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La Quemada, gran santuario en el septentrión mesoamericano

También conocida como Chicomoztoc, esta zona arqueológica del estado de Zacatecas fue el principal santuario de los antiguos chalchihuiteños. Hoy, aguarda para ser descubierta tras años de abandono.

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Durante el primer milenio de nuestra era la región de La Quemada fue colonizada, como muchas otras partes del norte de México, por grupos mesoamericanos procedentes del sur. Estos grupos participaron de la cultura chalchihuiteña, cuyo territorio alcanzó a cubrir desde el sur de Zacatecas hasta el norte de Durango, y desde el lado este de la sierra Madre Occidental hasta sus profundas quebradas en la vertiente del Pacífico.

Los constructores de La Quemada

Los chalchihuiteños eran agricultores de larga tradición mesoamericana, y al mismo tiempo, por ser colonizadores fronterizos, también llegaron a ser temibles guerreros. Por otra parte, en ausencia de estados capaces de dominar, unificar y proteger grandes territorios, florecieron los lugares de peregrinación a los cuales acudían tanto enemigos como aliados. En más de uno de estos lugares parece que existía un oráculo, un santuario, donde se invocaba a los dioses que regían el destino de los hombres. El mayor de los santuarios chalchihuiteños parece haber sido el de La Quemada.

La Quemada: un gran santuario multifacético

El sitio tiene varias caras complementarias entre sí. Por una parte, es una imponente fortaleza, un cerro amurallado con enormes contrafuertes. Posiblementeeste carácter defensivo se fue acentuando en los últimos tiempos antes de su abandono. Pero La Quemada sirvió también como refugio temporal para los aldeanos que ocupaban el valle a su alrededor. Aún se sabe poco sobre la población que vivía permanentemente en el lugar. Aunque es muy probable que se haya formado alguna élite que planeara y dirigiera los trabajos para levantar las construcciones importantes.

La gran mayoría de las obras en La Quemada parece haber tenido un uso ceremonial, propio de un gran santuario, que podemos dividir en tres partes: una sorprendente red de calzadas alrededor y dentro del sitio, una parte destinada a recibir a grandes aglomeraciones y una serie de espacios de acceso restringido.

La Quemada está al centro de una gran red de calzadas rectas que irradian hacia el valle. El visitante puede aún distinguirlas al subir a la parte alta del cerro y divisar las líneas rectas que marcan la vegetación sobre grandes distancias. Estas calzadas pudieron haber servido para proteger a la población del valle al favorecer el rápido despliegue de los guerreros o el retiro de los aldeanos hacia la loma amurallada. Es muy probable que otra de las funciones de dichas calzadas haya sido encauzar las grandes peregrinaciones. Las solemnes ceremonias que aquí se llevaban a cabo estaban presididas por una asamblea de sacerdotes y guerreros que se reunían en la famosa Sala de las Columnas, que ocupa el lado este.

La Quemada como lugar de origen

La Quemada fue abandonada en el siglo IX, junto con una parte importante del territorio chalchihuiteño y en general de toda la Mesoamérica septentrional. Más tarde, sobre sus ruinas se instalaron pobladores con una cultura muy distinta, los zacatecos. Siglos después, desde las primeras entradas de los españoles a estas tierras, sus aliados mesoamericanos reconocieron en estas soberbias construcciones abandonadas la legendaria Chicomóztoc, el lugar de las Siete Cuevas de donde sus antepasados decían proceder. Ahora, los trabajos arqueológicos vienen a confirmar en gran medida esta identificación. En efecto, sabemos que los chalchihuiteños fueron los tolteca-chichimeca que según la memoria histórica indígena salieron de Chicomóztoc, migraron al sur y se aliaron con otros pueblos para dar sustento a la poderosa y pluriétnica ciudad de Tula. Consigo habían traído de las tierras chalchihuiteñas del norte la “guerra florida” y el tzompantli, la imagen del chac mool, los oráculos y la Sala de las Columnas.

Posteriormente estas tierras norteñas fueron densamente envueltas en las brumas del tiempo. Frente a las adversidades incontrolables y ante las grandes derrotas que sufrió la Mesoamérica septentrional, la memoria histórica se hizo olvidadiza y se diluyó en el mito. El abandono del norte se transformó entonces en un nacimiento. “En el norte nacimos, en la cueva matriz de Chicomóztoc nacimos.” Luego estos territorios otrora mesoamericanos fueron ocupados por poblaciones norteñas muy distintas de cazadores-recolectores, más que agricultores. Y así los antiguos mesoamericanos que habían colonizado y luego perdido el gran norte llegaron a ser confundidos en los códices y en las leyendas con estos nómadas bajo la misma denominación de “chichimecas”.

El sitio de La Quemada no fue probablemente el único Chicomóztoc o gran santuario adonde los mesoamericanos norteños acudían a consultar a sus dioses, pero sí fue el más afamado por la grandeza de sus construcciones. Hace más de mil años que las guerras y las sequías acallaron los cantos y las plegarias de los peregrinos, pero sus ruinas siguen provocando la admiración de los visitantes.

Y tú… ¿Ya conoces La Quemada?

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