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Peña de la Gloria: Ascenso al corazón de la cascada

Un grupo de espeleólogos liderados por Carlos Lazcano, viajó a la Sierra Gorda de Querétaro para explorar esta increíble formación (cascada con cueva) y llegar hasta donde, al menos eso se creía, nadie había estado jamás”.

Carlos Lazcano

Muchos pensarán que en este siglo XXI, aun en sus inicios, es poco lo que queda por descubrir en este mundo. La apreciación no es correcta. Para los que hemos dedicado toda la vida a la exploración, en mi caso la geográfica y espeleológica, nos damos cuenta de que es mucho lo que todavía falta por conocer. Y no tenemos que visitar otro planeta para encontrar cosas nuevas. De hecho todos los días los científicos realizan muchos descubrimientos, y esto no parece que vaya a acabar pronto, al contrario, el ritmo de hallazgos aumenta cada día.

Comento esto porque hace unos meses me reuní con algunos amigos de la Asociación de Montañismo de la UNAM, y nos dejamos llevar por nuestro gusto de dar luz a lo desconocido. Retos teníamos muchos, pero había uno especialmente atractivo. Mi amigo ambientalista Roberto Pedraza Ruiz, uno de los fundadores de la Reserva de la Biosfera de la Sierra Gorda, me había comentado de la cueva de la Peña de la Gloria, localizada en medio de la pared de un cañón del río Escanela, uno de los más escarpados de la sierra, dentro del municipio de Pinal de Amoles, en Querétaro. Fue el mismo Roberto quien, en noviembre pasado, me había acompañado a visitarla y ubicarla, para ver la magnitud de su pared y analizar el posible acceso futuro. Cuando estuve en la base de la peña, salía de la cavidad una gran corriente de agua, formando así una hermosa cascada que calculé de al menos ochenta metros de altura. Fue impresionante verla. Acceder a la cueva por donde salía tanta agua no parecía una tarea fácil.

Esta cavidad capta el drenaje de una gran meseta que se extiende hacia el oeste de donde se encuentra la cueva. Dicho drenaje subterráneo formó un sistema cavernícola cuya salida o resurgencia es precisamente la cueva de la Peña de la Gloria. Es de esperarse que esta cavidad llegue a tener una longitud kilométrica. Habría que escalar, cuando menos, casi cien metros de la pared de piedra donde se encuentra y habría que hacerlo en un mes más seco ya que la gran cantidad de agua que aun salía, dificultaría considerablemente la escalada.

La conjunción de los exploradores

No me fue difícil convencer a mi amigo y también espeleólogo Manuel Casanova, quien a su vez convocó a otros exploradores emergentes de la UNAM, y pronto quedó conformado el grupo para inspeccionar la Peña de la Gloria. Además de Casanova y yo, estaban Adrián Alvarado Castro, escalador de élite que logró ascender la gran pared del Gigante, en Chihuahua: el máximo reto de escalada en México; Yolotzin Medina Carrión, una de las mejores espeleólogas y exploradoras, experta en cañones difíciles; y Bernardo Finck Vite, igualmente un gran conocedor en temas de cañonismo y en técnicas de espeleología. Ya en el campo, la participación de un guía local era imprescindible. Tendría que ser una persona que, además de ayudarnos a conseguir un animal para trasladar todo el equipo, sirviera de enlace entre nosotros y la comunidad. Por fortuna, al final pudimos contar con el apoyo de don Guadalupe Sánchez Ramírez, quien nos había guiado a Roberto y a mí la primera vez que visitamos la peña.

La Sierra Gorda de Querétaro esconde numerosos (y asombrosos) secretos. ¡Y nosotros íbamos al encuentro con uno de ellos!

