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Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893)

Lee la biografía completa de Ignacio Manuel Altamirano, importante figura de la literatura mexicana.

Padre de la literatura mexicana, Ignacio Manuel Altamirano nació en Tixtla, Guerrero siendo sus padres Francisco Altamirano y Gertrudis Basilio, ambos indios puros que habían tomado el apellido de un español que había bautizado a uno de sus ancestros.

Ignacio Manuel aprendió a hablar español sólo hasta que su padre fue nombrado alcalde del pueblo, después se reveló como un estudiante aventajado y ganó una de las becas que otorgaba el Instituto Literario de Toluca para los niños de escasos recursos que supieran leer y escribir. Fue ahí donde se encontró al que había de ser su más querido e influyente maestro: Ignacio Ramírez, el Nigromante, abogado, periodista, miembro de la Academia de Letrán y diputado del Congreso Constituyente.

Altamirano llegó a ser encargado de la biblioteca del Instituto, reunida por Lorenzo de Zavala y devoró tanto a clásicos como modernos, empapándose también en el pensamiento enciclopedista y en los tratados juristas liberales.

En 1852 publicó su primer periódico, Los Papachos, hecho que le costó la expulsión del Instituto. En ese mismo año empezó a recorrer el país, siendo maestro de primeras letras y dramaturgo y apuntador en una compañía teatral itinerante, de “cómicos de la legua”. Fue cuando escribió la polémica obra Morelos en Cuautla, hoy perdida, pero que le dió la primera fama y depsués cierta vergüenza, según parece, pues cuando hacía el recuento de sus obras no la reconocía.

Después vino a la Ciudad a iniciar estudios de Derecho, específicamente en el Colegio de San Juan de Letrán, cuyo costo fue solventado gracias, otra vez, a su labor docente: enseñando francés en una escuela particular.

En 1854 interrumpió sus estudios para adherirse a la revolución de Ayutla, que pretendía derrocar a Santa Anna, el dictador sin pierna, que tantos años de pena había infligido en la patria. Altamirano se fue al sur de Guerrero y se puso bajo las órdenes del general Juan Álvarez. Comenzaba así su carrera política y el vaivén de estudiar, combatir y volver a los estudios. Una vez terminada la revolución, Ignacio Manuel retomó sus estudios de jurisprudencia, pero hubo de dejarlos de nuevo en 1857, cuando volvió a estallar la guerra en México, esta vez la de Reforma, que inició la división ideológica clásica del siglo XIX, entre conservadores y liberales.

En 1859 se tituló como abogado y, una vez victoriosos los liberales, fue elegido diputado al Congreso de la Unión, donde se reveló como uno de los mejores oradores de su tiempo, en varios discursos famosos y encendidos.

Altamirano casó con Margarita Pérez Gavilán, oriunda de Tixtla también e hija de una supuesta hija natural de Vicente Guerrero: Doña Dolores Catalán Guerrero, que tenía más hijos de otro matrimonio. Estos niños, hermanos de Margarita (Catalina, Palma, Guadalupe y Aurelio) fueron adoptados por el Maestro, que les dió su apellido, convirtiéndose en los verdaderos hijos de Altamirano ya que éste y Margarita nunca tuvieron hijos propios.

En 1863 se incorporó a la lucha resultante de la invasión francesa, contra ellos y contra el imperio de Maximiliano de Hasburgo. El 12 de octubre de 1865 fue nombrado coronel por el presidente Juárez y todo fueron triunfos militares. Participó en el Sitio de Querétaro, donde, cuenta la leyenda, fue un verdadero héroe y tras derrotar a las imperiales fuerzas de Maximiliano de Hasburgo, tuvo un encuentro con él, del que hace un retrato en su Diario.

En 1867 se retiró para siempre del las armas: alguna vez declaró que le agradaba la carrera militar pero lo inspiraba más bien el ideal renacentista del “hombre de armas y letras”. Una vez restaurada la República, declaró: “mi misión con la espada ha terminado” y se consagró enteramente a las letras.

