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Los gigantes de La Encrucijada, Chiapas

En el corazón de esta Reserva de la Biosfera, ubicada al sur de la entidad chiapaneca, enormes árboles de hasta 40 metros, junto con sendos bosques de zapotales, conforman un espectacular ecosistema. ¡Descúbrelo!

Foto: Octavio Aburto
México Desconocido

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Llegamos por la noche al embarcadero Las Garzas, en el municipio de Acapetahua, al sur del estado de Chiapas. Humberto Yee (un ambientalista y agro-ecólogo, heredero de varias de estas tierras por parte de sus padres) y su tío Abel (ambos protectores de los manglares de la Isla Concepción, en la Reserva de la Biosfera de La Encrucijada) nos esperaban para comenzar el viaje. Subimos nuestro equipo fotográfico al cayuco, una pequeña y alargada embarcación con un pequeño motor fuera de borda, pero que puede navegar entre los canales de manglar utilizando remos. Con una hermosa luna llena que delineaba la forma de los manglares de una manera precisa, navegamos entre varios canales hasta llegar al campamento donde nos esperaban la tía y primas de Humberto. Durante los siguientes cuatro días fuimos tratados como reyes, con deliciosas comidas y disfrutando de los paisajes más impresionantes que uno pudiera imaginarse. ¡Ésta es la historia de esas jornadas!

Los bosques costeros y sus beneficios económicos

En La Encrucijada hay zonas de gran importancia, como la zona de Chantuto y Panzacola, donde las pesquerías del camarón y otras especies son la base de las actividades económicas. Los manglares y los bosques de zapotales representan una zona de contacto entre las comunidades marinas y terrestres, pues diariamente reciben una carga de agua del océano y agua dulce que desembocan de ríos, arroyos terrestres o subterráneos, además de nutrientes y sedimentos. Estos ecosistemas son pilares del ciclo de vida de una gran diversidad biológica: proveen hábitat, lugares para apareamiento y reclutamiento, así como nutrientes. Una gran variedad de peces y moluscos -comerciales o no comerciales- depende de los bosques costeros, sobre todo para sobrevivir su estadio juvenil. Invariablemente, cuando estos bosques son talados o se destruyen hay una disminución de la pesca local.

El puro hecho de tener estos ecosistemas saludables, provee beneficios no materiales y no cuantificables. Por ejemplo, diversas culturas en México han surgido y convivido con manglares desde el inicio de su historia; también, una infinidad de actividades recreativas (observacion de aves, campismo) han permeado el tejido social de muchas comunidades costeras. No obstante, bastantes son los servicios provistos por estos bosques costeros al hombre, y que pueden ser cuantificables monetariamente. Entre los más importantes se encuentran: la regulación de perturbaciones, el abastecimiento y regulación de agua, la formación de suelos, el tratamiento de desechos y la producción alimenticia. Estos servicios son clave para sostener actividades económicas en zonas costeras y se calcula que generan ganancias de hasta dos mil millones de dólares a nivel mundial. La pérdida de los servicios que proveen estos bosques muestran el daño irreparable que sufrirán las economías costeras si la destrucción de manglares continúa como en las últimas décadas.

El proyecto de la Isla Concepción

Al amanecer, el paisaje parecía una alucinación. Los reflejos de manglares (base de árboles) de 40 metros de altura sobre el agua tranquila del canal nos dejaron boquiabiertos. Humberto y el tío Abel nos guiaron por rincones y canales del bosque de manglar, y por la única comunidad de selva baja inundable de zapotonales. Monos araña, osos hormigueros, coatíes, zorras, no dejaban de asombrarnos. Aves de todos colores: patos, pájaros carpinteros, garzas, gorriones, pericos, águilas. Humberto decía: “Si tienen suerte verán…”, dos minutos después ahí estaba, otra especie distinta. Por las noches caminábamos y más fauna nos impresionaba: armadillos, ranas, puerco espín. El clímax llegó cuando Humberto nos apuntó hacia la orilla del río, con grandes ojos y atónito, un cocodrilo de cerca de 4 metros que tomaba el sol despreocupadamente. Sin lugar a dudas, esos días fueron una constante embriaguez para nuestras pupilas.

