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La platería purépecha. Arte simbólico que pervive (Michoacán)

Lo más interesante de la bellísima orfebrería purépecha es su tradicional carácter ceremonial y festivo.

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Lo más interesante de la bellísima orfebrería purépecha es su tradicional carácter ceremonial y festivo  El maestro Jesús García Zavala aprendió el oficio de orfebre en Pátzcuaro, su tierra natal. No lo heredó directamente de su padre, como aún se acostumbra entre los artesanos de Michoacán, sin embargo lleva 36 años en el oficio y su primer contacto con la platería fue en el seno familiar.  A los siete años descubrió en casa de su abuela un arcón de madera lleno de arracadas, anillos y collares de plata; había trabajos recién empezados, otros inconclusos, una báscula de pesitas, una caja llena de cuentas de coral, cerámica, colorines y mucha herramienta. 

 Recuerda que lo que más le gustaba eran las arracadas de plata y azabache. Todo esto pertenecía al hermano de su abuela, Seferino Vallejo, que había sido orfebre de oficio y al parecer uno de los mejores de su tiempo. Así nació su cariño por la platería. Años más tarde, ya adolescente, tuvo la oportunidad de frecuentar con una de sus tías el taller de don Jesús Pérez, quien -según él- es el orfebre más importante que ha existido en Pátzcuaro.  El maestro Pérez era un artista completo; él mismo diseñaba, forjaba, grababa y burilaba; era un excelente platero que le enseñó la técnica del oficio.  Su abuela, muy contenta por su interés por la platería, le regaló aquel arcón maravilloso, que aún conserva, y que le estimuló a convertir en realidad su mayor anhelo: ser orfebre. 

MAESTRO DE OFICIO    

Presume ser autodidacta. El oficio lo aprendió con sus propias manos y recursos. Nunca fue aprendiz de nadie y desde el principio trabajó en su propio taller. Cierto es que, los fundamentos y secretos del oficio se los debe a don Jesús Pérez y también, en gran parte, al maestro Cásares, célebre platero patzucarense de los años cincuenta.  Con el maestro Cásares lo interesante, además de nutrirse de sus conocimientos, fue tener la oportunidad de compartir con él su pasión por la orfebrería purépecha y el compromiso de conservar la tradición. 

TRADICIÓN PROPIA DE PÁTZCUARO    

En Pátzcuaro la plata se ha trabajado desde antes de la llegada de los españoles. Prueba de ello fueron las joyas que los conquistadores quitaron al último Caltzonzin; se trataba, según los cronistas, de coronas, cascabeles, anillos, collares, y diversas joyas ornamentales fabricadas tanto en plata como en oro. Tan rápido corrió la voz y la fama de la orfebrería purépecha, que -se dice- Hernán Cortés mandó fabricar a los orfebres de Pátzcuaro una serie de pequeñas máscaras en oro macizo, que envió a España como regalo al emperador Carlos V. 

ORFEBRERÍA TRADICIONAL PURÉPECHA    

La platería purépecha se hace como las más antiguas orfebrerías del mundo, a base de la forja. Esta técnica permite que las piezas tengan un mayor detalle en el grabado, como puede apreciarse en las escamas de truchas y pescaditos blancos que se usan en los aretes y collares tarascos.  Actualmente, una diferencia básica entre la platería purépecha y la de Taxco es que ésta última se ha industrializado, mientras que la platería tradicional de Pátzcuaro se sigue fabricando cien por ciento a mano y utilizando los mismos materiales e instrumentos desde hace por lo menos dos siglos.  Esto, además de preservar nuestra técnica tradicional, tiene la garantía y, para algunos la limitante de que no se pueden trabajar otros metales que no sean la plata y el oro, como sucede con muchas de la orfebrería de Taxco que se fabrica en alpaca.  Los artesanos purépechas utilizan la plata de 925 gr, aunque, durante los siglosxviiiyxix, emplearon la de 800 gramos. Don Jesús trabaja la de 925 gr, pero también ha utilizado la de 800 gr; la primera es más dócil y permite un terminado más blanco. Además, la plata de 925 gr obliga, por su tipo de maleabilidad, a fabricar piezas más gruesas y por tanto más sólidas.  

