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Escalada en roca en la Ciudad de México. Parque de los Dinamos

Dentro de los límites de la delegación Magdalena Contreras se ubica el Parque Nacional de los Dinamos: área protegida. Sitio de reunión y esparcimiento, y excelente marco de acción para la práctica de la escalada en roca.

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Estoy agarrado sólo con mis dedos, y mis pies –colocados en dos pequeños bordes– han comenzado a resbalarse; mis ojos buscan afanosamente otro punto de apoyo donde colocarlos. El miedo comienza a recorrer mi cuerpo como una premonición de la inevitable caída. Volteo a un lado y un poco hacia abajo y puedo ver a mi compañero, me separan de él 25 o 30 metros. Me alienta a gritos: “¡vamos, vamos!”, “¡ya casi llegas!”, “¡confía en la cuerda!”, “¡no pasa nada!”. Pero mi cuerpo ya no responde, está rígido, tieso y sin control. ¡Lentamente… mis dedos resbalan! y, en fracción de segundos, estoy cayendo, el viento me rodea impotente sin poder detenerme, veo el suelo aproximarse peligrosamente. De reprende, todo ha terminado. Siento un pequeño tirón en la cintura y suspiro con alivio: la cuerda, como de costumbre, ha detenido mi caída.

Más tranquilo puedo observar con claridad lo sucedido: no logré sostenerme y he descendido 4 o 5 metros que, en su momento, me han parecido mil. Me columpio un poco para relajarme y miro hacia el bosque varios metros más abajo.

Sin duda, este es un lugar excepcional para escalar, tranquilo y alejado del ruido de la ciudad, pienso, ahora que puedo hacerlo. Pero con sólo voltear un poco la cabeza, la mancha urbana aparece a escasos 4 km y eso me recuerda que aún estoy en ella. Es difícil creer que exista un lugar así de bello y espectacular dentro de la gran ciudad de México.

–¿Estás bien? –Me grita mi compañero y rompe mis pensamientos. –¡Vamos continúa, termina la ruta! –Sigue diciéndome. Yo le respondo que ya estoy cansado, que mis brazos ya no me aguantan. Por dentro siento mucha ansiedad; los dedos me sudan mucho, tanto que en cada intento por agarrarme nuevamente, sólo logro dejar una mancha obscura de sudor en la roca. Tomo un poco de magnesia y me seco las manos.

Por fin, me decido y continúo escalando. Al llegar al punto donde caí, me doy cuenta que es difícil pero superable, sólo hay que ascender con más tranquilidad, mayor concentración y confianza en uno mismo.

Mis dedos, un poco más descansados, alcanzan un hoyo muy bueno y subo rápidamente mis pies. Ahora me siento más seguro y continúo sin vacilar hasta que, por fin llego al final de la ruta.

Miedo, ansiedad, aprensión, desconfianza, motivación, calma, concentración, decisión, todos esos sentimientos en orden sucesivo y en concentrado; ¡así es la escalada en roca!, pienso yo.

Ya en el suelo, Alan, mi compañero, me dice que lo he hecho muy bien, que la ruta es difícil, y él ha visto a muchos desplomarse antes de llegar al lugar donde se produjo mi caída. Por mi parte pienso que la próxima vez quizás pueda escalarlo sin tropiezos, de un solo tirón. Por el momento lo único que deseo es descansar mis brazos y apartar por un rato de mi mente lo sucedido.

La experiencia antes descrita la he vivido en un magnífico lugar, en el Parque de los Dinamos: área protegida situada en el extremos suroeste de la cuenta de México, que forma parte de la sierra Chichinauzin, y es nuestro sitio preferido los fines de semana. Aquí entrenamos casi durante todo el año y sólo dejamos de hacerlo durante la temporada de lluvias.

En este parque, existen tres zonas con paredes de roca basáltica totalmente diferentes entre sí, lo cual nos permite variar el tipo de escalada, pues cada una requiere de una técnica especial.

Esta área protegida de la ciudad de México se le conoce como “Dinamos” debido a que en la época porfiriana se construyeron cinco generadores de energía eléctrica, para alimentar las fábricas de hilados y tenidos que estaban en la zona.

Para nuestra comodidad las tres zonas donde escalamos se localizan en el cuarto, segundo y primer dinamo respectivamente. El cuarto dinamo es la parte más alta del parque y hasta allí se puede llegar en transporte público o en coche, siguiendo la carretera que va desde el pueblo de Magdalena Contreras hasta la zona montañosa; luego hay que caminar hasta las siguientes paredes las cuales se pueden ver a lo lejos. Sin embargo, en el cuarto dinamo predominan las grietas en la roca y es aquí donde gran parte de los escaladores ejecutan las técnicas básicas de la escalada.

