone más bien que podría tratarse de la representación de Cipactli, el lagarto, nombre del primer día con que inician los dos calendarios. Ahí vemos a este monstruo de la tierra, o sea, semejante a la tierra misma. Así, más que a Tlaloc representa el glifo del tiempo y del calendario, el comienzo de éste. La comparación del tocado de cocodrilo que llevan los sacerdotes del mural en el palacio de Tepantitla nos convenció de esta nueva lectura”.      

Todos estos elementos asociados refuerzan el simbolismo teotihuacano concentrado en este templo, como centro primigenio de la tierra y del tiempo mesoamericano.   

LOS ENTIERROS DE LA PIRÁMIDE DE LA LUNA

Ingresamos al túnel excavado en el interior de ésta, resultado de la exploración a cargo de los prestigiados arqueólogos Saburo Sugiyama y Rubén Cabrera, reveladora de cómo dentro de la pirámide se encuentran superpuestas seis construcciones más antiguas. El gran basamento de la Pirámide de la Luna, actualmente a la vista, corresponde a la séptima etapa constructiva y todo el proceso tomó cuatro siglos. Dentro se localizaron también vestigios de los rituales funerarios en cuatro entierros, ofrenda de un contenido muy particular y que actualmente pueden verse en una excelente exposición montada en el Museo de Antropología de la ciudad de México. En el entierro 4 se encontraron los cráneos de 17 individuos decapitados.   

El segundo entierro contenía el esqueleto de un hombre sentado y con las manos atadas. Junto con éste fueron sepultados dos pumas y un lobo en jaulas, nueve águilas reales, un halcón, un búho y tres serpientes de cascabel; todos probablemente enterrados vivos y dedicados a la construcción del edificio 4, hacia el año 225 dC. El entierro 5 contenía los restos de tres individuos sepultados sentados, en posición de flor de loto, viendo al poniente y ataviados con preciosos collares, lo que hace suponer su alto rango. Dos de los personajes llevaban collares y orejeras de piedra verde finamente labrada, originaria de la región maya. Además, la posición de los cuerpos semeja a los enterramientos de los altos dignatarios mayas. Toda esta evidencia lleva a los historiadores a reconsiderar las relaciones entre mayas y teotihuacanos hacia el 350 dC, en pleno periodo clásico.        

EL PATIO DE LOS GLIFOS

En el recorrido por La Ventilla, un sitio recientemente explorado, próximo a abrirse al público, tuvimos el honor de ser guiados por el doctor Rubén Cabrera, quien también está al frente de estas exploraciones. Nos explicó, emocionado, la importancia de sus descubrimientos en este conjunto habitacional: “Lo más relevante de este espacio es la pintura mural que se encuentra aquí, donde una serie de 42 glifos se han detectado sobre el piso y las paredes. Hemos considerado que posiblemente éste sea el antecedente más antiguo de los códices”.   

Después de contemplar algunos de los magníficos murales de Teotihuacán, aunque no se han encontrado ejemplos de documentos escritos, cabe pensar que era una ciudad cubierta con elementos pictóricos y gráficos, parte de todo un sistema de registro que probablemente incluía nombres, números, conceptos y categorías, pero carecía de gramática. La lectura entonces era un privilegio exclusivo de la clase gobernante y la brecha que se creaba así entre el pueblo y los monopolizadores del conocimiento y la lectura de los símbolos, pudo haber sido una las causas que llevaron al incendio y destrucción de la ciudad en el siglo VII. 

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