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Un descenso para medir la cascada de Basaseachi en Chihuahua

La experiencia de descender junto al potente chorro de agua, oír su estruendo y sentir su fuerza es impresionante. Date un tiempo para viajar a este paraje, donde parece nacer la aventura y donde no podrás escapar a las emociones fuertes, pero a la vez, bellas. ¡No te lo pierdas!

Hace algunos meses, los miembros del Grupo de Espeleología de Ciudad Cuauhtémoc (GEL), Chihuahua, me invitaron para que organizáramos un descenso en rapel por la pared rocosa de la cascada de Basaseachi, la más alta de nuestro país y con fama de ser una de las más bellas del mundo. El asunto me interesó bastante, así que antes de entrar de lleno a la preparación de dicho descenso, me dediqué a buscar información sobre el sitio.

La referencia más antigua que encontré sobre esta espectacular cascada data de fines del siglo pasado, y aparece en el libro El México Desconocido del explorador noruego Karlo Lumholtz, quien durante sus recorridos por la Sierra Tarahumara la visitó.

Lumholtz menciona que “un experto minero de Pinos Altos que ha medido la altura de la cascada, halló que tenía 980 pies”. Esta medida pasada a metros nos da una altura de 299 m. En su libro, Lumholtz nos describe brevemente la belleza del sitio, además de presentar una fotografía de la cascada tomada en 1891. En la Reseña Geográfica y Estadística de Chihuahua,publicada en 1900 por la Librería de la Viuda de C. Bouret, se le asigna una caída de 311 m.

Fernando Jordán en su Crónica de un País Bárbaro(1958) le da una altura de 310 m, y en una monografía del estado editada por el centro librero “La Prensa” en 1992, se le da una magnitud de 264 m. Encontré muchas referencias más sobre la cascada y en la mayoría de ellas hablan de que su caída de agua mide 310 m; incluso algunas mencionaban que medía 315 m.

Quizá uno de los libros más dignos de crédito que encontré fueNational Parks of Nortwest Mexicodel norteamericano Richard Fisher, publicada en 1987, en donde se menciona que el geógrafo Robert H. Schmidt midió la cascada y le asignó una altura de 806 pies, es decir 246 m. Este último dato coloca a Basaseachi como la vigésima cascada del mundo y la cuarta en Norteamérica.

Ante tal discrepancia en las medidas propuse a los miembros del GEL que aprovecháramos el descenso de que hablamos para medir la altura de la cascada y así salir de dudas sobre esta dato; la propuesta que fue aceptada de inmediato.

EL GRUPO DE ESPELEOLOGÍA DE CIUDAD CUAUHTÉMOC

La invitación a este descenso me pareció interesante ya que me la hacía uno de los grupo espeleológicos más antiguos y sólidos de México, con quienes me interesaba compartir experiencias y exploraciones. Este grupo se inició en 1978 bajo la iniciativa y entusiasmo de varios excursionistas y exploradores de Cuauhtémoc, quienes se pusieron como primer objetivo efectuar el descenso al bellísimo Sótano de las Golondrinas, en San Luis Potosí (objetivo logrado con todo éxito). El doctor Víctor Rodríguez Guajardo, Oscar Cuán, Salvador Rodríguez, Raúl Mayagoitia, Daniel Benzojo, Rogelio Chávez, Ramiro Chávez, el doctor Raúl Zárate, Roberto “el Nono” Corral y José Luis “el Casca” Chávez, entre otros, fueron inicio y motor de este grupo que ha seguido activo en sus exploraciones y recorridos, motivando y promoviendo el conocimiento de las bellezas geográficas del estado de Chihuahua. Además, es pionero en todos los estados norteños del país.

Finalmente salimos rumbo a Basaseachi desde Cuauhtémoc la tarde del 8 de julio. Éramos un grupo numeroso, 25 personas, ya que nos acompañaban los familiares, esposas e hijos de varios de los miembros del GEL, porque esta excursión puede combinar muy bien con la familia debido a las facilidades existentes en el Parque Nacional Basaseachi.

