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La Bahía de los Ángeles, una joya en el Mar de Cortés

Por: Gustavo D. Danemann

Bahía de los Ángeles, en Baja California, esconde bajo sus aguas un fascinante mundo de especies y paisajes submarinos, muchos de ellos difíciles de encontrar en otros escenarios de México. ¡No dejes de admirarlos!

En 1951 el periodista Fernando Jordán realizó un recorrido inédito por la península de Baja California describiendo las maravillas de lo que él denominó “el otro México”. Su relato refleja una particular emoción cuando a 650 km al sur de Tijuana descubrió uno de los rincones más bellos de la costa bajacaliforniana. Jordán había llegado a Bahía de Los Ángeles, joya de la naturaleza en la región central del Mar de Cortés.

El portal de la Región de las Grandes Islas del Golfo de California

Al llegar a Bahía de Los Ángeles desde la carretera transpeninsular el paisaje es sobrecogedor. Al fondo, la imponente Isla Ángel de la Guarda (la segunda más grande del Golfo de California, después de Isla Tiburón) encierra un rosario de pequeñas islas e islotes dispersos a lo largo de la bahía. Isla Coronado o Smith, que hacia el norte exhibe un cono volcánico de 500 m de altura, es seguida hacia el sur por Calavera, Piojo, Pata, Bota, Jorobado, Flecha, Llave, Cerraja, Ventana, Cabeza de Caballo y Los Gemelos. Prácticamente todas las islas son visibles desde la carretera, justo antes de descender al poblado.

La combinación de islas y cañones submarinos genera fuertes corrientes marinas, en un ámbito de gran productividad y riqueza biológica que desde hace décadas ha despertado la curiosidad de los científicos y la fascinación de los viajeros que, como Fernando Jordán, se aventuran hasta este paraíso.

Bahía de Los Ángeles fue habitada originalmente por cochimíes. El explorador Francisco de Ulloa navegó en sus inmediaciones alrededor de 1540, pero fue el jesuita Juan Ugarte el primer español que desembarcó en el área, en 1721. A partir de 1759 la bahía comenzó a utilizarse como puerto de desembarco para los materiales y suministros utilizados en la Misión de San Borja, ubicada a 37 kilómetros de la costa.

En 1880 se descubrieron en el área importantes yacimientos de plata, lo que motivó la apertura de varias minas. En ese entonces la población alcanzó los 500 habitantes, pero este florecimiento llega su cúspide alrededor de 1910, cuando la región fue asolada por filibusteros. Mientras que la mayoría de los mineros abandonó la región, unos cuantos continuaron realizando actividades de prospección o establecieron ranchos. Muchos de los actuales pobladores de Bahía de Los Ángeles descienden de aquellos aguerridos pioneros.

En el presente, el poblado está habitado por alrededor de 300 personas, principalmente dedicados a la pesca, el turismo y el comercio, en tanto que casi un igual número de estadounidenses han construido aquí sus residencias de retiro o vacaciones.

PARAÍSO PARA EL ECOTURISMO Y LA AVENTURA

Pocos lugares del Golfo de California son tan ricos en flora y fauna como Bahía de Los Ángeles. Durante una de mis visitas, un pescador me invitó a recorrer la bahía en su embarcación. Para mi sorpresa, tras escasos minutos de navegación observamos un enorme tiburón ballena nadando tranquilamente al ras de la superficie. Esta especie es inofensiva para el hombre, ya que, a diferencia de sus temidos parientes, se alimenta sólo de los diminutos animales y algas que conforman el plancton. Su boca, si bien puede alcanzar casi un metro de ancho, carece de dientes, por lo que filtra el alimento a través de sus branquias. En una corta travesía alcanzamos a ver ocho tiburones ballena que se congregaban en el extremo sur de la bahía, donde las corrientes concentran el plancton.

Las aguas de la bahía son también refugio de la ballena de aleta, el segundo animal más grande que ha existido en nuestro planeta, sólo superado por la ballena azul. También abundan los delfines, y en las islas se ven varias colonias de lobos marinos.

En Bahía de Los Ángeles se encuentra la población de pelícano pardo más importante del Golfo de California. Desde la embarcación observé que los cañones y acantilados de algunas de estas islas se encuentran cubiertos por nidos de pelícano. Esta ave marina se alimenta sobre todo de sardinas que captura cerca de la superficie aprovechando la densidad de sus cardúmenes. Cuando anidan, los pelícanos son muy sensibles a la perturbación humana, por lo se prohíbe descender en estas islas en el verano, durante su temporada reproductiva.

