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Pie de la Cuesta. 2 destinos en uno

Descubre este fantástico lugar, donde la majestuosidad del Océano Pacífico parece fusionarse con los exóticos paisajes de la laguna de Coyuca; un destino simplemente perfecto. ¡Aquí te lo presentamos!

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Este es, sin duda alguna, un sitio privilegiado, donde conviven la majestuosidad del Océano Pacífico y los paisajes exóticos de la laguna de Coyuca. Se dan cita en un mismo escenario el manglar y el mar, y por supuesto, la fauna que en este habitat deleita a sus visitantes.

En apenas cuatro horas de viaje, con una parada obligada en el famoso Cuatro-Vientos (recién llamado Km. 107), llegamos al Puerto de Acapulco.

En la cresta de la montaña pudimos admirar, apenas unos instantes, la internacionalmente famosa bahía, que alberga altos hoteles que forman el cinturón de la costera. Los señalamientos viales dejaban ver las opciones de recorrido, el nuestro: Pie de la Cuesta, cerca del mundo, lejos del bullicio. Baxar, un acogedor hotel de 21 habitaciones, era nuestro destino, el fin del camino.

Lecho apacible
Al llegar a Baxar, nos dimos cuenta de que resultaba ideal para aquellos que desean escaparse. Pequeño y lleno de detalles, invita a los huéspedes a disfrutar plenamente de sus espacios. En su diseño se encuentran elementos que hablan de la riqueza cultural de nuestro país, en la decoración hay objetos de factura artesanal aplicados de manera estética y funcional que le dan un toque de buen gusto y originalidad. Cada una de las  habitaciones está identificada por una carta de la lotería tradicional. En esta propuesta las hamacas no podían faltar, así como el mobiliario ideal para el descanso, la lectura y los juegos de mesa.

De cara al mar, su club de playa, también es sensacional. Un restaurante bar instalado en un pequeño muelle con pocas mesas, vista y ambiente inigualable. Con el paso de los días pudimos disfrutar de las especialidades gastronómicas que ofrece: crema de camarón al coco, servida en coco natural y gratinada; camarones Baxar, rellenos de queso manchego, cubiertos con tocino y bañados de crema al chipotle; filete al epazote, envuelto en hoja de maíz y cocinado a la plancha.

Algo que llamó nuestra atención desde el momento que llegamos, fueron las originales camas colgantes de su club de playa, y por supuesto, disfrutamos impresionantes atardeceres y el delicioso vaivén del oleaje.

Lo primero, descansar
El primer día decidimos deshacer el maleficio urbano, detener el reloj que, obligados a tener encendido por las ruedas del camino, por fin encontraba descanso en una cama de arena. Hicimos recorridos a pie y a caballo a lo largo de la costa, admiramos con calma el infinito en las ruedas del mar mientras volaban sobre la playa garzas blancas, golondrinas, pelícanos y  gaviotas en parvadas que se dispersaban en lo profundo del horizonte. Después todo fue saborear algunos platillos, recostarse sobre la arena y dormir a pierna suelta. El atardecer no se puso límites, el sol asistió sin falta a su cita con su amada, la mar; amarillos y dorados antes del encuentro, poco a poco naranjas y morados. Naranja intenso cuando se empiezan a acariciar. Rojo casi braza antes de desaparecer en la oscuridad, para que nadie los vea.

Velocidad sobre el agua
Al día siguiente optamos por hacer un largo recorrido en kayak que resultó de mucho éxito, nos desbordamos en la velocidad ayudados por la corriente y la dirección del viento; nos detuvimos en silencioso respeto entre los manglares, inundándonos de la leve orquesta que sus hojas nos entonaron; nos retamos en llegar más allá que allá. Parecía no haber límites en la aventura, volando encima de un espejo que se hacía líquido al ser surcado por nuestras embarcaciones. El regreso nos tomó más tiempo que la ida, en el que estuvimos acompañados por el ángel de los pescadores y la compañía ocasional de los pelícanos que se acercaban a los kayaks en busca de alimento.

