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En busca de Rulfo: un viaje por las tierras de Colima

Una visita a Colima, como suele ocurrir a los viajeros, cambió la vida de Dolores. Nunca imaginó encontrar similitud entre su historia familiar y la de aquel Pedro Páramo, dueño de casi toda Comala en la novela de Juan Rulfo.

17-03-2017, 5:00:49 AM

Gabriela Guerra Rey

La gente solía decir que la Comala real y la de Juan Rulfo en Pedro Páramo en nada se parecían. Pero el año del centenario de su autor preferido y ese sexto sentido que, dicen, tienen las mujeres, convencieron a Dolores de emprender el viaje hasta Colima, estado ubicado entre los pies del Océano Pacífico y el corredor que llaman jaliscolimense, de donde, por cierto, parece ser originario Rulfo.

LAS OLAS, LAS AVES

Su destino era Comala, sin embargo, como quien saborea una sorpresa que no sabe si va a ser la mejor o la peor de su existencia, decidió aterrizar primero en Manzanillo. Aquellas tierras le dejaron el alma en ascuas, por la estupefacción de lo desconocido y el regocijo de lo innombrable.

Recorrió las playas desde la Bahía de Santiago hasta la de Manzanillo, en cuyos crepúsculos el sol vive hasta pasadas las ocho. Las sombras la acompañaron por las orillas, donde quedaron bañistas y pescadores. El puerto de Manzanillo, pesquero de altura y cabotaje, es el más importante de México.

Herbey Morales

Luego de saborear un atún de las costas de Colima en La Cumparsita, decidió poner sus ideas en orden con la noche tranquila del Best Western Luna del Mar. Desde el balcón caían los últimos vestigios del atardecer. El sol declinó tras los barcos de cabotaje, y la vista estalló en grises, amarillos, rojos, azules, verdes, hasta que solo quedó el bramar de las olas.

Con estos recuerdos salados, amaneció Dolores, y con las viejas historias de aparecidos de Comala que le contara su madre. En el Rancho Peña Blanca, atravesando la selva tropical, los humedales y manglares, hasta Playa de Oro, la esperaban las aves. Unas veces escuchó sus cantos y, otras, sus colores enhebraron el follaje o el cielo. “Este año han anidado en lo alto de los árboles”, le explicaron. Significa que no habrá huracanes. El poder predictivo de la naturaleza le acentuó la certidumbre de estar ligada a aquellos parajes. Sobre su cabeza volaban el carpintero mexicano, la cigüeña americana, el martín pescador, el gavilán caracolero, el zopilote, la fragata tijereta y muchos más, cuyos nombres se le escaparon de los labios.

Herbey Morales

LOS FANTASMAS DEL VOLCÁN DE FUEGO

Dolores lleva el nombre de aquella mujer que desposara Pedro Páramo solo para saldar deudas, y a quien le dejara en el vientre ese hijo, Juan Preciado, que huérfano fue a Comala a buscar y a cobrarle las cuentas al padre. Unas horas después de haber mojado los pies entre las aguas frías y las garzas blancas de la playa, la joven enrumbó hacia la tierra de las comaltecas en busca de una leyenda. Encontró un paraíso extendido sobre las faldas del Volcán de Fuego y el Nevado de Colima.

Colima es fértil gracias a la acumulación de cenizas del volcán. Se dan las flores, el café de altura y las mujeres bellas. La naturaleza parece engarzar la labor sanitaria de las aves con la riqueza de sus suelos. Generosa en cerámicas prehispánicas y tumbas de tiro, además de leyendas y tradiciones, Comala es nombrada la Pequeña Mesopotamia, porque está rodeada de ríos, que dan vida a una vegetación capaz de mantener el equilibrio climático.

El volcán, a punto de hacer erupción, daba una pincelada apocalíptica a la escena. Dolores no tenía miedo; se sabía hija de esos cráteres. La gente se adelantó a donde la vista era más hermosa, con sillas, chelas e historias que contar. Los embargaba toda la calma del mundo. El gran espectáculo iba a comenzar: el Volcán de Fuego había despertado.

Dolores hizo lo propio y buscó un espacio entre el gentío. Entre risas y licores, un comalteco viejo la enteró de lo inesperado: “Dicen que de 1935 al 55 el párroco del pueblo, presbítero Francisco de Sales Vizcaíno, era un tío de Juan Rulfo, cuyo verdadero nombre era Juan Nepomuseno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Allá llegaba el escritor para que su tío le contara las historias que recibía en confesión. Cuando Pedro Páramo fue publicada, la gente que conocía la vida de este pueblo reconoció en los personajes de Rulfo a los verdaderos pobladores de Comala”.

“¡¿Entonces sí se inspiró en Comala?!”, preguntó Dolores. “México está lleno de Comalas, hija; vaya allá para que vea cómo es realmente el pueblo. Pero lo que sí le aseguro es que ese muchacho le arrebató la vida a su gente”. A Dolores la recorrío la utopía de no ser un personaje de la imaginación; de estar viva. Sin moverse de su cojín frente a la vista del Volcán de Fuego, visitó al señor Chano (Feliciano Carrillo), suchitleco de rasgos originarios que hace 20 años una bala dejó en silla de ruedas. Hace diez que construye, con sus manos, mascaritas típicas de la Danza de los Morenos. Hoy, es el único artesano capaz de rescatar de la muerte esta tradición aprendida de su suegro Herminio Candelario, y este de su padre, Guadalupe Candelario.