Otra ave de singular belleza y fácil de ver en el área es el águila pescadora, especie que construye sus nidos en los acantilados más altos de las islas de Bahía de Los Ángeles. El águila pescadora se alimenta básicamente de peces, de ahí su nombre. Para localizar a sus presas sobrevuela a ras del agua hasta dar con un cardumen, preferentemente en aguas poco profundas. Entonces emprende un vuelo en picada y se zambulle en el agua capturando a su presa con sus garras. Durante la época de anidación el macho se encarga de proveer alimento, mientras la hembra permanece en el nido protegiendo a sus polluelos del sol y los depredadores.

Enmarcado por aguas color esmeralda, el archipiélago de Bahía de Los Ángeles es ideal para navegar en kayak. Isla Coronado es una de las preferidas para acampar y cuenta con el singular espectáculo de una enorme laguna que se llena durante la marea alta y se vacía durante la bajamar, formando un verdadero río a través de la isla.

Muchos “kayakeros” realizan travesías de varios días recorriendo todo el archipiélago, y los más experimentados llegan a cruzar, de isla en isla, hasta el estado de Sonora. Sin embargo, este tipo de aventuras requieren de gran pericia y conocimiento de los vientos y corrientes locales, ya que la región se caracteriza por bruscos cambios meteorológicos.

Bahía de Los Ángeles es también un punto muy popular para la pesca deportiva ya sea en embarcaciones con motor fuera de borda o en lanchas de mayor tamaño. Entre las especies más abundantes se encuentran jurel, atún, marlín y dorado.

LAS TORTUGAS MARINAS

Las tortugas marinas fueron aprovechadas en forma sustentable por los pueblos indígenas de la región durante siglos. Sin embargo, la pesca de las últimas décadas las ha llevado casi a la extinción. A partir de 1940 estas especies comenzaron a explotarse comercialmente, en la década de 1960 la producción llegó a ser una de las más importantes de México, y a inicios de 1970 las capturas disminuyeron.

Preocupados por la drástica disminución de las poblaciones de tortugas, hace más de 20 años Antonio y Beatriz Reséndiz establecieron en Bahía de Los Ángeles el primer Centro para el Estudio y la Conservación de las Tortugas Marinas del noroeste de México. Esta iniciativa, apoyada por el Instituto Nacional de la Pesca, se ha convertido en un estandarte para la conservación de los recursos marinos de la bahía.

El campamento tortuguero de los Reséndiz recibe decenas de visitantes, entre estudiantes, científicos y turistas, quienes se acercan para observar a las tortugas en cautiverio en una serie de estanques construidos en la playa. Este inusual laboratorio ha permitido estudiar detenidamente la biología y fisiología de las tortugas, y ha dado lugar a un experimento de trascendencia mundial.

En agosto de 1996 una tortuga capturada y criada en cautiverio por los Reséndiz fue liberada en la costa del Pacífico de Baja California. “Adelita”, como fue bautizada la tortuga, llevaba un transmisor que permitiría conocer su paradero. Un año después de su liberación, y luego de haber cubierto 11,500 km a través del Océano Pacífico, Adelita llegó a la Bahía de Senday, en Japón, demostrando por primera vez la capacidad y recorrido migratorio de las tortugas. El descubrimiento ha otorgado un nuevo empuje al centro tortuguero de Bahía de Los Ángeles, que sin descanso predica en la localidad la necesidad de detener la pesca clandestina y colaborar en la conservación de estos simpáticos animales.

EL FUTURO

Pocos lugares en el mundo cuentan con la diversidad de vida marina y la belleza de los paisajes como Bahía de Los Ángeles, lo que le confiere un enorme atractivo turístico y científico. En respuesta a este potencial, se han instalado en la localidad varios hoteles, comercios y restaurantes. Sin embargo, el privilegio de contar con estas riquezas naturales implica también una gran responsabilidad, ya que es necesario utilizar estos recursos sin amenazar su conservación para las futuras generaciones.

Conscientes de esta situación, los habitantes de Bahía de Los Ángeles y la organización conservacionista Pronatura impulsaron la creación del Parque Nacional Bahía de Los Ángeles. Esta nueva área natural protegida abarcaría las islas y la porción marina de la bahía, sirviendo como marco para regular y promover el desarrollo sustentable de la pesca comercial, la pesca deportiva y el turismo en la región. Esto beneficiará a la comunidad local, asegurando la conservación de esta joya del Mar de Cortés.

CÓMO LLEGAR A BAHÍA DE LOS ÁNGELES

Desde Tijuana se llega a Bahía de Los Ángeles por la carretera transpeninsular. 600 km al sur se toma el ramal hacia el este en el parador denominado Punta Prieta, mismo que se encuentra claramente señalizado. Bahía de Los Ángeles se ubica a 50 km de la carretera transpeninsular y el camino está pavimentado.

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