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Especies en peligro de extinción en México

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  • Especies en peligro, por qué se van
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Por: Lilia Ruiz Villarreal

Te presentamos una completa investigación sobre las consecuencias y antecedentes que, hoy en día, mantienen a varias especies de animales en peligro inminente de extinción en México.

En México hay varias especies animales en peligro de extinción.  El jaguar es una de ellas y se está yendo de lo que queda de selva del sureste mexicano. Sus rugidos ya no interrumpen los murmullos del bosque y sus pasos silenciosos y huellas en el fango disminuyen. Los jaguares se pierden ante el avance de la presión humana. Los ejemplares que quedan son unos cuantos y un mal día, sin que nadie lo note, habrá desaparecido el último detrás de las cortinas de ramas y malezas; se irán por la sombra, como fantasmas.

Ése es el destino que espera a los numerosos animales clasificados como especies en peligro de extinción, situación que viven lamentablemente 11,167 especies de animales y vegetales en el entorno mundial, según señala la Lista Roja de la Unión Mundial para la Naturaleza, UICN. La institución advierte en su último recuento que “muchas especies están disminuyendo a niveles de población críticos”, y subraya que “la pérdida de la diversidad biológica es una de las crisis más apremiantes del mundo”.

La preocupación sobre el estado de los recursos aumenta del naranja al rojo. En México muchos animales, además del jaguar, se encuentran en peligro de extinción. Es preciso hacer un inventario frecuente de la cantidad de especies amenazadas y medir la dramática velocidad que está adquiriendo el ritmo de extinción.

LA EVOLUCIÓN A SALTOS BRUSCOS

En la naturaleza la estricta relojería de la evolución, que marcó la entrada y salida de cada especie, se está acelerando. Unas fueron haciéndose a un lado para que progresaran otras, mejor adaptadas; pero ahora hay mano negra, la del hombre, ese animal cuya especie está modificando el tic tac del reloj y sin rubor se está deshaciendo de todas las demás especies.

Al parecer sólo quiere dejar espacio para que siga aumentando vertiginosamente la población de animales domésticos y sus congéneres, y expulsar del paraíso a los animales salvajes, provocando con ello una catástrofe ecológica en el mediano plazo.

Lo más lamentable de la extinción es que cuando muere el último individuo de una especie, con su cadáver se sepultan las innumerables adaptaciones que se produjeron a lo largo de millones de años. De esto la historia registra varios ejemplos trágicos, como la desaparición del dodo (Raphus cucullatus) en la isla Mauricio, cerca de Madagascar, un ave de gran tamaño que fue acosada y aniquilada en unos cuantos años, o la paloma migratoria (Ectopistes migratorius), de plumaje azul, rojo y blanco, que fue cuantiosa hasta el siglo XIX.

Se estima que sólo en América del Norte y parte de América Central hubo más de dos mil millones de palomas que surcaban los cielos y poblaban los árboles, pero en la última década de ese siglo y debido a la destrucción sistemática de su hábitat, el bosque, apenas quedaron unas cuantas que fueron cazadas por su carne, tan apetecida.

La marcada reducción de la especie la volvió tan vulnerable a las enfermedades que cuando se prohibió su caza ya era demasiado tarde; las poblaciones habían mermado tanto que no pudieron recuperarse. En 1900 murieron los últimos ejemplares que vivían en libertad y el 1 de septiembre de 1914, a las 13:00 pm, la última paloma cautiva en el Zoológico de Cincinnati, llamada Martha en honor a la esposa de George Washington. Es el único caso documentado de extinción de una especie de la cual se conoce con detalle la fecha y hora exacta de su desaparición.

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