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Los mayas de las selvas, montañas y planicies

Por: Mercedes de la Garza Camino

Te presentamos la historia de esta cultura cuya zona de influencia abarcó los estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Chiapas y parte de Tabasco, en la República Mexicana, así como Guatemala, Belice y porciones de Honduras y El Salvador.

En un extraordinario y rico medio natural formado por grandiosas selvas que reciben una abundante precipitación pluvial; por caudalosos ríos como el Motagua, el Grijalva y el Usumacinta; por cadenas montañosas de origen volcánico, por lagos cristalinos y espesos bosques, y también por regiones planas casi sin ríos ni lluvias pero con innumerables corrientes y depósitos de agua conocidos como cenotes, se asentaron en tiempos prehispánicos, hacia el año 1800 a.C., alrededor de 28 etnias que hablaban distintas lenguas (como la maya yucateca, la quiché, la tzeltal, la mam y la k’ekchi’), aunque procedentes todas de un tronco común, y desarrollaron una gran cultura que ha trascendido el tiempo y el espacio por sus originales y sorprendentes creaciones: la civilización maya.

La región, de casi de 400 000 km2, abarca los actuales estados de Yucatán, Campeche, Quintana Roo y partes de Tabasco y de Chiapas en la República Mexicana, así como Guatemala, Belice y porciones de Honduras y El Salvador. A la riqueza y variedad del área geográfica corresponde la de su fauna: hay grandes felinos como el jaguar; mamíferos como monos, venados y tapires; numerosas especies de insectos; peligrosos reptiles como la víbora nauyaca y la cascabel tropical, y hermosas aves como el quetzal, la guacamaya y el águila arpía.

Este variado medio natural se reflejó en la expresión artística y en la religión de los mayas. El mar, los lagos, los valles y las montañas inspiraron sus ideas sobre el origen y la estructura del cosmos, así como la creación de imponentes espacios sagrados en el corazón de sus ciudades. Los astros, principalmente el Sol, los animales, las plantas y las piedras fueron para ellos manifestaciones de las fuerzas divinas, que también se hermanaban con el hombre por poseer un espíritu y una voluntad. Todo ello revela un excepcional vínculo del hombre con la naturaleza, una relación de respeto y de armonía basada en una conciencia de unidad cósmica que fue y es medular en la cultura maya.

Los mayas estructuraron poderosos estados independientes, gobernados por grandes señores de ilustres linajes que eran hábiles políticos, valientes guerreros y, a la vez, sumos sacerdotes. Desplegaron un activo comercio y compartieron con otros pueblos mesoamericanos el cultivo del maíz, el culto a las deidades de la fertilidad, los ritos de autosacrificio y del sacrificio humano, y la construcción de pirámides escalonadas, entre otros aspectos culturales. Asimismo, desarrollaron una concepción cíclica del tiempo y una sistematización del devenir que regía la vida entera: dos calendarios, uno solar de 365 días y uno ritual de 260, se coordinaban para formar ciclos de 52 años.

Pero además los mayas crearon el sistema de escritura más avanzado de América, combinando los signos fonéticos con los ideográficos, y destacaron por sus extraordinarios conocimientos matemáticos y astronómicos, pues emplearon el valor posicional de los signos y del cero desde principios de la era cristiana, lo que los sitúa como los inventores de la matemática a nivel mundial. Y tomando el momento de un suceso mítico como “fecha era” o punto de partida (13 de agosto del 3114 a.C. en el calendario gregoriano) registraron fechas con sorprendente precisión en un complejo sistema llamado Serie Inicial, para dejar fiel constancia escrita de su historia.

Los mayas también destacan entre los otros pueblos mesoamericanos por su elegante arquitectura, su refinada escultura en piedra y en estuco, y su excepcional arte pictórico, que los muestran como un pueblo profundamente humanista. Ello se corrobora en sus mitos cosmogónicos, en los que el mundo es creado para habitación del hombre, y éste para alimentar y venerar a los dioses, idea que coloca al hombre como el ser cuya acción ritual propicia el equilibrio y la existencia misma del cosmos.

La grandiosa civilización maya fue truncada por los conquistadores españoles entre 1524 y 1697, pero las lenguas, las costumbres cotidianas, las tradiciones religiosas y, en suma, la concepción del mundo que crearon los antiguos mayas, pervivieron de algún modo en sus descendientes durante la época colonial y se mantienen vivas hasta la fecha.

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