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La Pirámide de la Luna y sus secretos

Descubre más en torno a esta espectacular pirámide situada en la zona arqueológica de Teotihuacán.

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Una de las angustias existenciales del hombre a lo largo del tiempo ha sido conocer qué le depara el futuro, cómo anticiparse, influir o cambiar el porvenir

Mientras muchos se afanan en esto, otros afirman que para saber quiénes somos y hacia dónde vamos es preciso conocer de dónde provenimos.  El origen de los habitantes de la ciudad prehispánica de Teotihuacán, así como su aún inexplicable desaparición han provocado tantas hipótesis como estudiosos se han interesado en descubrirlas. 

Los aztecas la llamaron Ciudad de los Dioses, premonitorio calificativo que anticipaba la magia y atractivo que mantendría muchos siglos después de su extinción. Como enel actual tercer milenio, en cuyos albores continúa siendo objeto de atención y estudio, quizás cada día más a partir de las nuevas tecnologías que permiten resultados antes no previstos. Ahora bien, ¿cuánto costaría excavar con minuciosidad, estudiary publicar tales datos? Miles de millones de pesos, amén del costo humano para el análisis de tanta información.

¿Es posible medir lo alcanzado respecto a lo que falta por lograr? Baste señalar que aunque se sabe bastante respecto a trazos arquitectónicos, materiales y métodos para construir las estructuras residenciales y las cívico-ceremoniales, los esfuerzos por recuperar la historia de la ciudad se hallan en una etapa de exploración inicial, no obstante las ruinas restauradas y los objetos recuperados que hoy se muestran en los museos.  Menos de 50 construcciones han sido parcialmente exploradas por arqueólogos, de los más de dos mil conjuntos residenciales que en la década del 60 de la pasada centuria señalara René Millon en su Teotihuacan Mapping Project, lugares donde residió la mayoría de los habitantes. Muchas estructuras han sido exploradas sólo en parte; para 2003 no llegaban a media docena las excavadas extensivamente a partir de un adecuado control, además del estudio de materiales y edición de resultados.   

PARA ENTENDER EL PASADO  

Lo anterior no amilana a quienes siguen la huella teotihuacana, algunos de los cuales afirman que las excavaciones implican cierta destrucción y no es necesario excavar todo, sino dejar partes protegidas a expensas de problemáticas futuras. 

Uno de los mayores logros es la cronología cerámica, que permite fechar por intervalos –en términos bastante certeros– una etapa de alrededor de dos siglos siempre que los materiales se hayan localizado y documentado desde el punto de vista estratigráfico. A pesar de ello, la cronología es muy imprecisa, pues aunque los métodos de radiocarbono y de laboratorio ayudan, son de alcance limitado, y aun si se utilizan las mejores técnicas el rango de incertidumbre estadística arroja que rara vez la certeza sobrepasa más de 95% respecto si la fecha real cae antes o después que la del laboratorio, a menos que se recurra al promedio de una gran suma de ejemplares pertenecientes al mismo rango. Y aunque no se aspira a fechar por año o por década, sería harto saludable contar al menos con intervalos de 50 o cien años, para lo cual una útil herramienta es el estudio –aún más– de los cambios estilísticos de los tepalcates.   

Otros grandes temas pendientes son la tecnología y la organización económica –producción, distribución y consumo–, así como el sistema político del Estado y la ciudad, este último uno de los más atractivos. Los teotihuacanos dejaron sólo algunos monumentos visibles en los que retrataron a sus gobernantes, en tanto las pocas inscripciones con que se cuenta todavía no se han descifrado. Cabe destacar que no existe retrato alguno de sus gobernantes y tampoco hay inscripciones que los refieran, por lo que se sabe muy poco de quiénes eran. Entre los grandes personajes representados en los murales ninguno es más importante que los demás, por lo que se plantea que posiblemente Teotihuacán era gobernado por varios personajes y no por una sola persona.   

¿RESTOS DE GOBERNANTES, INDICIOS DEL SISTEMA POLÍTICO?  

Fue a fines de la temporada de trabajo de 2003 y casi a punto de concluir el proyecto de investigación iniciado en 1998, cuando el equipo encabezado por el arqueólogo Rubén Cabrera y el antropólogo Saburo Sugiyama hizo el descubrimiento en el centro de La Pirámide de la Luna de un entierro de tres personajes sentados y con ricos atuendos dentro de una cámara con muros de piedra de casi seis metros por cada lado, lo cual hace suponer que se trata de la tumba de un dirigente teotihuacano. 

Una inhumación similar data de un asentamiento teotihuacano en la ciudad maya de Kaminaljuyú, dondese repite la posición en flor de loto de altos dignatarios, además de los ricos objetos de jade tal vez provenientes de la cuenca del río Motagua en Guatemala, lo cual confirma lo ya conocido, los vínculos entre teotihuacanos y mayas.  Todo lo anterior determinó que la línea de investigación se prorrogara un año más de lo previsto, hasta el verano de 2004, cuando se piensa concluir para pasar a la fase de análisis de laboratorio de las osamentas y objetos localizados.  A diferencia de los entierros anteriores encontrados en la propia pirámide y pertenecientes a personas sacrificadas como ofrendas, el hallazgo de 2003 indica que corresponde a tres individuos de alto rango social.

