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Las espinas de maguey como perforaciones: una práctica prehispánica con mucha actualidad

© TikTok / © FreeImages
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Las perforaciones son muy comunes en la actualidad. Pero en el México Prehispánico ya se realizaban, usando espinas de maguey ¡Conoce más sobre esta antigua práctica corporal!

Hoy en día abundan mil y un formas de vivir nuestros cuerpos. Se puede hacer desde el abrigo que le da cierto tipo de ropa, hasta ornándolo con tatuajes o perforaciones. De estas últimas, se suele pensar que es una práctica corporal que llegó con el punk en los años setenta y ochenta. Sin embargo, civilizaciones antiguas ya realizaban perforaciones en diferentes partes del cuerpo, tanto como un adorno de él, así como ritualmente. Mesoamérica no fue la excepción, usando las espinas de maguey para tal propósito.

Puntas y espinas de maguey. © Estilo Propio Mx.

El ritual de la perforación con espinas maguey

Como señala el arqueólogo Enrique Vela, las espinas del maguey tuvieron un importante papel en uno de los ritos esenciales de la época prehispánica: el autosacrificio. Esta práctica emulaba y retribuía el autosacrificio primigenio de los dioses, el cual otorgó la vida a los hombres.

El autosacrificio fue muy variado. Además de pincharse con espinas de maguey, incluyó también la mutilación corporal. Como se muestra en «Los Danzantes» de Monte Albán en Oaxaca, los personajes de estas estelas parecen haberse emasculado, a fin de ofrendar su órgano sexual a la deidad de la fertilidad.

Lápidas de «Los Danzantes» en Monte Albán, Oaxaca. © Mesoweb.

El fin de estos rituales era precisamente entregar la sangre propia a los dioses. En ese contexto, las espinas del maguey eran un instrumento vital para obtener y retener el precioso líquido. Se perforaban diferentes sitios del cuerpo (brazos, piernas, lengua, muslos, pene) con estas púas naturales, a fin de ensangrentarlas. A veces se usaba espinas hechas con el hueso de animales (particularmente las élites gobernantes). Una vez pinchado el cuerpo, se ofrendaba la sangre a la deidad, clavando las espinas que la contenían en un bola de heno.

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Las espinas del maguey fueron utilizadas por todos los pueblos mesoamericanos. Sin embargo, la práctica de clavar las púas ensangrentadas en la bola de heno (el zacatapayolli en náhuatl) parece ser que fue exclusiva sobre todo de los pueblos del Posclásico Tardío (1200-1521 d.C.), en el Centro de México. Fue un ritual muy importante especialmente para los mexicas.

Quetzalcóatl con una espina de maguey en su mano izquierda en el Códice Borgia.

La perforación con espinas de maguey entre los mexicas

En las ofrendas del Templo Mayor se han encontrado espinas de maguey. Fueron usadas por los sacerdotes mexicas en rituales de consagración de los espacios religiosos. Simbolizaban el objeto divino con el que se extraía la sangre, la cual era colocada en el zacatapayolli de los altares a los dioses.

Las fiestas mexicas seguían un preciso ritual. En varias estaba el uso de púas de maguey para el autosacrificio de los participantes. También se acostumbraba punzarse con estas espinas en las ceremonias de entronización de los tlatoanis tenochcas. Lo hacían los guerreros antes de emprender una campaña militar y en el caso de los sacerdotes era parte de su vida cotidiana. También el autosacrificio con las espinas de agave parece haber tenido lugar en ritos de iniciación para las ordenes militares de élite mexica, es decir, los «caballeros» águila y jaguar.

Se ha identificado el origen de esas púas en dos especies de maguey: el Agave salmiana y el Agave mapisaga, que son los que se encuentran en los cultivos de la Cuenca de México. Estas espinas al ser tan comunes, se volvieron en el instrumento más empleado tanto por los sacerdotes, guerreros, e incluso por el pueblo llano, los macehuales, en sus rituales privados.

Autosacrificio con espinas de maguey dedicado a Tlaltecuhtli, deidad de la tierra, en la lámina 79 del Códice Magliabechiano. © Arqueología Mexicana.

Ornamentación corporal con las espinas de maguey

La mutilación y perforación de algunas partes del cuerpo no solo tuvieron como fin el autosacrificio. También se realizaron con el objeto de incrustar una pieza ornamental en una extremidad en particular. En el lóbulo del pabellón auricular se colocaba la orejera; en el labio inferior de la boca, el bezote. En el septum nasal, la nariguera. Estas piezas se elaboraban con materiales diversos: madera, espinas de maguey, barro cocido, jade, jadeíta, cristal de roca, oro y plata.

Las piezas con materiales sencillos eran usadas por el común de la gente. Las de materiales preciosos eran portadas por la nobleza y los militares. Estos últimos las adquirían como premio y distinción por sus acciones guerreras. Aunque la perforación ornamental estuvo presente en todas las culturas mesoamericanas, destacaron de entre ellas las que se realizaban los huastecos, bastante vistosas y localizadas sobre todo en orejas, nariz y boca.

Escultura «El adolescente de Tamuín», cultura huasteca. Destacan los prominentes orificios en los oídos, donde se colocabas las orejeras. © Archivo Digital MNA.

La perforación con espinas de maguey en la actualidad

Después de la conquista española en el siglo XVI, en México se abandonó casi por completo el uso de perforaciones, entre ellas las que usaban las puntas de maguey.

Sin embargo en tiempos recientes, gracias a la apertura que ha habido en la sociedad, esta práctica corporal ha vuelto. Muchas de las llamadas tribus urbanas, desde los años setenta, han traído consigo el retorno de las perforaciones ornamentales. También la revalorización de prácticas ancestrales por diferentes grupos sociales, ha provocado que se retome la perforación con las espinas de maguey. Estas se usan no solo como aguja, sino también como adorno, legando así una costumbre mesoamericana en tiempos modernos.

autor Poeta y ensayista. Historiador de formación. México es sus misterios.
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