PUBLICIDAD
Tapijulapa: Para los amantes de la naturaleza
PUBLICIDAD
Rankings
Newsletter de México Desconocido México Desconocido en Facebook México Desconocido en Twitter México Desconocido en Google+ México Desconocido en YouTube México Desconocido en Flipboard RSS de México Desconocido
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD

La impresionante Sierra de Nuevo León y el Cañón de la Huasteca

Por: Ana Gabriela Robles

A sólo 20 minutos de la capital regiomontana se localiza una de las áreas naturales más sorprendentes de la región norte del país. ¡Atrévete a explorar sus pronunciadas paredes e incontables rincones verdes!

Las formaciones rocosas que dan límite al horizonte de la ciudad de Monterrey son en sí un recurso ilimitado para el esparcimiento, pero además constituyen una oportunidad de conservar la flora y la fauna representativa del lugar. Están ahí majestuosas, haciéndole cosquillas al cielo con sus siluetas, esperando siempre a la nube generosa que ha de posarse en la cima de alguna de ellas para regalarle una cortina de agua, dadora de vida.

Así transcurren los días y desde hace 400 años están ahí como guardianas, como jueces y parte activa del desarrollo y crecimiento de la zona urbana más grande del noreste del país. Las Mitras, Chipinque, el Cerro de la Silla y el Cañón de la Huasteca vieron llegar a Diego de Montemayor y hoy nos ven a nosotros dar vueltas en esta ciudad. Han visto crecer a nuestros hijos, a nuestros padres y abuelos, y aún hoy nos dan su sombra y nos permiten explorarlas.

Antiguamente, por el Cañón de la Huasteca, que levanta sus paredes caprichosas hacia el poniente de la ciudad, llegaba el agua de la Sierra Madre bañando la cuenca del río Santa Catarina. Hoy, por la avenida Morones Prieto uno puede observar los enormes picos de aproximadamente 550 m de altura (relativa al suelo), y acercarse poco a poco a este monumento natural enclavado en el Parque Nacional Cumbres de Monterrey.

De pronto, la serpiente de asfalto se ve atrapada en una especie de laberinto de altas murallas de roca: hemos llegado a la entrada del Cañón. El amplio valle, donde se encuentra Monterrey se hace angosto súbitamente hasta llegar a su anchura mínima de unos 200 metros. Experimentamos entonces una sensación estremecedora ante el cobijo caprichoso de la naturaleza. La puerta del Cañón es en sí la boca del laberinto de las siete sierras que configuran la parte final de la cordillera de la Sierra Madre Oriental.

Cada pared se levanta imponente, guardando los secretos de la historia de la tierra y del hombre, y las aventuras que día con día se suscitan en este escenario: se ven claramente las marcas del paso del agua, las cicatrices de bruscos movimientos de eras pasadas, la huella del viento que se arremolina travieso entre los columpios y los niños jugando.

Cada centímetro de este resguardo natural se ha vuelto la casa de especies menores que habitan en este caracol de ecos. Aferradas a los relieves encontramos lechuguillas, agaves victoria (en peligro de extinción) y alguna que otra lagartija que se esconde entre los pliegues rocosos.

De frente se observa la pared más alta, donde existen dos picos con una diferencia aproximada de 15 metros de altura en la cumbre. Son el Pico Pirineos (el más alto) y el Pico Independencia. Sus paredes, distintivas del Cañón, forman una muralla que en su parte media presenta una mancha negra: es la cueva de la Virgen, cuyo descubrimiento puede ser emocionante para cualquier persona que vaya a su encuentro. Subiendo hasta unos 200 metros por un empinado chorreadero, es posible constatar que esta cueva no es más que un túnel que cruza hacia el otro lado, y que nos deja ver el espesor de las paredes formadas de lo que alguna vez fuera el fondo marino. Frente a la curva se encuentra erguida la Torre Diablos.

Además de estas paredes existen otras de menor tamaño, todas llenas de plaquetas que esperan a los escaladores, quienes son los principales usuarios y a la vez una de las mayores atracciones del parque, ellos comparten las paredes con las diferentes especies que se aferran a la vida vertical.

El Cañón de la Huasteca puede disfrutarse con igual deleite desde el lecho del río o bien desde las cumbres. Hoy en día esta maravilla de la naturaleza aún guarda la fuerza del movimiento que le dio forma y ofrece protección a los pequeños habitantes de la sierra y a todos aquellos aventurados que al cruzar su boca dejan atrás la ciudad, con su luz y su ruido, en busca de un día diferente.

 

¿Te gustaría saber más sobre atractivos turísticos de Nuevo León? ¡Clic aquí!

Compartir

ComScore
IASA Comunicación