El mejor pescado a la talla en isla Montosa
El tercer día decidimos hacer la prueba con los esquíes, los que tenían experiencia se dieron vuelo en los recorridos hasta terminar agotados. Después de muchos intentos, pude sostenerme sobre un trecho más largo moldeando mi cuerpo a las exigencias de la tarea: derecho, inclinado hacia atrás, fuerza en los brazos y piernas… Si hacía bien eso, lo que seguía se arreglaría de alguna manera. El intento terminó en una experiencia desastrosa que anunciaba, por fin, la posibilidad de lograrlo. La pena de las caídas valió la fuerza en el respirar de los logros. Los gritos de alegría en el deslizar tranquilo no pudieron faltar.

El piloto consideró prudente dar por terminada la sesión y para convencernos, despertó nuestro apetito hablando de un pescado a la talla que servía Don Aldegundo en Isla Montosa, accedimos sin pensar. A esta isla llegó a establecerse muchos años atrás, cuando Pío Quinto Estévez Solís, rodeado de sus siete esposas, se convirtió en el primer poblador de la isla. ¿Exiliado? Tal vez. Las mantuvo con los productos de la pesca y con un refugio hospitalario donde el atractivo era el excelente pescado a la talla salpicado con cervezas frías. Su bisnieto, don Aldegundo Estévez Solís, heredero de la tradición, nos preparó el mejor pescado a la talla que hemos probado, no sin antes disfrutar las sabrosas tiritas de pescado: su especialidad. Ahí conocimos a Horacio, un enorme cocodrilo convertido en la mascota y emblema del lugar. Llegamos después a la Isla de Pájaros invadida por  pelícanos, patos buzos, garzas y gaviotas entre otras muchas especies, un perro por ahí, indicadoras del cuidado que se tiene por mantener las condiciones naturales de la laguna. Al atardecer nos asomamos a los manglares y nos despedimos de la laguna agradeciéndole su hospitalidad. Nos esperaba en Baxar la mano de dominó y el sabor a yerbabuena de los mojitos cubanos.

Barra de Coyuca
Al día siguiente nos levantamos temprano y después de un ligero desayuno, partimos en la lancha con destino a la Barra de Coyuca. Una pequeña franja de arena divide al mar de la laguna mientras llega la temporada de lluvias, cuando se juntan el agua dulce y la salada para beneficio de la fauna lacustre, cuya riqueza principal es el botete, la lisa y la carpa. Bajo las enramadas, con miradas sonrientes, reciben a los visitantes con suculentos manjares. Ya no contábamos con mucho tiempo y algunas actividades esperarían para la próxima ocasión. Nuestro guía nos contó que la laguna se alimenta del Río Coyuca y el Río Pedregoso, donde, río arriba, los lodos con propiedades curativas aplicados en cara y cuerpo son otro atractivo del lugar.

Nos resistíamos a partir, pero dicen que el tiempo nunca fue buen curandero. Al rodar sobre la autopista, después del túnel, supimos que el sueño se había quedado al Pie de la Cuesta, esperando, con ansias, nuestro regreso.

Dónde dormir

Baxar, hotel ecológico
Av. Fuerza Aérea 356, Pie de la Cuesta, Acapulco.
Tel. 01 (744) 460 2502.
www.baxarhotelacapulco.net

Dónde comer

Hacienda Vayma Beach Club
378 Playa Pie de la Cuesta, Acapulco.
Tel. 01 (744) 460 2882.
www.vayma.com.mx

Amorcito Café
Av. Fuerza Aérea 345, Pie de la Cuesta, Acapulco.
Tel. 01 (744) 460 2457.
http://amorcitocafe.com/

Deportes acuáticos

Wake borrad
XCadena Club
Laguna Pie de la Cuesta.
Tel. 01 (744) 1598 503 y 486 0132.

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