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Desafía tus límites en las Barrancas del Cobre

La aventura que las Barrancas del Cobre ofrecen no tiene comparación. La emoción que se vive a estás alturas es inigualable.

Foto: Marcos Ferro
Isabel Silva

Isabel Silva

Me lanzo al vacío entre inmensos cañones. El paisaje desborda mi vista, siento que no termino de ver incontables kilómetros de profundas barrancas; la roca color cobre de sus paredones es cálida, pero la distancia que me separa de la base y el inmenso cielo me da vértigo. Siempre he tenido una atracción por el vacío, por los espacios aéreos; no puedo ver un desfiladero sin sentir la imperiosa necesidad de salir corriendo y saltar —claro, mi antojo incluye alas o por lo menos un parapente—. Estoy parada al filo de las Barrancas del Cobre y tengo esa inquietante sensación, pero, esta vez, me siento increíblemente pequeña, porque el paisaje no acaba, sino que continúa tan lejos que no tengo idea de cuánto estoy viendo, todo hacia el horizonte es sierra y cañones.

Marcos FerroFoto: Marcos Ferro

El Chepe, el famoso y único tren de pasajeros del país, me trajo a la estación Divisadero, donde el Parque de Aventura Barrancas del Cobre satisface mi urgencia de meterme hasta el fondo de dichos cañones. Existen un montón de opciones: la vía ferrata inicia con un rapel y sigue por puentes colgantes, angostas repisas de madera empotradas a la roca y un péndulo estilo Tarzán; para quien quiere separar los pies del suelo, hay siete tirolesas —una de más de un kilómetro de largo— por las que se baja a una velocidad de entre 60 y más de 100 kilómetros por hora. Si eres insaciable, pregunta por el Ziprider, otro descenso por cable aún más veloz. Las caminatas o recorridos en bicis de montaña son la manera más tangible de apreciar las barrancas. Aunque los guías son tarahumaras, y en la parte de abajo de los descensos puede visitarse un museo sobre su cultura, ya desde la estación de trenes de Chihuahua había comenzado a sentirme maravillada por su orgullosa fisonomía, sus blusones holgados de colores vivos, sus artesanías...

Marcos FerroFoto: Marcos Ferro

En una parada anterior a Divisadero, en Creel, entendí la fortaleza de estos corredores de montaña al observar los desniveles de la sierra por la que los tarahumaras deben subir y bajar en su vida cotidiana: la sierra, el entorno rarámuri por excelencia. Todas las vistas son fabulosas, pero una que sin duda se quedará en mi memoria por siempre es la del Mirador de las Estrellas, sobre todo porque llegamos hasta ahí en cuatrimoto. Después de tantas experiencias de altura, fue necesario poner los pies en la tierra de nuevo; emprendimos una caminata por la comunidad de Guimayvo, Cerro Colorado, y la visita panorámica a El Fuerte y Batopilas fue entrañable. 


Marcos FerroFoto: Marcos Ferro

Imprescindibles de Chihuahua

  • Hacer la ruta menonita en Ciudad Cuauhtémoc: recorrer el museo y visitar la quesería, iglesia y escuela de la comunidad. 
  • Admirar la Cascada de Basaseachi ofrece una vista espectacular; con su caída de 246 m.
  • Al llegar vía Chihuahua capital, es posible visitar una mansión porfiriana: la Quinta Gameros.
  • Probar las mermeladas y conservas de Creel; el sabor auténtico de los frutos serranos. De Chihuahua a Creel son 258 km.
  • Apreciar la belleza del Valle de los Hongos en San Ignacio Arareko, a 8 km de Creel.

Los editores recomiendan: Tips viajero Barrancas del Cobre (Chihuahua)

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