Herbey Morales

En Suchitlán, lugar de flores, los niños corren en los portales de artesanías en los lindes de la parroquia de Nuestra Señora de la Salud, y los vecinos cultivan, o nacen sin querer, en sus patios las plantas del café. De todas partes llegan viajeros en busca de las figuras hechas de la galeana de Suchitlán: guacamayas, xoloitzcuintles, perros colimotes, coyotes, búhos y leopardos, que por tres generaciones han alcanzado una dudosa fama. “Su tallercito siempre se estuvo cayendo, pero mi padre fue un campeón”, comentó Verónica Candelario, hija de Herminio y esposa de Chano, mientras contaba su historia.

EL ARTE DE LAS FIGURACIONES

En Nogueras, donde apenas viven 300 personas, impera el estilo de Alejandro Rangel, artista local que diseñó un pueblito de ensueños. Allí Dolores se sintió otra vez en las páginas de una novela. La Virgen del Martirio descansaba entre los muros de una iglesita de 1704 (la más antigua de Colima), los feligreses escuchaban misa en un banco frente al santuario y el padre los confesaba en una esquina de la banqueta, afuera del templo antiquísimo. Cada casa, hacienda, museo, universidad, parque, glorieta, cada trazo de metal, cerámica, madera, pieles eran de estilo rangeliano.

Herbey Morales

Como si tuviera el don de la ubicuidad, Dolores estaba en llamas frente al volcán, pero también en la Hacienda de Chiapa, un pueblito que adquiere su nombre por la chía. La finca ha sido testigo de la producción de maíz, piloncillo y caña, desde 1828 que fue construida por el primer gobernador de Colima. En sus patios se desayuna a la altura del lugar unos buenos chilaquiles o un exquisito tatemado de cerdo.

Herbey Morales

La hacienda era el colofón perfecto luego de viajar en globo aerostático por las faldas del volcán. Dolores no cabía de goce ante las sorpresas que el encuentro con sus ancestros le había deparado. Al salir a la calle, unos jinetes aparecidos de quién sabe dónde, bailaban la Danza de los Caballos en la plaza central.

Herbey Morales

Los globos volaban desde Chiapa, pero también sobre la Hacienda de San Antonio, famosa desde 1890, que cuenta más de una fábula y donde el viajero puede encontrar todo tipo de amenidades y el mejor confort. ¿Lo principal? La vista de uno de los volcanes más activos de América del Norte y el de mayor actividad en México, al que sus habitantes cercanos, lejos de temer, veneran.

En 1913, cuentan, tuvo una de sus mayores erupciones y casi arrasa Comala. “Entonces sí que Comala se parecía a la de Pedro Páramo, mija”, le dijo el viejo.Y Dolores comprendió que había llegado el momento.

MITOS Y LEYENDAS DE COMALA

Al tocar el Pueblo Blanco de América, conocido así por sus blancas fachadas, se sentó en un banco del zócalo, frente a la iglesia de San Miguel, junto a la estatua de Juan Rulfo. Era Semana Santa y Comala estaba de feria, la del Ponche, Pan y Café, a cuyo término se volvería a escoger a una bella comalteca por reina.

Herbey Morales

La tarea parecía ser difícil, porque Comala está lleno de bellas mujeres que están poseídas por un antiguo temor de ser quedadas, lo que las dispone naturalmente para el matrimonio. “Son lindas las comaltecas/ pues saben amar / pero tienen un defecto / se quieren casar”, sonaba una de las canciones más famosas de aquellas tierras. Dolores evocaba la historia de su bisabuela, que sin preguntar por el futuro, aceptó al relamido Pedro Páramo y fue desposada y despojada antes de que pudiera arrepentirse.

La joven disfrutó un cafecito de El Comalteco, y comprobó las bondades del cultivo en la región. El famoso pan picón de La Guadalupana le daba sabor a la tarde y un trago de ponche hecho de frutas la refrescaba; sobresalían los arándanos. En los puestos se arrebujaban artesanías típicas del país, pero también los perritos y palomitas de barro de Colima, y, por supuesto, las mascaritas de don Chano.

Herbey Morales

Algo en el rostro de la gente, en su andar, en sus risas e historias repetidas generación tras generación, permitía ver a Dolores el reflejo de la Comala de su vida. ¡Este seguía siendo el pueblo de Rulfo! Sus libros se vendían en la feria junto al resto de invenciones y sucesos. Sin embargo, la modernidad y la explosión de vida era tal, que por momentos la idea del baldío, por cuyos calores sofocantes afloraron las ánimas de los campos de don Pedro, parecía un espejismo.

Comala estaba lejos de ser la tierra de nadie que ella había imaginado; junto con el volcán, es el centro neurálgico de Colima, exuberante y rico, que tiene todo: bosques, palmeras, caballos, toros, mar bravo, arenas negras, marineros y mujeres hermosas.

Dolores regresó a las faldas del volcán. Ya no tenía que ir a la Piedra Lisa, ese monolito expulsado hasta la ciudad de Colima, donde los viajeros se deslizan para poder regresar. Ella ya estaba allí, era un fantasma más de Rulfo, que había viajado en el tiempo. Ahora ya es parte de los mitos y leyendas de Comala y ha quedado atrapada entre los fuegos ardientes del volcán al caer la noche.

CINCO SENTIDOS

  • MIRA el volcán de Colima desde un globo aerostático.
  • PRUEBA el tatemado de cerdo.
  • HUELE el café colimense y el pan picón mientras se hornea.
  • ESCUCHA la infinidad de leyendas que se trasmiten de generación en generación.
  • TOCA las máscaras hechas por don Chano.

CÓMO LLEGAR

Colima tiene una excelente infraestructura carretera, la autopista 15D conecta desde la CDMX vía Morelia y Guadalajara. Tiene dos aeropuertos: uno en Manzanillo y otro en el municipio de Colima.

Te lo contamos en video

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