COMIENZA LA AVENTURA

El día nueve nos levantamos desde las 7 a.m. para efectuar todos los preparativos del descenso. Con las cuerdas y el equipo nos trasladamos hasta la orilla de la cascada. Gracias a las lluvias que han caído fuerte en la sierra, llevaba un volumen de agua considerable que se desplomaba espectacularmente hacia el inicio del cañón de Candameña.

Decidimos establecer la línea principal de descenso en un punto que se encuentra como 100 m arriba a la derecha del mirador, y unos 20 m arriba de la cascada. Este punto es excelente para bajar, ya que salvo los primeros 6 ó 7 m, la caída es libre. Ahí colocamos un cable de 350 m de longitud. A esta la llamamos la ruta GEL.

Aunque la ruta GEL es bastante buena y presenta vistas bellísimas de la cascada, decidimos establecer otra línea de descenso que estuviera más cercana al torrente con el fin de sacarle mayor provecho fotográfico a la cascada. Para esto sólo encontramos una opción que estaba a unos 10 m del inicio de la caída de agua. El descenso por esta parte esta bien, sólo que a partir de la mitad de la caída la ruta era cubierta por el chorro de agua, ya que éste se expande a medida que va descendiendo.

En esta segunda ruta anclamos dos cables, uno de 80 m que es por donde bajaría el explorador que la haría de modelo, y otro de 40 m por el cual descendería el fotógrafo. Este camino no llegaba hasta el fondo de la cascada y lo llamamos la “ruta fotográfica”.

El primero en efectuar el descenso fue el joven Víctor Rodríguez. Revisé todo su equipo y lo acompañé en el inicio de su viaje. Con gran serenidad empezó a bajar y poco a poco se fue perdiendo en la inmensidad de la caída.

De fondo teníamos un pequeño lego y el inicio del río de Candameña que se va culebreando por las verticales paredes del cañón del mismo nombre, Después de Víctor bajaron Pino, Jaime Armendáriz, Daniel Benzojo y Ramiro Chávez. El descenso en rapel en caídas de cierta magnitud como esta, lo efectuamos con un sencillo y pequeño aparato que llamamos “marimba” (por su parecido con dicho instrumento musical), el cual se basa en un principio de fricción sobre el cable.

La marimba permite variar la intensidad de la fricción de tal manera que el explorador puede controlar fácilmente la velocidad de su bajada, haciéndola lenta o rápida según lo desee.

Antes de que Víctor terminara su descenso, Oscar Cuán y yo empezamos a bajar por las dos líneas que habíamos colocado en la ruta fotográfica. Oscar era el modelo y yo el fotógrafo. En verdad era imponente descender junto al enorme chorro de agua y ver como caía con fuerza y golpeaba la pared rocosa.

LAS REGLAS DE ORO

Como a las 6 p.m. dimos por terminados los trabajos de ese día y preparamos una rica y abundante discada (una comida campirana muy chihuahuense) a manera de comida cena. Como la mayoría de los amigos del GEL venían acompañados por sus esposas e hijos, tuvimos con ellos gratos momentos de convivencia.

A mí me dio mucho gusto ver lo bien integrado que está el GEL y el apoyo que recibe de sus familias. De hecho, su filosofía se resume en tres reglas básicas de amor a la naturaleza: 1) Lo único que se deja son las huellas de los pies. 2) Lo único que se mata es el tiempo. 3) Lo único que se toma son fotografías.

Ellos me han comentado que en varias ocasiones han llegado a sitios muy remotos que están intactos y cuando se van de ellos se llevan toda la basura procurando dejarlos igual de como los encontraron, limpios, intactos, de tal forma que si llegara a visitarlos otro grupo, sentiría lo mismo que ellos; que nunca antes nadie había estado ahí.

El 10 de julio, último día de nuestra estancia en el parque, bajaríamos por la ruta GEL varias personas. Antes de iniciar las maniobras recogí el cable de 40 m de la ruta fotográfica y lo coloqué en la ruta GEL con el fin de poder realizar mejor algunos descensos y lograr mejores fotografías. El primero en bajar fue José Luis Chávez.

Sin embargo, a los pocos minutos de iniciado su descenso me gritó e inmediatamente bajé por el cable de 40 m hasta donde se encontraba, que eran uno 5 ó 6 m abajo de la orilla. Cuando llegue junto a él vi que el cable rozaba fuertemente sobre la piedra que ya había roto todo el forro de protección y comenzaba a afectar el alma de la cuerda; la situación era sumamente peligrosa.

