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Centro histórico de la ciudad de Puebla

De majestuosa arquitectura tanto civil como religiosa (siglos XVI al XX), magníficos museos con obras artísticas de gran valor; riqueza gastronómica como las chalupitas, el mole, los chiles en nogada, los camotes, alfajores y las clásicas tortitas de Santa Clara; artesanía reconocida en todas partes como la excelente cerámica de talavera; además de leyendas, ferias y fiestas tradicionales, Puebla es todo un tesoro invaluable.

La ciudad de Puebla se ubica sobre el fértil y extenso valle de Cuetlaxcoapan, custodiado por tres imponentes volcanes: Popocatépetl, Ixtaccíhuatl y la Malinche. Su fundación tuvo lugar en 1531 y respondió a la expectativa de los conquistadores de crear una villa exclusiva de españoles, entre el camino de Veracruz a México. Un halo de leyenda envuelve este hecho, pues se dice que la perfección del trazo de sus calles se debe a los mismos ángeles celestiales. Doña Isabel de Portugal, reina de España, le otorgó el título de Ciudad de los Ángeles, y con el correr del tiempo la conocemos popularmente como Puebla de los Ángeles.

Al caminar por las extensas, rectas y estrechas calles de su centro histórico, se tiene la oportunidad de admirar el mosaico de sus numerosos inmuebles, destacando aquellos cuyas fachadas lucen la combinación armoniosa de ladrillos con azulejos y relieves artísticos en argamasa blanca, que distinguen a Puebla a nivel nacional. La preservación de este patrimonio urbano–arquitectónico fue la razón principal para que el centro histórico de Puebla ingresara a la Lista del Patrimonio Mundial, el 11 de diciembre de 1987. En un principio, México postuló a Puebla junto con la ciudad de Cholula, tal y como lo hiciera con Oaxaca y Monte Albán. Sin embargo, dicha propuesta no prosperó, pues el desarrollo urbano modificó seriamente las relaciones espaciales entre ambas ciudades, razón por la cual sólo fue aceptado el centro histórico de Puebla.

Sus valores universales

Los valores universales indiscutibles que muestra son su traza urbana inalterada, ejemplar y las relevantes obras arquitectónicas que aloja, como la catedral (uno de los templos coloniales más bellos de América, cuyas torres alcanzan una altura de 73 metros, convirtiéndose en las más altas del país), el templo de Santo Domingo y su increíble capilla del Rosario (considerada en el siglo XVIII como la octava maravilla del mundo). El templo de la Compañía de Jesús, edificado hacia 1767 y el de San Francisco con su esbelta torre de dos niveles, complementan el conjunto de joyas arquitectónicas religiosas del periodo colonial.

La arquitectura civil tiene también estupendos ejemplares, como el antiguo Seminario Tridentino, que alberga la fabulosa Biblioteca Palafoxiana, cuya preciosa estantería fabricada en madera de cedro data de 1773; el Palacio Municipal construido en cantera gris enseñorea la plaza principal. Las casas barrocas de Puebla tienen sus mejores exponentes en la llamada de los Muñecos, con 16 figuras semidesnudas en su fachada; y la casa del Alfeñique y su decoración realizada en argamasa blanca, que semeja los tradicionales dulces llamados alfeñiques.

Patrimonio intangible

Éste se manifiesta en varios inmuebles, como la imagen del Señor de las Maravillas visitada por devotos nacionales y extranjeros (principalmente Centro y Sudamérica), en el templo de Santa Mónica; y qué decir de la cocina más bella y espectacular del México virreinal, revestida de azulejos blancos y azules, en el convento de Santa Rosa, donde según la leyenda las monjas dominicas inventaron el mole, platillo que adquirió fama internacional desde hace años.

A pesar de las transformaciones urbanas –producto de las Leyes de Reforma (1857)- que modificaron el paisaje de la ciudad al cerrar varios conventos en el siglo XIX, no impidieron que Puebla sumara a sus joyas coloniales una arquitectura civil–pública y privada– de gran calidad y belleza.

El centro histórico poblano ofrece 2,619 monumentos históricos registrados en 391 manzanas; de ellos, 57.3% está conformado por oficinas, residencias que datan del siglo XIX; los inmuebles de las centurias XVI, XVII y XVIII representan respectivamente 1.1%, 23.4% y 18.2%. Esto quiere decir que podemos seguir disfrutando ampliamente este valioso patrimonio arquitectónico, conservado por más de cuatro siglos, y que le ha merecido a Puebla ser nombrada: Relicario de América.

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