Humberto y su familia han hecho una gran labor de conservación y restauración en la Isla Concepción. Han trabajado en repoblar el área con especies amenazadas; en particular con los cocodrilos que fueron cazados y sobreexplotados por el valor de sus pieles. Ellos protegen los nidos de las hembras para que no sean depredados los huevos y, una vez que eclosionan, cuidan a los crías por un tiempo para incrementar su sobrevivencia. Sin duda, su dedicación por cuidar la naturaleza y entender que la salud de los ecosistemas es realmente una manera digna de vivir, se merece el respeto de cualquiera.

Cocodrilo juvenil recién liberado sobre un nenúfar / Octavio AburtoFoto: Cocodrilo juvenil recién liberado sobre un nenúfar / Octavio Aburto

Los retos

México tiene que conjugar la protección de sus litorales con el desarrollo social y económico de miles de comunidades que se expanden rápidamente a lo largo de las costas mexicanas. Mientras que la meta es llevar a cabo el desarrollo sustentable del país, no se ha consolidado una visión de lo que realmente significa contar con ecosistemas saludables e íntegros y, al mismo tiempo, poder manejar los recursos naturales y servicios ambientales que ofrecen. La gran tasa de cambios negativos en los manglares desde los años ochenta en Asia, el Caribe y Latinoamérica ha sido ocasionada principalmente por la conversión de estas áreas para acuicultura, ya que muchos gobiernos han optado por privilegiar la generación de beneficios económicos a corto plazo, más que consolidar visiones a largo plazo para aumentar la seguridad alimenticia, estimular las economías costeras y mejorar los estándares de vida. En este sentido, Humberto, Abel y el resto de la familia enfrentan (literalmente) una encrucijada. Mientras ellos están promoviendo un desarrollo con base en el cuidado del ecosistema y trayendo turistas que disfruten estos recursos naturales, una de las más destructivas actividades de agricultura se esta expandiendo rápidamente en La Encrucijada. El cultivo de la palma africana, que supuestamente se utiliza como biocombustible, deteriora y seca los suelos donde se planta y compite con cualquier otra especie nativa por espacio. Los agricultores que empujan esta actividad están secando los pantanos de La Encrucijada, quemando manglar y bosques de zapotón. En palabras de Humberto: “Perderemos nuestros humedales y con ellos el hábitat de muchas especies. Los esteros ya no tendrán la suficiente agua para los pantanos en verano, muchas zonas dejarán de ser navegables, como ya está pasando en Panzacola; la de por sí pesca pobre -de la mojarra tahuina, pejelagarto y camarón- sin humedales va a ser crítica o nula, y por ende muchos pescadores quedarán en la ruina”. Los árboles que integran estos bosques costeros, gigantes que han crecido en estas zonas de transición entre el mar y la tierra, nos protegen de fenómenos naturales como huracanes y tormentas, filtran el agua que tomamos, nos dan mucha de la comida que nos alimenta, y nos cautivan con su belleza. Todo esto sin ningún costo. Debemos de entender que estos servicios ambientales serán cada vez más importantes en las décadas que vienen, a medida que el cambio climático global siga expresándose con mayor intensidad. Humberto y su familia lo tiene muy claro y esto es un reflejo de personas que realmente conocen y saben las implicaciones de perder lo natural.

Gallito azul, ave que habita en La Encrucijada, Chiapas / Octavio AburtoFoto: Gallito azul, ave que habita en La Encrucijada, Chiapas / Octavio Aburto

Dónde está

La Encrucijada comprende parte de los municipios chiapanecos de Pijijiapan, Mapastepec, Acapetahua, Huixtla, Villa Comaltitlán y Mazatán. La reserva se comparte entre dos zonas económicas: la Istmo Costa y la Soconusco. Su límite al norte lo constituye la comunidad de Chocohuital en Pijijiapan y al Sur, en Mazatán, lo conforma la comunidad de Barra San Simón. Fue decretada como Reserva de la Biosfera el 6 de junio de 1995, con una superficie de 144,868 has de terrenos ejidales, comunales y federales. Un poco más de 60 comunidades integran esta reserva y viven de distintas actividades económicas como pesca, agricultura, ganadería y, más recientemente, ecoturismo que se ha incrementado de manera importante.

Sobre el autor

Octavio Aburto es fotógrafo asociado a la Liga Internacional de Fotógrafos para la Conservación (www.ilcp.com) e investigador del Instituto de Oceanografía Scripps. Junto con otros colegas suyos, coordina la iniciativa “Mares Mexicanos”, que busca comunicar la importancia de tener ecosistemas marinos saludables en México.

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