El ascenso a la cueva

Después de viajar desde Ensenada, Baja California, a la Ciudad de México, me reuní con mis amigos de la UNAM y salimos hacia la Sierra Gorda, en tierras queretanas. Nuestra base de operaciones sería el río Escanela; ahí acampamos en su centro ecoturístico, a un lado del brazo acuático. Al día siguiente, don Guadalupe, miembro de esta comunidad, nos llevó hasta Peña de la Gloria. Íbamos cargados de cuerdas y equipo, pues pensábamos quedarnos algunos días en la región, en realidad no sabíamos cuántos, todo dependía de los resultados obtenidos durante nuestra exploración

En poco más de una hora llegamos a la pared donde está la cavidad. Ante mi sorpresa y beneplácito, en esta ocasión nada de agua salía de ella, la cascada había desaparecido. Para poder acceder a la cueva de la Peña de la Gloria habría que escalar alrededor de ochenta metros de altura sobre una pared de roca caliza. Adrián y Yolotzin abrieron la ruta. Adrián fue el puntero debido a que está considerado entre los escaladores de élite, su participación, así como la de Yolotzin -quien también domina las técnicas deportivas- sería fundamental para poder explorar la cueva. Los demás esperábamos su entrada para seguirlos.

 Carlos Lazcano

Después de los preparativos, hacia las diez de la mañana, Adrián y Yolotzin iniciaron la escalada. No lo hicieron directamente debajo de la huella de la cascada, ya que ahí la piedra se veía muy deteriorada y peligrosa. Iniciaron una travesía por el lado derecho de la pared, aprovechando los árboles que ahí habían crecido, así como algunas repisas breves. Sin embargo, la escalada no resultó fácil por lo podrido de la roca. Siete horas les llevó alcanzar la cueva y terminaron bastante agotados.

A las puertas de la gloria

Una vez alcanzada la cueva, instalaron una cuerda para poder descender y dejarnos el camino libre para iniciar la exploración. Cuando se efectuó la escalada nos dimos cuenta de nuestra equivocación: la altura de la cascada resultó ser mayor a lo esperado, cercano a los cien metros, por lo que Adrián y Yolotzin tuvieron que unir dos cuerdas para que el rapel alcanzara.

Al día siguiente, el trabajo fue intenso. Rearmamos la ruta establecida y dividimos el tiro en tres partes, esto para dar mayor agilidad a las maniobras y sobre todo por seguridad, queríamos evitar algunos roces peligrosos de la cuerda sobre la roca. Después, subimos los costales con equipo y comida e instalamos un pequeño campamento en la boca de la cueva. Todo el día nos lo pasamos haciendo maniobras que requieren una cantidad considerable de esfuerzo. Quedamos exhaustos.

El ascenso lo hicimos sobre una hermosa y vertical rampa, originada por el carbonato de calcio del arroyo que sale de la cueva y al caer forma una cascada de cien metros. El mineral depositado es travertino, una de las variedades cristalinas de la calcita, asociada a regiones con cuevas. Esta rampa nos condujo a la entrada, entre grandes bloques de piedra que se han ido desprendiendo está el techo de la cavidad que alcanza los trece metros de altura. Dentro, seguimos por un pasaje descendente de unos veinte metros de longitud.

Antes de entrar a explorar la cueva, en el camino encontramos una gran cantidad de tepalcates (utensilios de barro) de diversos tamaños, señal de la presencia indígena, al parecer, desde tiempos prehispánicos. Algunos de ellos son grandes, con bordes bien definidos y pigmentados con blanco y negro; otros más tienen trazados lineamientos sobre el barro. Resulta muy interesante descubrirlos. También localizamos un metate, lo que nos indica que posiblemente esta cavidad la llegaron a ocupar por temporadas, suposición que nos queda confirmada al encontrar algunas terrazas muy bien elaboradas por los antiguos pobladores. Hallamos algunos vestigios orgánicos como un olote y el pedazo de una jícara hecha con calabaza, así como otros objetos que en este momento no podemos identificar. ¿Cómo subirían hasta acá los indígenas? No lo sabemos, pero llegamos a algunas hipótesis: posiblemente hubiera otra entrada por la parte alta de la meseta; quizá hayan sido muy buenos escaladores y conocían una ruta más fácil que la que nosotros acabamos de escalar.

 Roberto Pedraza

Prácticamente nuestro primer día en la cueva no fue de exploración; habíamos terminado tarde las maniobras y nos entretuvo el hallazgo de los vestigios indígenas. Por la noche, preparamos la cena mientras comentamos este afortunado descubrimiento.

