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Joc-lo: El carnaval de la Mixteca Baja

Por: Alejandro Zenteno Chávez

La Mixteca Baja es compartida por los estados de Puebla y de Oaxaca. En la parte sur de Puebla se localizan los pueblos de Xayacatlán de Bravo y San Jerónimo Xayacatlán donde se efectúa anualmente el canaval de Joc-lo.

Este carnaval se inicia desde el domingo anterior al miércoles de ceniza (penúltima semana de febrero), continúa el lunes y el martes, y culmina el miércoles siguiente con la quema del gallo. El origen de este carnaval se pierde en el tiempo. En realidad es una mezcla de costumbres paganas y católicas, donde también subyacen algunas raíces de los lejanos ancestros prehispánicos. Como todo carnaval, se ha ido nutriendo de corrientes populares, tanto en la música como en el baile, por lo que es notoria su paulatina transformación. Desafortunadamente, en los últimos años, la influencia de la televisión ha desvirtuado en cierta medida la forma de festejarlo. Así podemos contemplar, por una parte, una tarima sobre la que se coloca una banda con instrumentos como saxofones, trompetas, guitarras y contrabajo y, frente a ésta, a una distancia aproximada de 100 m, un grupo “moderno” que toda “El baile del perrito”. “La Macarena” y otras canciones trilladas. Lo peor del asunto es que llevan unas bocinas muy potentes, y tocan cuando el primer grupo también lo está haciendo, en una actitud que adolece de todo respeto por los participantes, en general.

Afortunadamente, algunos barrios han tratado de conservar la esencia del carnaval. Realizan las ceremonias tal y como sus abuelos las efectuaban y conservan un tipo de música y de baile ajenos a la vulgaridad de hoy en día.Según refieren los ancianos del pueblo, los instrumentos usados antiguamente en el carnaval eran violines y un guitarrón llamado bajo sexto. Hoy este último raras veces se utiliza, sin embargo los violines han permanecido y se les ha agregado, desde mediados de este siglo, los saxofones y las trompetas. La sección de Barranca Salada es un barrio de San Jerónimo Xayacatlán que se esmera en conservar la tradición. Su grupo de músicos, comandado por un trío de saxofonistas, interpreta sones, jarabes, chantees y otras melodías preparadas exclusivamente para la ocasión. Todos los participantes ensayan los tres viernes anteriores a la fiesta, convocados a través de un cuerno de toro perforado en la punta. Hay bailables con coreografías complejas, como “El mecate”, “El son grande”, “El son chico”, “El torito” y “La cruz”. Por tal motivo se deben ensayar con intensidad, y a la vez preparar los sainetes que se presentan entre baile y baile, a la manera del teatro español.

El domingo es el día de mayor concurrencia, pues además de reunirse los distintos contingentes de los barrios de San Jerónimo Xayacatlán, se integran también los Xayacatlán de Bravo. El sonido del cuerno es la señal que convoca a la reunión, en la casa del capitán, de los hombres que habrán de disfrazarse como “viejos” o como “marías”. El origen de esta costumbre es una incógnita; lo cierto es que, según la tradición, a cada hombre le toca disfrazarse por siete años consecutivos de personaje de un sexo, y en los otros siete años siguientes del personaje opuesto. Hay quienes forman pareja de marido y mujer y quienes solamente son “novios”, aunque al calor de las copas nunca ha de faltar quien le ponga los cuerno a su consorte.

El tremendismo de la televisión también ha impulsado a muchos jóvenes a disfrazarse de gorilas, vampiros y otros seres horripilantes engendrados por la fantasmagoría yanqui, y mezclados con el surrealismo folclórico de los luchadores actuales. Resulta imposible evitar estas aportaciones pues muchos de los habitantes de la región trabajan o han trabajado de braceros en Estados Unidos. En el desfile de monstruos también aparecen algunos políticos mexicanos mucho más siniestros que Drácula yTerminator, hambre al país entero. Sin embargo, no faltan los héroes que les hacen frente, en pleno sainete, mientras el pueblo aprovecha para ridiculizar a aquellos otros.

El arribo a la Plaza Municipal se efectúa al mediodía. Los contingentes de los distintos barrios cubren las veredas polvosas con gran algarabía, bailando algunos y gritando otros el incansable yiuju, haciendo gala de la energía que desplegarán en la fiesta. Entre las personalidades distinguidas podemos reconocer a Fidel Castro, Pedro Infante, Jorge Negrete, Cantinflas, Samuel Ruiz, “El pelochas”, Fidel Velázquez, Rambo, el subcomandante Marcos, Raúl Velasco, Bill Clinton y Sadam Hussein... Entre las “marías” no descubrimos a ninguna diva pues las que no llevan paliacate en el rostro se cubren con máscaras de facciones tan finas que hacen curioso contraste con las pantorrillas musculosas y peludas de aquellas que no visten mallas o doble media.Todos estos personajes bailan hasta entrada la noche.

