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Un recorrido por la Sierra de Colima

Casi las tres cuartas partes del estado de Colima son montañosas y presentan numerosos plegamientos, depresiones, barrancas, ríos, lagos y cascadas que dan lugar a los más bellos espacios ecológicos.

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Conoce México, sus tradiciones y costumbres, pueblos mágicos, zonas arqueológicas, playas y hasta la comida mexicana.


Casi las tres cuartas partes del estado de Colima son montañosas y presentan numerosos plegamientos, depresiones, barrancas, ríos, lagos y cascadas que dan lugar a los más bellos espacios ecológicos.

Esta vez, nosotros escogimos la región del norte del municipio de Comala y la región montañosa occidental.

Al salir de la ciudad de Colima, por el camino que va a Comala, se encuentra la singular Villa de Álvarez, que guarda el sabor del estilo constructivo tradicional de la región; destacan en ella los portales del jardín principal y las fincas de las calles céntricas con gruesos muros de adobe, ventanales con rejas de hierro forjado, techumbre de teja y, en el interior, amplios patios, jardines y corredores sostenidos por pilastras de madera labrada.

La ciudad es conocida sobre todo por el agua de tuba, especie de aguamiel que produce la flor de la palma de coco; su color es rosa pálido y resulta dulce y refrescante. Los “tuberos” cargan su producto en grandes bules que tapan con olotes.

Por todos lados se ven en esta región los sombreros colimotes, bonitos y frescos, típicos del estado, excelentes para realizar las tareas del campo; estos sombreros se adornan con detalles de piel en la copa, que es dura como un casco.

A unos cuantos kilómetros, subiendo hacia el volcán de Colima, se encuentra la ex hacienda del Carmen, la cual tiene delante un jardín con cuatro fuentes; la fachada de la capilla, de estilo neoclásico, es austera, con un frontón triangular.

En el interior de la hacienda hay un gran patio flanqueado por corredores con arcos, donde todavía se conservan algunos murales.

Al salir, nos dirigimos a la ex hacienda de Nogueras, enclavada en la antigua población indígena de Ajuchitán, y que a principios del siglo XX, cuando Nogueras se constituyó en una importante hacienda cañera en la que trabajaban más de 500 trabajadores, cambió su nombre.

En la hacienda queda todavía un chacuaco (horno para procesar la plata); la fachada de la capilla, cuyo acceso está enmarcado por una portada de medio punto sobre jambas de cantera y clave labrada; a los lados del arco se construyeron columnas dóricas adosadas cuyo friso está decorado con figuras de flor de lis. A la izquierda se encuentra una torre de un cuerpo con campanario de dobles arcos de medio punto. En el casco antiguo se localizan el Centro Cultural Universitario y el Museo Alejandro Rangel Hidalgo, en el cual se exhiben las obras y diversos objetos de este distinguido artista colimense.

De Nogueras nos fuimos a Comala (“lugar de comales”), también conocido como Pueblo Blanco de América y que en 1988 el gobierno declaró monumento histórico. Esta población, de casas blancas con techumbres de teja que sobresalen de entre las huertas de exuberante vegetación, está rodeada por el río San Juan y por el arroyo Suchitlán, y tiene como fondo el majestuoso volcán de Fuego.

No pueden dejar de visitarse la parroquia de San Miguel del Espíritu Santo, la plaza con sus pequeñas fuentes y, por supuesto, el bello quiosco de base hexagonal que se encuentra en el centro, como tampoco el auditorio Juan Rulfo y el palacio municipal.

A la entrada de Comala está el Centro Artesanal Pueblo Blanco. Aquí se trabaja en la fabricación de muebles de caoba y parota; los productos están finamente acabados con detalles de herrería y pintura vinílica sellada con diseños del pintor colimense Alejandro Rangel Hidalgo, fundador del mismo centro.

En los jardines destacan imponentes parotas milenarias que le dan al lugar una atmósfera muy particular.

A unos 40 km al norte de Comala está Suchitlán, un pueblo muy especial porque es tal vez el único en el estado en donde todavía hay una importante presencia náhuatl, además de ser la puerta de la región de Las Lagunas y el volcán de Colima.

Las tradiciones y la forma de vida indígena se manifiestan con todo vigor en este lugar, con sus expresiones folclóricas y artesanales. Persiste la costumbre entre los indígenas de utilizar máscaras de madera de colorín, que ellos mismos fabrican, tanto en pastorelas como en distintas danzas de la región.

Al salir de Suchitlán hacia el norte se inician los bellos paisajes de la región de Las Lagunas.

La laguna de Carrizalillo se localiza en las estribaciones del volcán de Colima; está rodeada por colinas y circundada por un camino panorámico empedrado desde donde es posible admirar paisajes majestuosos. En este lugar es posible rentar cabañas o acampar con toda tranquilidad y disfrutar de paseos en lancha, además cuenta con todos los servicios.

A pocos minutos de Carrizalillo está una apacible laguna, la María, conformada por aguas cristalinas circundada por grandes parotas. Aquí se puede practicar la natación o realizar agradables recorridos en pequeñas embarcaciones.

De regreso a Colima, y tras pasar Comala, nos dirigimos hacia la región montañosa occidental.

En el km 17 de la carretera que une a la ciudad de Colima con el pueblo de Minatitlán se encuentra Agua Fría, un balneario rústico que por su apacible belleza se considera como el más agradable de la entidad. En los márgenes del río hay sitios en los que se puede comer y disfrutar del paisaje.

No lejos de ahí, el balneario Agua Dulce resulta otra estupenda opción para aquellos que disfrutan del agua fresca de los ríos.

A diez kilómetros de Agua Fría el paseante encuentra otro balneario, conocido como Picachos, formado por las aguas del río Sampalmar, en cuyo cauce están construidos varios estanques.

El final de nuestro recorrido fue Minatitlán, poblado que ha adquirido importancia debido a la gran cantidad de hierro que existe en el cercano cerro de Peña Colorada.

A un kilómetro del pueblo está ubicada la cascada de El Salto, una caída de agua de singular belleza, con una altura de más de 20 m y a cuyo alrededor se encuentran caprichosas formaciones rocosas.

Refrescarse con agua de tuba en el quiosco de Villa de Álvarez, llevarse un sombrero colimote de Comala, un recuerdo de los ebanistas del Centro Artesanal Pueblo Blanco, una máscara náhuatl de Suchitlán o un jugo de caña de Minatitlán, son sólo algunos de los muchos atractivos que ofrece el interesante recorrido de este rico y pequeño rincón de México.

Fuente: México desconocido No. 296 / octubre 2001

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