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Jesús María, pueblo cora de la Sierra de Nayarit

Por: Leonardo Sep

La mayoría de las familias coras viven en lo alto de las montañas, en chozas rodeadas de milpas que se ven desdeel vuelo en avioneta. Los niños son llevados por sus padres los lunes a la escuela, donde estudian, comen y duermen hasta el viernes.

La avioneta sobrevuela la sierra de altos picos y profundos precipicios, hasta aterrizar en la cima de un cerro. Luego un camioncito destartalado nos conduce al pueblo de Jesús María, de clima templado y seco, que tiene unos mil habitantes. En contraste con el desértico paisaje de cactáceas, atraviesa el pueblo un río con agua transparente, también hay un puente colgante de madera.

Aunque en el pueblo hay un presidente municipal que atiende asuntos administrativos y es electo por votación abierta, la máxima autoridad es el gobernador cora, quien es líder moral y preside las ceremonias religiosas y festejos tradicionales. Además actúa como juez en conflictos cotidianos. Es un hombre de edad avanzada llamado Mateo de Jesús, de mirada profunda y parca conversación, pero de saludo amable.

El gobernador y su cabildo de doce hombres tienen como sede la Casa Real, una sólida construcción que por fuera es de piedra y barro, y en su interior todo es mágico. El piso es de petate, las largas bancas son de troncos cortados a la mitad y en el centro hay un gran equipal. Guajes y jícaras cuelgan de muros y techo, adornados con plumas y listones. Mientras los miembros del cabildo cora discuten asuntos de la comunidad en su lengua autóctona, alguno fuma y otro duerme. Al atardecer dan lectura, en cora y español, a un escrito donde manifiestan su interés por preservar su cultura y la naturaleza, el cual ha de ser también leído el primero de enero en la ceremonia de renovación de poderes, cuando tome posesión el nuevo gobernador y sus doce mandatarios, cuyos cargos serán ocupados durante un año.

Las ceremonias se pueden extender durante varios días y noches, acompañadas de música y baile. Pudimos presenciar dos de ellas,relativas al cambio de poderes: un ritual de varios jinetes a caballo y una danza de hombres con máscaras hechas en red de chaquira, en donde una niña de 12 años fungía como La Malinche. Otra festividad importante es la de la Semana Santa, en que La Pasión se representa con los cuerpos semidesnudos pintados de colores. En el pueblo también hay indígenas huicholes, con quienes los coras conviven de manera pacífica, así como una veintena de familias mestizas.

La iglesia es católica, aunque existe un sincretismo de centenarias tradiciones. Si bien es poco usual la figura del sacerdote, la gente entra al templo a orar con devoción y a bailar diversas danzas rituales en las celebraciones. Depositan pequeñas ofrendas ante las figuras de Jesucristo y de los santos, tales como: flores de papel, pequeños tamales, vasijas con pinole y copos de algodón.

Algo peculiar son los tamales que, a diferencia de otros sitios, aquí son secos y duros, y se cocinan en un horno de barro.

Desde la infancia hasta la edad adulta, la vestimenta es muy diferente entre mujeres y hombres coras. Ellas usan faldas hasta el tobillo y blusas con olanes, en las que predominan los colores morado y rosa intenso. Los hombres, en cambio, han modernizado su vestimenta, pues visten por lo general estilo vaquero con pantalón de mezclilla, botas y sombrero tipo tejano, debido en parte a que muchos de ellos se van a trabajar “al otro lado”, y así como traen dólares también importan mercancías y costumbres estadounidenses. Aquí, como en otras regiones de México, son las mujeres quienes mejor conservan los atuendos autóctonos y otras tradiciones. Casi todos los hombres, sin embargo, portan morral cora de algodón con brillantes colores. Muy pocos aún conservan el sombrero original de ala plana y copa semiesférica.

El pequeño hotel del lugar, una casa cubierta de tejas iluminada con la ayuda de un acumulador de automóvil, es administrado por una hiperactiva mujer mestiza, de nombre Bertha Sánchez, quien maneja en el mismo local otros negocios: restaurante, mueblería, tienda de artesanías y fotografía. En sus ratos libres da clases de catecismo a los niños.

Hasta hace poco tiempo el pueblo estuvo alejado de la civilización, pero ahora con el progreso, ha cambiado su fisonomía, pues las hermosas casas de piedra, adobe y teja han empezado a ser sustituidas por casas de block y losas planas de cemento. En los edificios construidos por el gobierno –escuela, clínica,biblioteca y palacio municipal– no se tiene ningún respeto por el entorno original.

Aunque a la mayoría de los lugareños aparentemente les intriga e incluso incomoda la presencia de forasteros, éste es un lugar donde se puede palpar el misterio de regresar al pasado.

Si usted va a Jesús María

Para llegar hay dos formas: por avioneta que hace media hora o 40 minutos de vuelo –según salga, respectivamente, de Tepic o de Santiago Ixcuintla–, o bien por camino de terracería en el que se hacen ocho horas hacia el noreste de la capital del estado, pero con poca seguridad.

El viaje en avioneta no tiene horario, ni fecha, ni destino de regreso precisos, ya que éste puede ser Santiago o Tepic.

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