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Esculturas rituales y el juego de pelota

Por: Felipe Sol

El hallazgo de un joven arqueólogo abre la discusión sobre el significado de las esculturas relacionadas con el juego de pelota en el México prehispánico...

En aquel día caluroso los peones habían cambiado sus herramientas, dejando a un lado los picos y las palas, y ahora utilizaban cucharillas, ya que la presencia de fragmentos de huesos humanos anunciaba el tan esperado hallazgo de un enterramiento.

Así ocurrió, en efecto, y uno de ellos llamó a gritos al joven arqueólogo, quien se encontraba escribiendo sus notas en su diario de campo, para que bajara a la zanja y se encargara de sacar a la luz el esqueleto.

Nuestro arqueólogo hacía sólo unos años que había concluido sus estudios en la Universidad Veracruzana, fundada en la ciudad de Xalapa, y aún no se borraban los recuerdos de las acaloradas y emotivas discusiones con sus compañeros y maestros sobre los problemas teóricos y las propuestas que los otros investigadores de México y del extranjero hacían en torno al significado del juego de pelota; de pronto, al efectuar la remoción de la tierra, ante sus ojos apareció el cráneo de un individuo con una escultura de forma curva que él bien cono­cía con el nombre de yugo, rodeando la cabeza de la osamenta a manera de remate o protección.

El hallazgo de este entierro ceremonial provocó acaloradas controversias; una vez más, ahora un hallazgo arqueológico, ponía en la mesa de discusiones la función y el simbolismo de este conjunto tan abundante y característico de las esculturas de la región costeña, es­pe­cialmente procedentes del centro de Veracruz, que comúnmente se conocen como yugos, palmas y hachas, grupo al que se suman otros elementos llamados candados y rieles.

Por la forma de estos objetos, algunos tallados en piedras muy compactas que permiten un vistoso pulimento, como dioritas y nefritas, se ha considerado su intensa relación con el juego de pelota, ya sea con los protectores o con los símbolos de este deporte ritual, o bien con la ceremonia final de la decapitación.

Los yugos tienen la forma de un objeto curvo, a manera de herradura, con los extremos paralelos, y aunque en su mayoría son abiertos se ha llegado a ver ejemplares con el extremo inferior cerrado. Algunos son lisos y otros muestran, con finos relieves labrados en la parte curva, cabezas de batracios, probablemente sapos, o figuras de jaguar, y ocasionalmente cabezas humanas que emergen de las fauces abiertas de un jaguar. Algunos más de estos yugos lucen en sus paredes externas o internas rostros de individuos con parálisis facial, o bien hombres en posición horizontal, como si estuvieran nadando o flotando. Uno de los yugos cerrados más famosos muestra en toda la forma del objeto el diseño de un búho con las alas extendidas.Se les ha interpretado generalmente como esculturas ceremoniales que simbolizan el poder y la fuerza de los protectores de cadera que llevaban los jugadores durante el juego.

El descubrimiento del joven arqueólogo indica que, en efecto, los yugos podrían funcionar como protectores del jugador muerto en su camino al inframundo.

Las hachas, a su vez, muestran cabezas de hombres, animales o seres sobrenaturales, cuyos rasgos advertimos claramente si colocamos las piezas de perfil; estos objetos son muy angostos por la parte frontal y se ensanchan en la parte posterior. Algunas de estas hachas ceremoniales muestran una gran complejidad en su diseño, ya que la línea del cráneo o el peinado y su tocado, pueden mostrar a un hombre con un pez o una silueta que lleva en su interior el diseño de un venado.

El curioso nombre de “hacha ceremonial” proviene de ciertas interpretaciones que hicieron los estudiosos del siglo XIX, quienes creían ver en estos objetos la sección pétrea y aguzada de un hacha de combate de carácter ritual, cuyo corte en ángulo suponían que permitía el enmangado con la pieza de madera. Así, imaginaban que en ritos y festividades los guerreros y los sacerdotes enarbolaban sus armas, cuyos remates eran estas hachas de piedra.

En nuestros días se piensa que es más probable que el significado de estas esculturas se relacionaba con la ceremonia final del juego de pelota, en el cual ocurría la decapitación de uno de los dos jugadores y entonces las hachas simbolizarían las fuerzas y los animales protectores que participaban en el rito.

En cuanto a las palmas, éstas toman su nombre de la estilizada forma que tienen las hojas de este árbol tropical, sumamente alargadas y que rematan en líneas cortadas a manera de penacho; muchas de las esculturas que llevan su nombre presentan esta silueta, aunque se debe considerar que hay en general tres conjuntos: las que se ven de perfil y semejan alas de murciélago con intrincados diseños de líneas curvas que se entrelazan; aquellas cuyo decorado ocupa una superficie plana muy alargada, donde hay manos humanas, guerreros o jugadores parados sobre basamentos y lagartos en posición descendente; y los lisos, sin mayor decoración que su su­per­ficie pulimentada, con un atrevido diseño de gran estilización que sorprendería a los más atrevidos escul­tores de nuestra época.

Ciertas lápidas que decoraban la cancha del juego de pelota en Aparicio, Veracruz, muestran en sus relieves jugadores decapitados de cuyo cuello brotan siete serpientes, que equivalen a la sangre que se transforma en signo de fertilidad; los individuos, en posición sedente, llevan sus protectores de cintura sobre los cuales y frente a su pecho se encuentra colocada una figura semejante a las palmas del estilo ala de murciélago, lo que ha dado lugar a la interpretación de estas esculturas como emblemas heráldicos de los jugadores o de los equipos que participaban en el juego.

Este conjunto de esculturas de carácter ritual, en su mayoría, fueron coleccionadas desde el siglo XIX, sin que se tuvieran datos precisos de su excavación arqueológica, y así como ocurrió el hallazgo del yugo protegiendo la cabeza, habremos de esperar sorprendentes descubrimientos en el futuro que arrojen luz sobre estos hermosos y enigmáticos objetos que nos hablan de cuando los mensajes sagrados se inscribían en la piedra.

 

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