EL RITO DE LA PLATA    

Para realizar cualquier pieza, primero se funde la plata que se adquiere en polvo o en pequeños terrones. También se puede agregar pedacería, siempre y cuando los pedazos sean puros y no muy grandes. Antes de fundirla hay que limpiar concienzudamente el polvo y demás impurezas. Ya limpia se deposita sobre un pedazo de carbón vegetal y se procede a derretirla. Sólo se requiere de un soplete de alcohol o petróleo, una buena boquilla y, por supuesto, mucho pulmón, porque si uno no alcanza la temperatura adecuada, la plata se revienta, se fractura.  Al solidificarse, la plata fundida se convierte en un riel que, mediante un máquina sencillísima de rodillos, se lamina una y otra vez hasta conseguir el espesor deseado. Si se necesita hacer alambre o hilo, el riel se adelgaza hasta obtener el calibre esperado. Esto se hace con un burro de tensión de fabricación casera, que consiste en un banco de trabajo y cuerdas (mecate) de diferentes grosores.  El hilo de plata se utiliza para unir las piezas, para hacer los broches de aretes y collares y, en ocasiones, como hilo para engarzar. Una vez laminada la plata viene la forja o fragua, y ya obtenida la forma deseada se procede a soldar y luego a burilar o grabar. Posteriormente vendrán los procesos de acabado: bruñir y pulir. 

DECORACIÓN DE JOYAS    

Don Jesús prefiere la porcelana por ser el material más fácil de conseguir actualmente, y el que más se asemeja al coral, que equivocadamente, se considera el elemento ornamental tradicional de la joyería purépecha, ya que antiguamente se empleaban como elementos ornamentales la semilla de colorín y el azabache.  El coral no pertenece a la geografía de los tarascos, fue traído de Filipinas y de Japón a Michoacán por las Nao de China, cuando la Real Aduana de la Nueva España estaba precisamente en Pátzcuaro. 

HISTORIA Y TRADICIÓN    

Lo más interesante de la orfebrería tradicional purépecha es su carácter ceremonial y festivo. Por ejemplo, la mayoría de los poblados de la ribera del lago y aledaños a Pátzcuaro tienen sus modelos particulares de joyas, especialmente las arracadas; son dignas de mención las de Patambán, Uricho, Uranden e Ihuatzio, entre otras.  Los purépechas todavía acostumbran simbolizar el compromiso de la novia con las arracadas propias del poblado del novio. Existen también collares de compromiso y de boda, como el llamado purépecha, que don Jesús fabrica en cinco modelos diferentes; los hay con monedas, bolas, cruces, colorines, etcétera. En cuanto a la hechura de anillos y sortijas, el más apreciado es eltumbigón, que en purépecha significa anillo de novios. 

Este artesano considera que en su trabajo, tanto el diseño como el conocimiento y manejo de los materiales tradicionales se han enriquecido. Aunque ha realizado algunas réplicas de piezas muy antiguas, el estudio y conocimiento de piezas originales de siglos atrás le ha permitido, sobre todo, crear sus propios modelos sin apartarse de las características tradicionales, desarrollando una platería de manufactura más fina que la tradicional de Pátzcuaro.  Su trabajo es conocido en muchos países de Europa, Estados Unidos y recientemente Japón.  Además, con frecuencia recibe invitaciones para exponer su obra en museos y galerías de todo el mundo. Y no es que se niegue pero es un artesano y como tal vive del trabajo que diariamente realiza. Todo lo que fabrica lo vende muy rápido y mucha de su producción es por encargo. Para exponer en una galería el maestro necesitaría no menos de 50 piezas, lo que equivale a casi tres meses de trabajo. 

HERENCIA DE LA VOCACIÓN    

Su hijo Juan Manuel -el mayor-, desde muy pequeño se interesó por la orfebrería; durante los años de su educación primaria y secundaria iba al taller de su padre todas las tardes a ayudarlo. Su formación como platero es bastante sólida, especialmente en platería ceremonial. Para don Jesús es muy importante que uno de sus hijos -de ocho- continúe el oficio, al cual él ha dedicado casi 40 años de su vida. Al respecto don Jesús nos dice:  “Cuando me vaya, estoy seguro que Juan Manuel no sólo continuará, sino superará la labor de su padre. ¿Qué mayor satisfacción puedo tener de mi arte? ¿Qué más puedo pedirle a la vida?” 

Fuente:  México desconocido No. 248 / octubre 1997

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