La última danza con coreografía es “La Cruz”, y luego se prosigue con el baile popular hasta que los coheteros se apoderan de la celebración, iluminando el cielo y regocijando a la concurrencia.Las girándulas se prenden como efímeras galaxias cuya luz se consume en pocos segundos. Las bombas ascienden hacia la negrura de la noche y estallan como supernovas. Los toritos se escapan de sus corrales y bailan con sus penachos incandescentes o simulan una pamplonada persiguiendo a los chamacos. Un par de burritos de cartón aprovecha la fogosidad del momento y ejercita la inmortal y divina acción amorosa, anticipándose a la primavera. Uno tras otro, los castillos se van consumiendo hasta que al final se enciende el mayor de todos; su luz ilumina la plaza entera, al tiempo que la comunidad se entrega al baile: gira alrededor del mástil con el corazón encendido, y danza y canta con el impulso que les viene de milenios pasados.Como en todo carnaval nunca falta quien no pega el ojo día y noche, desde que se lanza el primer cohete hasta que se dispersan los últimos borrachos. Para ellos hay música, bebida y comida en todo momento. A veces el banquete es tal que se necesita corretear de nuevo a las gallinas, y ejecutar otros puercos y borregos para cubrir la demanda de los que no alcanzaron.Durante todo el carnaval, principalmente el domingo, los comerciantes aprovechan para vender su mercancía en el tianguis que se levanta junto al terreno donde se realizan los bailes.

Todas las comunidades aledañas acuden al pueblo para ofrecer sus productos, entre los que se distinguen los tradicionalesdita nduchi(tortillas de frijol con chile y hoja de aguacate) y eltempezquixtle, una fruta similar a la uva que se hierve o se hornea y se condimenta con sal. Y los comerciantes, como parte del festejo, también son víctimas de algunas vaciladas de los personajes picarescos que deambulan por todas partes.El día lunes prosigue el baile desde la mañana hasta la noche, éste se realiza en cada barrio, donde los “viejos” y las “marías” amenizan con su fandango. Algunos, sin quintarse el disfraz, aprovechan los intervalos para echarse una pestañita y guardar fuerzas para el bailongo que les espera.El martes los danzantes se concentran frente a la Presidencia Municipal, solicitando al personal del Ayuntamiento su cooperación para la festividad. Después inician un recorrido por todo el pueblo, mientras en la casa de uno de los capitanes encargados de organizar el festejo, las señoras preparan los alimentos de los participantes. Al finalizar el recorrido, entre las 10 y las 11 de la noche, se disfruta la comida y se procede a leer el informe de ingresos y egresos, así como a la elección de los nuevos capitales encargados de organizar el evento del año siguiente.Al finalizar estos procedimientos todo el pueblo se prepara para el momento culminante del carnaval: la quema del gallo. Pero antes “El son grande” se baila como preludio de la significativa ceremonia de inmolación.

Cuando termina la música uno de los “viejos” toma un gallo rojo, realiza la limpia y pronuncia en mixteco una oración para que el animal se lleve todos los desmanes cometidos durante el baile.Concluida la ceremonia, el gallo se cuelga por las patas de una estructura de madera. Ahí será desplumado y descuartizado por los danzantes mientras la banda entona una canción simbólica. Cada pluma y pedazo de carne, arrancados a manotazos, son echados a una fogata construida con tunales secos. Cuando se están consumiendo los últimos vestigios del gallo, los danzantes aprovechan para descubrir sus rostros y algunos de ellos queman su indumentaria.Terminada la inmolación se coloca sobre la estructura de madera una cruz hecha con carrizos secos y flores. Entonces se inician el Rosario y los cánticos de alabanza a Dios.La ceremonia termina al rayar el alba. Con ella también el carnaval, cuyos participantes, como las cenizas, se dispersan entre las calles del pueblo, volviendo Xayacatlán a su habitual ritmo de vida.

LA QUEMA DEL GALLO

Hay que recordar que el descuartizamiento del gallo, un acto de salvajismo para muchas personas, tiene sus raíces en las ceremonias de inmolación tanto de los pueblos cristianos como de los pueblos indígenas. El Antiguo Testamento es pródigo en la descripción de sacrificios, particularmente en los primeros libros, como Levítico y Números, donde se ofrendan, en holocausto, becerros, carneros y otros animales, derramando su sangre al pie de los altares y cremando el cuerpo. Las guerras floridas entre los nahoas, y los sacrificios de doncellas, entre los mayas, son tan sólo un par de ejemplos de la cuota de sangre que nuestros antepasados han tenido que pagar como tributo a sus dioses. Aunque en lo particular no nos agrada ningún sacrificio, sin embargo han existido en casi todos los pueblos y representan una expresión cultural que merece ser estudiada por antropólogos, sociólogos, psicoanalistas y otros profesionales del comportamiento humano.

SI USTED VA A SAN JERÓNIMO XAYACATLÁN

Partiendo de Izúcar de Matamoros hacia el sureste, por la carretera núm. 190, a 87 kilómetros llegará a Acatlán de Osorio, donde a pocos kilómetros en dirección noreste se encontrarán los poblados de Xayacatlán de Bravo y San Jerónimo Xayacatlán.

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