Prematuro encuentro con el sifón

Al día siguiente por fin exploramos la cavidad. Como ya habíamos anotado, la bienvenida no las dio un salón cuyo techo alcanza los trece o catorce metros de altura. Ahí continuamos por un pasaje que desciende unos veinte metros. Ya en tierra, localizamos una pequeña poza de agua fresca, limpia y cristalina; mucho nos ayudó encontrarla pues no tuvimos necesidad de subir agua.

Al final de este pasaje, volvimos a subir hasta llegar a una galería. Aquí la roca se apreció totalmente lavada y era evidente que durante el tiempo de lluvias corre mucha agua. El pasaje aun era amplio, caminamos entre algunos bloques de piedra y, tras unos 150 metros, accedimos a un pequeño salón donde aparentemente no pudimos continuar, la razón: un sifón. Para avanzar era necesario bucear y no íbamos preparados para ello. Por mi experiencia sé que este sifón probablemente era un pequeño paso inundado, en forma de “u”, en donde se estancó el agua de la última crecida. Pude calcular que no era muy largo ni profundo. Todos admiramos el sifón: una hermosa poza, con agua totalmente transparente donde se hunde una colada estalactítica (un mineral del grupo de los carbonatos).

Como no pudimos continuar, decidimos dar por terminada la exploración e iniciamos la retirada. Ya entrada la tarde, habíamos levantado el campamento, descendido de la cueva y recogido las cuerdas junto con todo el equipo. Don Guadalupe, nuestro guía, consiguió una mula que nos facilitó el regreso al río Escanela.

El propósito de indicar el camino hacia la cueva de la Peña de la Gloria fue cumplido, lo que permitirá continuar en el futuro, una investigación más extensa. Nuestras ganas por seguir explorándola es insaciable, por ello decidimos regresar el próximo año, planteándonos dos objetivos más: el primero, es venir en mayo, de preferencia a fin de mes, cuando se tiene el nivel máximo de sequía, y es posible que baje el nivel de agua del sifón o de plano desaparezca, permitiéndonos la exploración profunda; el segundo, es explorar la meseta superior de este cañón, de donde procede toda el agua subterránea que alimenta a la cueva. Ahí existen numerosas cavidades que hay que localizar y muy posiblemente nos permitan un acceso superior a esta cueva, más allá del sifón. Según mis cálculos, esta cavidad podría tener varios kilómetros de desarrollo, por lo que con esta expedición apenas iniciamos su exploración. Y ya desde sus inicios las sorpresas fueron buenas, el hallazgo de los vestigios indígenas es algo que jamás olvidaremos.

 Carlos Lazcano

Nuestro equipo

  • Cuerdas de espeleología y escalada
  • Cascos, stoppers, nueces, clavos, mosquetos, cintas, ascensores y descensores franceses
  • Casas de campaña, bolsas de dormir, lámparas, estufas, hieleras

Cómo llegar

En auto
Toma la autopista México-Querétaro hasta llegar a San Juan del Río. Sigue la desviación en la federal No. 120 hacia Tequisquiapan y continúa hasta Jalpan de Serra.

En autobús
Viaja directo desde la Ciudad de México a Jalpan de Serra, por Flecha Amarilla desde la Central del Norte.

Dónde hospedarse

Campamento Ecoturístico Río Escanela
Carretera Federal No. 120 con rumbo a Pinal de Amoles, desviación Río Escanela.
Tel. 01 441 109 1448

Hotel Misión Jalpan
Av. Fray Junípero s/n, Centro, Jalpan de Serra.
Tel. 01441 296 0445
hotelesmision.com.mx

Posada Los Ángeles
Mariano Matamoros No. 9, Centro, Jalpan de Serra.

Dónde comer

Rincón Serrano (en el Hotel Misión Jalpa)
Av. Fray Junípero s/n, Centro, Jalpan de Serra
Tel. 01 441 296 0445

Tour operador

Sierra Gorda Ecotours
Tel. 01 441 296 0700
Facebook: Sierra Gorda Ecotours
Twitter: @ecotourssg

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