Buscador
Ver revista digital
Arte y Artesanías

Andrés Lhima, de luchadores, anafres y mazorcas

26 Andres Lhima D.
© Zian Fanti

Hace una década Andrés Lhima tuvo la oportunidad de exponer en Nueva York un destapador en forma de luchador. Desde entonces ha ido consolidando un estilo de diseño mexicano divertido y muy sabroso.

Si eres de aquellos a quienes importa lo ingenioso y divertido de los objetos, quizá conozcas la colección Luchador Destapador, el debut en diseño de Andrés Lhima. Este 2021 está lanzando una nueva colección de obras que juegan con la imagen del maíz. Date una vuelta por sus productos, seguramente disfrutarás mucho el recorrido.

Lee: Ariel Rojo, la creatividad de lo más mínimo al máximo

Andrés Lhima INC

Entrevisté a Andrés vía zoom en vísperas de Design Week México 2021. En una suerte de introducción me contó cómo iba su día. El itinerario involucraba distribuir sus piezas, dar clases a distancia y organizar temas administrativos (ventas, inventarios). Ser diseñador industrial está muy lejos de ser un artista que espera vivir de sus regalías; al menos no es así para él.

Andrés es el mayor de dos hermanos; su infancia ocurrió cerca del barrio de Peralvillo, nació en la colonia San Simón Tolnahuac, por lo que los mercados, Tepito y Tlatelolco forman parte de su cultura visual y urbana. Su padre es ingeniero y su madre educadora; la combinación de una crianza llena de colores sumado al análisis y la avidez lectora de su padre arrojaron buenos frutos.

Cuando presume en su currícula que sus piezas se venden en el MoMA (Museum of Modern Art de Nueva York) nadie imaginaría los vericuetos de las regalías y las dificultades de la distribución que enfrenta Andrés. Y lo hace con gusto. “Ando tras la chuleta”

¿Así te apellidas o es tu marca?

Andrés se ríe. Juega. Su naturalidad provoca confianza, entre otras cosas porque en su discurso hay un nosotros en el que suma a los maestros de los talleres de cerámica, de los moldes, de los marcos, donde produce sus piezas, quien hace las fotos, de quienes habla con nombre y apellido y los considera parte de su marca a la que le puso una h muda que lo distingue de otro Andrés Lima, sin h.

Así en su staff se suma Rubén, Nancy, Marco, Raúl Reyes y, desde luego, Raquel, su compañera de vida y con quien ha recorrido los senderos del mundo gastronómico. Este encuentro afortunado lo ha llevado a preguntarse sobre sabores, combinaciones y a explorar más en el terreno de los sabores. 

La magia de lo cotidiano

Andrés se permite preguntarle a los maestros de los talleres, a los alumnos, a quienes lo rodean. Él se pregunta, se permite ir más allá en el ejercicio y cuestiona los objetos.

Cuando llega a un lugar, en México o en el mundo, pues ha tenido la fortuna de ir a Francia, China y Estados Unidos para la exhibición de sus piezas, se fija en lo cotidiano, en los pequeños detalles y, desde luego, en los objetos.

Platos, vasos, sillas, si son hechos aquí o allá, si el terminado es artesanal o cómo se produce… su mente juega y pregunta, observa, analiza. Y es en la cultura mexicana donde ha encontrado una gran riqueza y fuente de inspiración para separar de lo cotidiano objetos que quizá a un mexicano cualquiera podría parecerle una obviedad, así nació el anafre, el plato/tlacoyo y ahora el florero mazorca.

Los luchadores

Preguntando y tomando las oportunidades fue cómo ganó el primer lugar en el México Design Challenge, Desarrollando Talento Mexicano, un proyecto organizado por la empresa estadounidense Kikkerland Desing, Ariel Rojo, Gava Design y la UNAM. 

Ahora Andrés compra a Kikkerland las piezas de la colección Luchador Destapador para poder venderlas en conferencias o entre conocidos. Con esta pieza debut conquistó ferias, bienales y tiendas de museos, incluido el de Antropología.

Cada luchador es un mini combatiente aplicando las famosas llaves a su oponente, en este caso una botella. La colección cuenta con 3 luchadores, aplicando 3 técnicas únicas para abrir tu bebida.

Luego vino Fidencio, un sofá hecho con malla de bolsas de mercado; esto ocurrió en 2012 cuando era verdaderamente audaz usar botellas, fundas y mallas como de bolsa de mandado. Sacar de contexto y dejar hacer su magia.

Parece sencillo pero en realidad el proceso involucra preguntas, materiales, tiempo, análisis. “Como que no me sabe, si no me clavo”

¿El Monsiváis del diseño?

Sin proponérselo, pues no es tan ácido y crítico como el escritor Carlos Monsiváis, sus objetos vienen de esa misma cultura que fue el centro de análisis del también cronista de la Ciudad de México.

Las reflexiones culturales de Monsiváis podrían quizá equipararse a la afición de la lucha libre, el afecto a las bolsas de mandado o el culto al tlacoyo de la doñita de la esquina, que cocina sobre un anafre. Las escenas de la mexicanidad afloran y uno, parado del otro lado del escaparate, no puede más que reconocerse en las piezas y llevarlas al espacio íntimo cotidiano para hacer la vida más bella, divertida y propia.

autor Editora en jefe del sitio México Desconocido. Quiero contagiar mi pasión por México.
Suscríbete al Newsletter

Recibe infomación sobre eventos, escapadas y los mejores lugares de México directo en tu correo.

Comentarios