Para escalar es necesario saber en donde colocar las manos y los pies y las posiciones del cuerpo, de manera similar a como se aprende a bailar. Es necesario adaptar el cuerpo a la roca, decía mi instructor, cuando comencé a escalar; pero uno, como alumno, sólo piensa en lo difícil que es jalarse de los brazos, más aún cuando lo único que te caben son los deditos en las grietas y no logras apoyarte en nada. A estas dificultades se agregan otras, hay que ir colocando el equipo de protección, que son unos artefactos para atorar en la roca, en cualquier grieta o cavidad, y otros son como cubitos que sólo se atoran y hay que colocarlos con mucho cuidado. Pero mientras pones el equipo las fuerzas se te acaban y el miedo te carcome el alma porque hay que ser muy hábil y veloz si no quieres caer. Mencionando esto último también es importante aprender a caer, lo cual sucede con mucha frecuencia y no existe curso básico de escalada sin su respectiva sesión de caídas para irse acostumbrando. Tal vez suena un poco arriesgado o peligroso, pero al final es muy divertido y adrenalínico.

En la cumbre del cuarto dinamo existía un adoratorio a Tláloc, dios del agua, hoy en día hay una capilla. Al lugar se le conoce como Acoconetla, que significa “En el lugar de los niñitos”. Se supone que ahí se sacrificaban niños a Tláloc, arrojándolos por el precipicio, para favorecer las lluvias. Pero ahora sólo lo invocamos para pedirle que, por favor, no nos deje caer.

El segundo dinamo está un poco más cerca y las rutas de ascensión por donde se escala ya están equipadas con protecciones permanentes. Allí se practica la escalada deportiva, que es un poco menos segura pero igual de divertida. En las paredes del segundo dinamo no existen tantas grietas como en el cuarto, así que debemos aprender otra vez a adaptar el cuerpo a la roca, sostenernos de pequeños salientes y algún otro hoyo que nos encontremos, y colocar los pies lo más alto que podamos para que nos quiten peso de las manos.

Algunas veces la escalada en roca resulta muy compleja y frustrante por lo que hay que entrenar mucho y dedicarle su tiempo. Sin embargo, cuando logras subir una ruta o varias sin caerte, la sensación es tan grata que quieres repetirlo una y otra vez.

Siguiendo el curso del río Magdalena, que se encuentra flanqueado por las paredes de los dinamos, encontramos muy cerca del pueblo al primero de todos ellos. La escalada es aquí sumamente difícil porque la roca tiene formaciones de techos y las pareces se inclinan hacia nosotros; esto significa que la gravedad hace su trabajo con mucha mayor eficacia y nos trata muy mal. A veces debes colocar los pies tan alto, para que te ayuden a progresar, que cuelgas de ellos; las manos se te cansan el doble de rápido que en la vertical, y cuando caes tienes los brazos tan hinchados que parecen globos casi a punto de estallar. Cada vez que escalo en el primer dinamo tengo que descansar 2 o 3 días, pero es tan emocionante que no puedo sustraerme al deseo de intentarlo de nuevo. Es casi como un vicio, cada vez quieres más y más.

La escalada es un deporte noble que permite su práctica a todo tipo de personas con diferentes capacidades físicas. Algunos la catalogan como un arte, porque implica una percepción de la vida, mucha dedicación al cultivo de ciertas habilidades y sentir una gran afición.

La recompensa obtenida, a pesar de no ser una actividad social, es tan reconfortante, que produce mayor placer que cualquier otro deporte. Y es que el escalador debe ser una persona segura de sí misma y autosuficiente, en el mejor sentido de la expresión; él es quien delimita sus metas y fija sus objetivos, debe luchar con sus propias limitaciones y con la roca, sin dejar de disfrutar el entorno.

Para practicar la escalada es necesario gozar de buena salud; el desarrollo de la fuerza y la obtención de la técnica se logran con la práctica continua. Posteriormente al conseguir avances en el aprendizaje del control corporal, se hará necesario la introducción de un método de entrenamiento muy específico que nos permitirá sostener nuestro cuerpo de un dedo o pisar sobre pequeños salientes del tamaño de un frijol o aún más pequeños, entre otras habilidades. Pero, lo más importante es que este deporte no deje de ser emocionante y divertido para el que lo practique.

Como a mí cada día me gusta más, los fines de semana me levanto temprano, tomo mi cuerda arnés y zapatillas y junto con mis amigos me dirijo a los Dinamos. Allí encontramos diversión y aventura sin salir de la ciudad. Además escalar justifica aquel viejo aforismo que dice: “lo mejor de la vida es gratis”.

SI USTED VA AL PARQUE DE LOS DINAMOS

Se puede llegar fácilmente en transporte urbano. De la estación del metro Miguel Ángel de Quevedo se toma el transporte con dirección a Magdalena Contreras y posteriormente otro con la leyenda Dinamos. Este realiza regularmente un recorrido por el parque.

En automóvil es aún más sencillo, ya que sólo se debe tomar el periférico con dirección al sur para tomar posteriormente la desviación al camino de Santa Teresa hasta llegar a la Av. México, la cual nos llevará directamente al parque.

Tal vez debido a este fácil acceso el recorrido es muy popular, y la afluencia de visitantes los fines de semana es numerosa.

Lástima que dejen su marca cada fin de semana con toneladas de basura arrojadas en el bosque y en el río. Muchos no tienen conciencia de que ésta es la última corriente de agua viva de la ciudad capital, la cual también es para el consumo humano.

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