Antes de que iniciáramos las operaciones de este día yo había revisado los primeros metros del cable precisamente para detectar algún posible roce, sin embargo, el que teníamos en ese momento no se podía apreciar desde arriba. José Luis no había visto el roce sino hasta que ya había pasado por él, por lo que inmediatamente colocó un autoseguro arriba del roce, e inició las maniobras para regresar.

Cuando los dos subimos y nos desconectamos de los cables, izamos la parte rozada y reanudamos. El roce se había producido por una discreta pero filosa saliente que no se podía evitar, por lo cual colocamos una rozadera para evitar nuevas fricciones sobre la cuerda. Posteriormente finalizó su descenso sin mayores problemas.

Enseguida de José Luis bajaron Susana y Elsa, ambas hijas de Rogelio Chávez, quien es un entusiasta del excursionismo y la exploración, y las anima mucho. Deben tener entre los 17 y 18 años de edad. Aunque ya habían rapeleado antes, este fue su primer descenso de importancia y se encontraban muy animosas, muy apoyadas por su papá, que fue quien les revisó todo su equipo. Yo bajé junto con ellas por la cuerda de 40 m para ayudarlas en la primera parte y tomar una secuencia fotográfica del descenso.

Después de Elsa y Susana descendió don Ramiro Chávez, el abuelo paterno de ellas. Don Ramiro es, por muchas razones, una persona excepcional. Sin temor a equivocarme el fue sin lugar a dudas la persona más joven que bajó la cascada, y no precisamente por su edad ya que tiene 73 años (cosa que no parece), sino por su espíritu su entusiasmo y su amor a la vida.

Una vez que don Ramiro bajó fue mi turno. Al ir descendiendo, con un clisímetro fijé el nivel de la cuerda en el punto exacto donde se iniciaba la cascada y dejé una marca con el fin de poder medir con precisión la magnitud de la caída de agua. Seguí bajando y todo el tiempo tuve ante mí la visión de la caída, ¡qué espectáculo tan maravilloso! Me tocó ver varios arcoiris que se forman con la brisa que se escapa del chorro de agua.

Cuando llegué al fondo Cuitláhuac Rodríguez inició su descenso. Mientras lo esperaba me extasiaba con el espectáculo que tenía a mis pies. Al caer, la cascada forma un lago al que es difícil acercarse porque siempre está sujeto a la fuerza de la brisa y el viento. Existen grandes bloques rocosos producto de derrumbes milenarios y todo está cubierto de pasto y de un musgo de color verde intenso muy bonito en un radio de unos 100 m. Después está el bosque, denso y hermoso gracias a que no ha estado sujeto a la depredación humana.

Cuando llegó Cuitláhuac comenzamos a bajar por el ríos, ya que teníamos que cruzarlo para tomar la vereda que sube hasta lo alto de la cascada. Sin embargo, el cruce nos costó algo de trabajo debido a que el cauce estaba algo crecido y seguía creciendo. Subir por la vertical y va entre enormes pinos, táscates, alisos, madroños, encinos y otros hermosos árboles.

Eran las 6 p.m. cuando llegamos arriba; ya todos los cables y equipo habían sido recogidos y todos se encontraban en el campamento levantándolo y preparando la discada de despedida. Si algo me llamó la atención fue que los miembros del GEL les gusta comer bien, y o estoy más acostumbrado a las “faquireadas”.

Una vez que terminamos de comer procedimos a medir el cable descenso entre las marcas que habían colocado con el fin de conocer la medida exacta de la caída de agua de la cascada de Basaseachi. Esta resultó ser de 245 m, lo cual concuerda con la medición reportada por el geógrafo Schimdt de 246m.

Antes de partir de regreso a Cuauhtémoc fui a despedirme de la cascada, a admirar una vez más su belleza y a dar gracias porque se nos permitió el privilegio de estar con ella y de disfrutarla al máximo. La lluvia ya había cesado desde hacia rato y del fondo del valle y del cañón se levantaba lentamente una niebla que se confundía con la brisa.

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