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Vasitos de cruz, el tradicional para tomar mezcal

Oaxaca
Vasitos de cruz
© Rodrigo Osegueda

¿Por qué bebemos mezcal en vasitos de cruz? Esta es la historia de la frase "¡Hasta no ver la cruz!"

“¡Hasta ver la cruz!”, es uno de los lemas que nos acompaña al momento de brindar con un buen mezcal. Contrario a lo que se suele pensar, no se trata de una alusión a la embriaguez o a las alucinaciones que nos producen. Su historia se remonta a uno de los recipientes en los que se suele servir: los vasitos de cruz.

Aunque en la actualidad existen copas especializadas para degustar mezcal, así como recipientes también tradicionales como la jícara, el vasito de cruz es todo un clásico de las mezcalerías; paralelo al caballito con el tequila. Se trata de un elemento reutilizado, pues su primer uso es religioso.

Los vasitos de cruz nacieron con el objetivo de salvaguardar la cera de las veladoras para que no se derramen o se generen accidentes. Las veladoras suelen ser colocadas en todo tipo de rituales religiosos, como pedir protección de los santos o iluminar el camino de quienes de las almas a la ofrenda de Día de Muertos.

Vasitos de cruz
Rodrigo Osegueda

Una vez consumida la cera, es común que los vasitos se vuelvan a usar para portar otra veladora. Sin embargo, entre las familias mexicanas, los vasitos de veladora se han transformado en símbolo de amistad y camaradería, de mezcal y alegría.

¿Por qué bebemos mezcal en vasitos de cruz?

Algunos aseguran que fueron los mismos maestros mezcaleros quienes comenzaron a usar los vasitos de cruz. Quienes tras ofrendar una veladora para pedir por el bien de su producción, volvían a sus casas para cerrar el ciclo-ritual brindando en uno de estos pequeños contenedores.

El mezcal también es religioso, ya que su consumo nos remite a la colectividad de las fiestas de los pueblos, donde los santos patronos presiden los brindis; donde conectamos con el otro y se honor a la palabra religare.

Ro
Rodrigo Osegueda

Por ello, el vasito de cruz toma una dimensión mágica, pues viaja del centro espiritual de los hogares al éxtasis que nos produce consumir mezcal. Es un viaje de los más recóndito de nuestro ser –de nuestras esperanzas y anhelos–, a la exterioridad de las fiestas engalanadas con la música y el baile, donde nuestros sueños son realidad.

En ambos casos, tanto en el consumo de mezcal como en la quema de la cera, al final quedará al descubierto la cruz grabada en el vaso, misma que también le dota su nombre. Así que ya sabes, la próxima vez que te grite “¡Hasta ver la cruz”, no lo dudes y bebe hasta el fondo, podrás ver la cruz con tus propios ojos.

Y no lo olvides: Todo con medida.

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autor Filósofo por formación. Contempla el alma e imaginación de México.
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