Sentados en posición flor de loto, los tres miraban hacia el oeste y tenían las muñecas cruzadas encima de los pies.  Uno de ellos, un hombre de 50 a 60 años, se ubicó muy cerca del eje este-oeste, portaba un collar de 21 cuentas globulares grandes de piedra verde, un vistoso pectoral rectangular del mismo material adornado con un diseño glífico en relieve, y dos orejeras grandes, talladas, pulidas y decoradas. Junto a él numerosos objetos de obsidiana, concha, pirita y fibra vegetal. 

El segundo, un hombre de entre 45 y 49 años, apareció al sur del primero, tocado con adornos semejantes, pero con ciertas diferencias: un collar de 21 cuentas globulares grandes, un pectoral rectangular –más pequeño y sin decoración en relieve– y un par de grandes orejeras –menos finas y con superficies lisas–, todo de piedra verde pulida. Alrededor aparecieron varias puntas de proyectiles de obsidiana, restos esqueléticos de felinos y otros materiales orgánicos.  La tercera persona, un hombre de 40 a 44 años, se localizó alrededor de un metro al noreste del primero en posición y orientación similares, pero con atavíos muy diferentes y de una compleja riqueza, la mayoría distribuida alrededor del cráneo cubriendo casi toda la parte superior del esqueleto.

Junto al cráneo se halló un par de orejeras grandes, cada una con un gran disco de concha en cuyo centro aparece una aplicación de piedra verde también en forma de orejera. El individuo llevaba un collar de sietes hileras de cuentas de concha rematadas en su parte inferior por 11 discos de concha con aplicaciones de piedra verde asimismo en forma de orejera.   

Además de los ornamentos personales, el descubrimiento incluyó varias ofrendas dispersas, como un pectoral y dos collares de cuentas de piedra verde, conchas, pequeños caracoles marinos, restos de un mineral amarillento, materiales orgánicos y diversas miniaturas de obsidiana. También una figura antropomorfa con dos orejeras, al que se le con- cede un papel simbólico de acuerdo con su excepcional calidad y por encontrarse exactamente al centro de la fosa, así como por la posición flor de loto al igual que los tres esqueletos.  Cercanos a la pared del depósito destacan un gran caracol marino, una figura antropomorfa de obsidiana, un artefacto de piedra pulida de inusual forma cilíndrica con aristas redondeadas, numerosas cuentas, orejeras y “resplandores” de piedra verde, cuentas y orejeras de concha, discos pequeños de piedra, puntas de proyectiles y navajas prismáticas de obsidiana, fibras vegetales y restos óseos de serpientes. Cerca de los muros norte, oeste y sur aparecieron restos óseos de animales –tal vez asociados con los individuos–, como aves rapaces, felinos y cánidos. En cada una de las cuatro esquinas se localizó un conjunto de navajas prismáticas de obsidiana.   

ARQUITECTURA Y CONSTRUCCIÓN  

La historia arquitectónica de la Pirámide de la Luna indica una larga secuencia constructiva de siete etapas, que inicia alrededor de 100 dC y alcanza el fin de Teotihuacan entre 600 y 650 dC. La decisión para excavarla obedece a que se le considera muy relacionada con la ideología del Estado por su importancia, ubicación y constituir uno de los edificios más grandes y menos investigados después de la Pirámide del Sol, ya que en 1964 había sido explorada sólo en sus partes visibles sin una mayor profundización. Cinco cuerpos escalonados con altos muros en talud componen su gran basamento –actualmente a la vista–, así como una plataforma adosada y formada por muros en talud y tablero orientada hacia la Plaza de la Luna.

En el interior se superponen las seis construcciones más antiguas.  Aunque se registran pocas excavaciones mediante túneles en Mesoamérica y muy pocas en Teotihuacán –como las de El templo de Quetzoalcóatl en los años l988y 89–, en la Pirámide de la Luna el equipo de especialistas trabaja a partir de pozos estratigráficos en el exterior y túneles hacia el interior. De estos últimos se planifican los puntos a alcanzar, se buscan las distancias más cortas para invertir menos esfuerzos y se avanza un metro por alrededor de 1.80 m de alto según las condiciones, a veces menos; también se utilizan columpios que posibilitan no tener que pisar la superficie de la fosa.Después de tomar los registros se hacen fotos y dibujos; luego albañiles especializados instalan una protección que permite penetrar otra distancia similar, para volver a repetir esta operación una y otra vez, modo de cuidar al máximo el lugar.   

EL ANTES Y DESPUÉS DE TEOTIHUACÁN  

Como todo monumento arquitectónico de civilizaciones anteriores, los hombres que lo construyeron, vivieron y murieron en sus ámbitos, aún se dirigen a nosotros para contarnos quiénes eran mediante la aparentemente silenciada voz de ciudades desiertas, edificios funerarios y restos humanos. Recuperar ese mensaje, escuchar los silenciosos legados de los cuales hoy somos depositarios, es tarea de antropólogos, arqueólogos y especialistas afines, privilegiados profesionales capaces de penetrar el pasado para ubicarnos cada día más en el presente.   

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