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Ecología y cultura en la región de Río Bec (Campeche)

Entre los lluviosos bosques del Petén campechano, constatamos de nuevo la grandeza cultural mesoamericana, ante los vestigios de una población que tuvo tendencias constructivas que le dieron nombre a toda una región.

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 Al igual que el resto de las poblaciones que conforman la inmensa área maya (comprendida por los estados mexicanos de Yucatán, Quintana Roo, Campeche, Tabasco y Chiapas, así como por los países de Belice, Guatemala, Honduras y El Salvador), las aldeas, centros ceremoniales y grandes conglomerados urbanos, donde se establecieron los hombres de la región de Río Bec, siempre mantuvieron una estrecha relación con la naturaleza. En un ambiente ecológico muy amplio, de variados paisajes y climas a los que tuvieron que adaptarse, los mayas entendieron -según se manifiesta en su religión, pensamiento y vida cotidiana- que el medio geográfico representaba para sus sociedades una fuente de alimentos y de materias primas, así como el espacio donde era posible realizar una serie de actividades que aseguraban su existencia y diversas formas de organización demográfica, tecnológica, política, social y económica. 

Estos sitios prehispánicos eran espacios construidos y habitados por los indígenas cuya vida giraba en torno a sus obras de ingeniería y arquitectura: caminos, calzadas, chultunes, diques, presas, canales, puentes y sistemas hidráulicos subterráneos, entre otras. Sus construcciones, la mayor parte de las veces, estaban distribuidas en sentido concéntrico; es decir, alrededor de uno o varios grupos de edificios principales que tenían indistintamente un carácter religioso, militar, cívico o administrativo, se ubicaban de manera sistematizada las diferentes actividades y clases sociales.  A partir de este patrón de asentamiento, se ha inferido que en Río Bec se brindaban servicios especializados que atraían a los diestros en diferentes oficios; que en las ciudades vivían los artistas y los intelectuales; que asignaban un lugar para los dioses, donde se ordenaban y celebraban fiestas y cultos; y que también alojaban a los que ejercían el poder sobre las aldeas y poblaciones vecinas. Además, en esta región se contaba con mercados, a los que acudían los que ofrecían o adquirían los productos mediante el trueque o el uso del cacao como “moneda”.  Lo anterior daba como resultado la división del trabajo y la estratificación social, relacionadas éstas con el continuo desarrollo material y espiritual de aquellas sociedades, que dieron lugar a la creación de un estilo arquitectónico propio y una particular forma de arte y conocimiento.

  En este sentido, las ciudades de Río Bec han sido para los estudiosos una variable explicativa de la alta cultura maya en su conjunto, ya que los asentamientos humanos se convirtieron en centros cívico-ceremoniales y urbanos donde se definía el número de elementos arquitectónicos que los conformaban, así como la manera de construir y ordenar los espacios que habrían de habitarse cotidianamente.  La región de Río Bec desarrolló en este entorno sus torres ornamentales y los grandes mascarones zoomorfos que enmarcaban las puertas de sus edificios, y la sucesión de pequeños mascarones superpuestos en los bordes y las esquinas de las fachadas. En cuanto a los grandes mascarones de las llamadas fachadas zoomorfas, los arqueólogos Piña Chán y Barba Ahuatzin han señalado que fueron éstas las “representaciones del lagarto que simboliza a la tierra e inframundo”, la cual es “casa del Sol”, concebido a la manera y forma de su progenitora (ser reptiliano) que cada día muere y nace para formar el día, de cuya sucesión deviene el año o ciclo solar “…al penetrar al edificio enmarcado por el mascarón, se entraba a las entrañas del lagarto, de la tierra e inframundo donde residía el Sol por las noches…”   