LA VIDA LITERARIA DE IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO

Este hecho, sin embargo, no lo desligó de la política pues fue en tres periodos diputado al Congreso de la Unión y, en esta, su labor legislativa quedó el principio de la educación primaria gratuita, laica y obligatoria por el que pronunció el ejemplar discurso de del 5 de febrero de 1882. Fue también procurador general de la República, fiscal, magistrado y presidente de la Suprema Corte, oficial mayor del Ministerio de Fomento, en cuyo carácter impulsó la creación de observadores astronómicos y meteorológicos y la reconstrucción de las vías telegráficas.

Sin embargo, su labor más importante fue la que desarrolló en pro de la cultura y la literatura mexicana. Maestro de dos generaciones de pensadores y escritores, organizador de las famosas “Veladas Literarias” en su casa de calle de los Héroes, Altamirano sepreocupó porque la literatura mexicana tuviera un carácter verdaderamente nacional, que llegara a ser un elemento activo para la integración cultural de un país, devastado por muchas guerras, dos intervenciones extranjeras, un imperio venido desde Austria y con poca identidad como nación. Y esto no quiere decir que despreciara la cultura de otras partes, Altamirano fue quizá el primer mexicano que exploró la literatura inglesa, alemana, norteamericana e hispanoamericana, que en su tiempo eran desconocidas por la mayoría de los hombres de letras.

En 1897 fundó con Ignacio Ramírez y Guillermo Prieto el Correo de México, pero no fue sino hasta 1859, en enero, en que apareció el primer número de su revista El Renacimiento, un hito en la historia de la literatura mexicana. Desde aquellas páginas, el maestro se propuso reunir a los escritores de todos los credos, sumando inteligencias en esta, la primera gran obra de reconstrucción nacional.

Su espíritu de tolerancia en el campo de las letras, quedó expresado en la exhortación que hizo, desde su revista en conciliar a los intelectuales de todos los bandos. Fue así como logró que escribieran ahí románticos, neoclásicos y eclécticos, conservadores y liberales, juaristas y progresistas, figuras consagradas y novatos de las letras, bohemios poetas, sesudos ensayistas, solemnes historiadores y hombres de ciencia.

Fue así como Altamirano fue el puente entre la generación del liberalismo ilustrado, representado por Ignacio Ramírez, Francisco Zarco, Guillermo Prieto, Vicente Riva Palacio y la generación de los jóvenes escritores como Justo Sierra, Manuel Acuña, Manuel M. Flores, Juan de Dios Peza y Angel de Campo.

Al terminarse el ciclo de esta revista fundó los periódicos El Federalista(1871) y La Tribuna(1875), formó la primera Asociación Mutualista de Escritores, siendo el mismo presidente y Francisco Sosa el secretario, publicó La República (1880) periódico consagrado a defender los intereses de las clases trabajadoras.

Fue profesor en la Escuela Nacional Preparatoria, la Escuela de Comercio, la de Jurisprudencia, la Nacional de Profesores y muchas más, por lo cual recibió el título de Maestro.

Cultivó la novela y la poesía, el cuento y el relato, la crítica, la historia, el ensayo, la crónica, la biografía y los estudios bibliográficos. Sus obras más importantes son:

Rimas (1871), donde tradujo la belleza del paisaje mexicano y las novelas: Clemencia (1868), considerada como la primer novela mexicana moderna, Julia (1870), La navidad en las montañas (1871), Antonia (1872), Beatriz (1873, incompleta), El Zarco (1901, publicada póstumamente y que cuenta las aventuras de un bandido, miembro de la banada de "Los Plateados") y Atenea(1935, inconclusa). Los dos volúmenes de Paisajes y leyendas (1884-1949) reúnen sus trabajos del género costumbrista, como crónicas y retratos.

El maestro Altamirano murió el lunes 13 de febrero de 1893 en San Remo, Italia hallándose en Europa por comisión de Porfirio Díaz en el Consulado de México en Barcelona y después en el de Francia. Don Joaquín Casasús, yerno de Altamirano escribió una despedida bastante famosa que se publicó después. Su cadáver fue incinerado y las cenizas trasladadas a México. Hoy, sus restos reposan en la Rotonda de los Hombres Ilustres.

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