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Una feria para comerse: recorrido por los moles de San Pedro Atocpan

Me lancé a la Feria del Mole en San Pedro Atocpan, donde descubrí que el mole tiene más variedades de las que me imaginaba. Sin duda un evento culinario para chuparse los dedos.

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Social Media Editor de México Desconocido. Amante de los viajes y la gastronomía mexicana.


Tuvieron que pasar muchos años antes de que pudiera lograr apreciar el sabor del mole. Fue hasta que cumplí 20 años que mi paladar por fin pudo distinguir y valorar la complicada y exótica mezcla de uno de los platillos más representativos de México.

Después de muchos años de posponerlo, este fin de semana por fin me lancé a la Feria del mole de San Pedro Atocpan, en Milpa Alta. Me habían advertido que el camino era largo, así que tomé mis precauciones  y decidí irme desde la mañana, así podría aprovechar el día al máximo. Llegué a la estación del metro Taxqueña y de ahí tomé la Ruta 81, que me llevaría a mi destino: el paraíso del mole.

El trayecto duró poco más de 40 minutos y el camión nos dejó en plena carretera, desde donde se alcanzaban a ver a lo lejos los juegos mecánicos. En la entrada ya había mujeres vendiendo tamalitos de frijol (muy típicos de Milpa Alta). Después de pagar los cinco pesitos de acceso, llegamos al lugar prometido.

Momento para ser ajonjolí de todos los moles

Había un corredor lleno de restaurantes que ofrecían moles de todo tipo y te daban la probadita para que te animaras. “¡Pásele, pásele! Tenemos mole apiñonado, de arándano, de manzana, de almendra”. Paseamos por los primeros 15 locales y ya habíamos probado más de 30 sabores diferentes; era difícil decidirme por uno, hasta que encontré el elegido: mole de manzana, pera y chabacano.

 Viridiana Mirón

Comí en el local del restaurante “El Manjar de San Pedro Atocpan”, donde me ofrecieron por muy buen precio un consomé de verduras calientito y un molito de frutas con una pieza de pollo (también hay opción de pedir guajolote) que acompañé con tortillas rosas hechas a mano y un agua fresca de Jamaica. Mientras comía disfrutaba de los olores que salían de la cocina al aire libre y de los huapangos de los músicos que iban ofreciendo sus versos mesa por mesa y puesto por puesto.

 Viridiana Mirón

Para el “desempance” no pude hacer más que recorrer el resto de la feria, de pronto, llegué a otro de los pasillos con puestos que ofrecían moles en polvo y pasta de todos sabores para poder preparar en casa. Desde el negro y el poblano, hasta otros más exóticos como el de jamaica, el de tamarindo, el almendrado, el de piñón, el de nuez, el extra especial; decidirse fue todo un reto.  

 Viridiana Mirón

Más allá del mole

Junto a los juegos mecánicos pude presenciar el siempre maravilloso rito de los voladores de Papantla. Allá, a lo lejos, vi cómo esos hombres volaban por el cielo azul cubierto de nubes blancas; ¡fue increíble!

 Viridiana Mirón

Seguí mi recorrido. Aproveché para tomarme un pulque y “chacharear” en los puestos de artesanías –y más comida-: figuras de latón, cerámica, rebozos, ollas de barro, muñecas de trapo, quesos, atoles, panes de elote, artículos de piel y muchas cosas más.

 Viridiana Mirón

A lo lejos escuché música tradicional y me acerqué al templete donde se presentaban danzas típicas de varias partes del país. Después y para refrescarme, pues el sol empezó a brillar a lo alto, me fui al corredor de los bares, donde me tomé una cerveza mientras veía a las familias comprando, bebiendo, comiendo y disfrutando a lo grande de este festín lleno de sabor. 

La tarde empezó a caer y decidí emprender el viaje de regreso, pero para muchos era momento de empezar la fiesta. Me dijeron que los sábados la feria terminaba hasta las cuatro o cinco de la mañana, pero mi camino no podía esperar hasta estas horas.

Volví de donde vine, pero eso sí, muy diferente de como llegué; con el estómago lleno, mi paladar extasiado de los dulces y picantes sabores que probé y con el alma llena de alegría. La Feria de San Pedro Atocpan fue el lugar perfecto para vivir las tradiciones de México a través de su comida y sus complejas mezclas de sabor que sólo podrían originarse en un país lleno contrastes. 

 Viridiana Mirón

La edición número 40 de la Feria Nacional del Mole en Milpa Alta se celebra del 7 al 29 de octubre en el poblado de San Pedro Atocpan.

Tips de viajero

  • Te recomendamos desayunar algo ligero, ya que llegando ahí no podrás dejar de comer todo tipo de antojitos durante todo el recorrido.
  • Lleva ropa cómoda y algo con qué taparte. El clima es templado, pero por momentos se sienten ráfagas de aire frescas, así que toma tus precauciones.
  • No dejes de probar el atole de novia, un clásico de Milpa Alta que lleva leche condensada, evaporada, pinole, canela y chocolate.
  • Lleva dinero en efectivo. Son muy contados los puestos que aceptan pagos con tarjeta de crédito. 

Costo

La entrada a la feria es de 5 pesos, pero toma en cuenta que el estacionamiento puede ir desde 25 a los 50 pesos. 

Cómo llegar

San Pedro Actopan se encuentra en el kilómetro 17 de la carretera Xochimilco-Oaxtepec. 

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