La primera exploración en el área de Río Bec se remonta al año de 1908, cuando el viajero francés Maurice de Perigny describió las características del lugar.  En los años treinta, durante cinco años, se realizaron varias expediciones dirigidas por Karl Ruppert y J. Simpson Thompson.  Hacia 1969, E. Willie Andrews IV, de la Universidad de Tulanes, reanudó las exploraciones en algunos de los sitios de la zona, concretamente en Xpujil, Becán, Chicanná y Río Bec. En 1977, el Centro Regional del Sureste delinahllevó a cabo estudios en Hormiguero, lugar que había sido descubierto en 1933 en una de las expediciones de Ruppert.  Más tarde, la Universidad del estado y el gobierno de Campeche financiaron un proyecto arqueológico en la zona, que concluyó hacia 1985. Desde ese año a la fecha se han realizado trabajos de campo en diferentes sitios de la región, los cuales han arrojado nuevos datos que permiten una mayor comprensión sobre el tema.   

EL SITIO DE RÍO BEC   

Hoy el sitio de Río Bec, que da nombre a la región, nos ha permitido conocer y comprobar muchas de las características culturales que definen el área -incluyendo desde luego su particular estilo constructivo-, sobre todo en el análisis de una arquitectura monumental que durante siglos influyó no sólo en varios poblados de la propia civilización maya, sino que se extendió a otras lejanas tierras de Mesoamérica.  Entre la vegetación y las diversas estructuras de la zona arqueológica, es posible admirar los juegos de pelota con banquetas angulares y muros verticales; mascarones intercalados a intervalos regulares en las escalinatas ornamentales; antiguos dinteles de madera en varios de los edificios; cresterías con decoración de mosaicos de piedra y estuco; tumbas; pequeños cuartos interiores a diferentes niveles, intercomunicados a través de escalerillas, etcétera.

También varias estelas con sus respectivos textos jeroglíficos se encuentran aún dispersas por el sitio; una de ellas, esculpida en su superficie presenta la fecha 731 d.n.e.  De hecho, Río Bec es una ciudad constituida por varios grupos de edificios que forman unidades independientes y que ocupan una amplia superficie. El lugar conserva aún los vestigios de un arroyo, que en los tiempos en que fue visitado por Perigny (1908) pudo haber tenido más agua y ser comparado con un río, y que junto con los robles que había en la región (losbecobeecen maya) vino a darle el nombre de “Río del roble”.    Entre los grupos que exploramos y tomamos placas, sobresale en Río Bec el Grupo I, ubicado en un terreno irregular con pequeñas lomitas donde hay diversas estructuras. En lo más alto del extremo poniente de la ciudad, se halla la última construcción del grupo, la cual es un edificio con dos cuartos paralelos. 

El GrupoIIestá situado hacia el sureste de una aguada a la que se le conoce con el nombre de Aurora. Este conjunto reúne, entre la aguada y los límites del grupo, muchos montículos y varias construcciones, entre las que destaca un juego de pelota que está emplazado de oriente a poniente. Además de los anteriores, hay otros grupos (que los arqueólogos han dado los nombre deIII,IVyV), que se componen a su vez de varias estructuras, muchas de ellas todavía sepultadas bajo los escombros; no obstante, es posible apreciar un juego de pelota y la forma de distribución típica de los edificios alrededor de una plaza central.  Del asentamiento prehispánico de Río Bec, así como de toda la región que heredó su toponimia, muchas son las conclusiones que podrían obtenerse en el futuro con la realización de una mayor cantidad de investigaciones de campo y laboratorio.   

SI USTED VA A RÍO BEC   

Tome la autopista núm. 186 que conduce a la moderna bahía y puerto de Champotón. A partir de allí tome la desviación hacia Escárcega, donde se gira con rumbo al este para continuar por la carretera que conecta con Chetumal, capital de Quintana Roo, deteniéndose a la altura del sitio arqueológico Xpujil. Desde este lugar hasta Río Bec se llega a través de brechas, algunas de las cuales están en buenas condiciones y otras son de difícil acceso. Tome sus precauciones.   

 Fuente:   México desconocido No. 241 / marzo 1997 

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