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Las pinturas rupestres de Aguascalientes

Por: Homero Adame Martínez

En México existe una infinidad de lugares con caprichosas formaciones rocosas, zonas telúricas donde se percibe una energía muy particular, misteriosa, fuerte, como en Cumbres de Majalca en Chihuahua, Piedras Encimadas en Puebla o Cerro de los Órganos en Zacatecas,.

En México existe una infinidad de lugares con caprichosas formaciones rocosas, zonas telúricas donde se percibe una energía muy particular, misteriosa, fuerte, como en Cumbres de Majalca en Chihuahua, Piedras Encimadas en Puebla o Cerro de los Órganos en Zacatecas, por citar unos cuantos; en muchos de estos sitios la soledad del silencio se conjuga con las reminiscencias del pasado; de un pasado en que un anónimo ser humano plasmó en la roca el sentir de su entorno, con un arte incipiente pero avasallador y sencillo que habla de una idiosincrasia sin duda dictada por la naturaleza. Así, encontramos figuras onduladas que indican agua; animales que señalan la existencia de caza, dibujos antropomorfos que hablan de los pobladores, y muchos otros motivos que rebasan nuestra imaginación y las explicaciones modernas. El estado de Aguascalientes, aunque pequeño en territorio, cuenta con muchos parajes todavía inexplorados en su totalidad, como su campiña y su región montañosa.

Es una entidad donde la vida y la economía se han centralizado en su ciudad capital, obligando así a que cada vez más el campo vaya deshabitándose. Las escasas lluvias influyen para que la agricultura sea magra en una buena parte de su territorio; la ganadería nunca ha sido primordial, la explotación de las minas de plata ha quedado en el recuerdo y el sector turismo se ha concentrado casi exclusivamente en la capital. Todo esto ha propiciado que las áreas montañosas, sin ser muy escarpadas o inexpugnables, aún mantengan innumerables secretos por descubrir.  En muchas ocasiones, meterse en un camino secundario puede llevarnos al encuentro de grandes sorpresas, como es el caso de la ruta a Tapias Viejas, la cual desde la carretera principal (Aguascalientes-Calvillo) invita a que entremos a recorrerla para penetrar en un mundo poco conocido por el público en general.

Vamos manejando por la cinta asfáltica y seguimos el señalamiento rumbo a El Ocote, y poco a poco nos vamos internando entre ese lomerío, el cual por momentos se torna impresionante gracias a sus afilados picos. Así, entre curvas y bellos paisajes yermos arribamos a El Ocote. Fue entonces cuando inquirimos a alguien por cualquier cosa relacionada con esas formaciones geológicas, como por ejemplo: “Oiga, me dijeron que por aquí hay unas pirámides de los indios de antes”, a lo que nuestro interlocutor responde: “No, que yo sepa d’eso, no, pero allá hay unos dibujos en las piedras, que dicen las hicieron los indios”. De esa manera nos percatamos de que El Ocote tiene algo de interés que mostrar al visitante. Ya entrados en la terracería, en las proximidades de la presa, advertimos otras importantes formaciones que nos recordaban a las Piedras Encimadas de Puebla. Y rato después, enclavado entre un mundo de peñas y paisaje árido, sólo contrastado por algunas verdes parcelas de cultivo, más allá de la presa de El Ocote se localizan las pinturas rupestres más conocidas de Aguascalientes. Casi tres horas buscando entre paredes y rocas y sólo encontramos esas, como una aguja en un pajar.

¿Habrá otras? Seguramente, aunque el dónde queda abierto, pese a que algunos campesinos afirman que en lugares más distantes hay otro grupo de pinturas, pero que están tan retiradas que ni yendo todo el día en burro se accede a ellas, aparte de que casi nadie las conoce, razón por la cual es difícil hallar a alguien que nos guíe.  Esas pinturas cercanas a la presa, cuyas réplicas, por cierto, fueron dibujadas en los murales a la entrada del Palacio de Gobierno de Aguascalientes, constan de figuras zoomorfas (una de ellas reproduce algo así como ¡un canguro saltando!), antropomorfas y ondulaciones que representan agua (no muy lejos de ahí hay un pequeño arroyo).

Sin embargo, lo extraño es que entre todo ese grupo de formaciones rocosas sólo ahí, en esa hondonada de la roca, las descubramos. y la respuesta viene de los mismos campesinos, quienes, sin bajarse de sus burros, nos dicen que en el pasado había más, pero que gente de lejos, de allá de Aguascalientes (!), han venido a llevárselas, arrancándolas a punta de cincel y martillo. Al caminar y rastrear el suelo advertimos pedacería de cerámica burda, pedernales en colores blanco y café, y fragmentos de puntas de flecha; esto indica que el sitio estuvo ocupado como habitación, refugio o punto estratégico para la caza, y que ahí, precisamente en esa hondonada, hubo alguien que se inspiró para plasmar su sentir artístico, o como simplegraffitide su época, para dejar seña de su paso sobre la tierra, o incluso para indicar algo a sus congéneres en un lenguaje pictórico muy singular.

Pese a ubicarse al sur del Trópico de Cáncer, es obvio que el lugar perteneció a la vastedad de esa Aridoamérica menospreciada por los historiadores y eruditos modernos; donde en cada rincón existe un secreto, una huella, un rasgo que forma parte de un eslabón o pieza de ese gran rompecabezas que es la historia del norte de México. Y, aunque parezca absurdo, este es el sitio donde se ha escrito la poca historia antigua de Aguascalientes; historia a la cual aún le falta mucho por descubrir y que posiblemente se halle plasmada entre las rocas o sepultada bajo el polvo del tiempo, entre esos cañones todavía inexplorados y silenciosos. 

SI USTED VA A EL OCOTE

 Saliendo de Aguascalientes tiene dos opciones. Tome la carretera Núm 70 a Calvillo y a 22 km desvíese a Tapias Viejas y continúe hasta El Ocote. La segunda es tomar la misma carretera a Calvillo y a 8 km tome a su izquierda para seguir por la carretera núm 71 hacia Villa Hidalgo, Jalisco. A 23 km encontrará el entronque hacia El Ocote. Una vez en el poblado, pregunte cómo llegar a las pinturas.  Fuente: México desconocido No. 280 / junio 2000  activo no   \N \N \N \N no

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