Batalla de Tlaxcala: cuando los españoles pelearon con tlaxcaltecas
En la batalla de Tlaxcala, los tlaxcaltecas lucharon contra los españoles y sus huestes ¿Por qué terminaron aliándose?
Por todos es conocido que los señoríos de Tlaxcallan fueron el principal aliado de las huestes de Hernán Cortés en su campaña para conquistar Mexico-Tenochtitlan. No obstante, no muchos saben que antes de aquella coalición, los tlaxcaltecas libraron feroces combates contra los españoles y sus contingentes asociados en 1519. A la postre, aquella serie de encuentros armados sería conocida como la batalla de Tlaxcala. Descubramos porque los orgullosos guerreros tlaxcaltecas terminaron aliándose a Cortés y su ejército.

El avance de Cortés hacia el Valle de México y el primer combate
Hacia finales de agosto de 1519, tras abandonar el actual estado de Veracruz, Hernán Cortés se adentró en territorio de la confederación de Tlaxcallan al mando de sus huestes. Éstas fueron conformadas por algunas centenas de españoles y en mucho mayor medida, contingentes de millares de totonacas de Cempoala y Zocotlán. Inmediatamente fueron recibidos con hostilidad por parte de un ejército otomí, librando así la batalla de Tecoac. Recordemos que este pueblo tenía permiso de vivir dentro de Tlaxcallan a cambio de vigilar las fronteras de sus señoríos. Tras un fatigoso combate, Cortés y compañía lograron salir victoriosos y continuar con su avance.
En este momento, el miedo y la duda se apoderó de varios de los compañeros del conquistador extremeño. Le pedían mejor regresar a Veracruz para fortalecerse. No obstante, el extremeño se negó. Por otra parte, se mandaron diversas embajadas a los tlatoanis tlaxcaltecas para evitar el uso de la fuerza. No obstante, Xicohténcatl «el Joven», jefe de los ejércitos de los cuatro señoríos de Tlaxcallan, rechazó cualquier diálogo.

La batalla de Tlaxcala
Siendo inevitable la guerra, Hernán Cortés y sus hombres se prepararon. A lo largo de varios días a inicios de septiembre de 1519, su ejército combatió a las tropas de Tlaxcallan y sus aliados, los guerreros otomís y el señorío de Huejotzingo. Aquellos combates fueron bastante cruentos; los batallones tlaxcaltecas chocaron una y otra vez contra la formación cerrada que había ordenado Cortés para resistir aquellas terribles embestidas.
De acuerdo al historiador mexicano Federico Navarrete, es difícil precisar cuántos días duraron aquellos combates; se estima que fueron 10 jornadas. Los mismos tlaxcaltecas decidieron no abordar aquél episodio en documentos posteriores como el Lienzo de Tlaxcala. Aunque Cortés y otros conquistadores, como Bernal Díaz del Castillo y Francisco López de Gómara, dejaron constancia de estas batallas, lo que informan discrepan.
No obstante, se puede decir que sin duda, aquella campaña fue intensa y llena de terribles episodios. De ahí aquél famoso pasaje en el cual un guerrero tlaxcalteca decapitó de un solo tajo a un caballo con su macuahuitl, es decir, su espada de obsidiana. Por ello, de nueva cuenta los españoles le pidieron a su jefe regresar a Veracruz. No obstante, el futuro marqués del Valle de Oaxaca se negó, ya que desde su perspectiva, sería contraproducente mostrar debilidad ante Tlaxcallan.

El final de la batalla: la alianza entre Cortés y los tlaxcaltecas
Tras casi dos semanas de combates, los señoríos de Tlaxcallan empezaron a enviar embajadores para intentar parlamentar. Sin embargo, un noble cempoalteca le indicó a Hernán Cortés que en realidad estas comitivas estaban espiando y recabando información sobre el estado de su ejército. Tras capturar y torturar al miembro de una de dichas embajadas, se supo que había un plan para atacar al español y sus aliados durante la noche. En castigo, Cortés ordenó cortarle las manos a los 50 tlaxcaltecas que conformaban aquella comisión diplomática.
Sin embargo, la susodicha incursión nocturna nunca sucedió. Por lo tanto, al día siguiente las fuerzas expedicionarias avanzaron sobre varios poblados. Allí mataron sin piedad mujeres, ancianos y niños. Esto terminó por demostrarle a los señoríos tlaxcaltecas hasta donde estaban dispuestos a llegar Cortés y sus huestes. Por lo tanto, el 23 de septiembre de 1519 los cuatro tlatoanis de la confederación decidieron capitular, a pesar de la oposición de Xicohténcatl.
Y es que a ojos de Tlaxcallan, la fuerza brutal y sin límites de los europeos era vital para enfrentarse a su principal enemigo: los mexicas y su capital, Mexico-Tenochtitlan. De ahí que, finalmente, se volverían los principales aliados de Hernán Cortés, el cual tuvo mucha suerte. De forma simple podemos decir que aquella batalla no la ganó, sino simplemente logró resistir y demostrar su valía militar ante unos poderosos guerreros.

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