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15 días a caballo por la sierra de Baja California

Conoce los detalles de esta cabalgata anual, en la que se recorren los mejores parajes, tanto históricos como naturales, de la Sierra de San Pedro Mártir.

Cada año se cambia la ruta, pero siempre siguiendo las antiguas veredas y acampando en parajes acostumbrados por los vaqueros. La cabalgata finaliza el día que da inicio la fiesta patronal de la misión de Santo Domingo, a principios de agosto. De hecho, se espera la llegada de los vaqueros para comenzar la fiesta, que por cierto, es una de las más antiguas del estado (1775). Suele haber movimiento de jinetes, algunos inician, otros se integran después, en fin, es una forma original para convivir y rescatar las tradiciones de la región.

¿CÓMO COMENZÓ TODO?

La Sierra de San Pedro Mártir hacia el centro del estado de Baja California, es una de las regiones naturales del norte de la península más bellas y mejor conservadas. Sus montañas de granito blanco se alzan abruptamente desde el desierto, más de 2 kilómetros, hasta sobre pasar los 3,000 metros sobre el nivel del mar. Ese macizo, a manera de isla, ha logrado proteger un hermoso bosque de pinos, así como una flora y una fauna muy peculiares. En esta región igualmente se conservan algunas de las tradiciones más antiguas del ser bajacaliforniano, como la ganadera.

El primero en explorar esta sierra fue el misionero jesuita Wenceslao Linck, en 1766. Posteriormente, en 1775, los misioneros dominicos establecieron en su ladera occidental, entre los indios kiliwa, habitantes milenarios de esta sierra, la misión de Santo Domingo de Guzmán, la que dio origen a la actual comunidad de Santo Domingo, 200 kilómetros al sur de la ciudad de Ensenada.

Fue desde la misión de Santo Domingo que la Sierra de San Pedro Mártir empezó a ser explorada de una manera sistemática, de tal forma que para 1794 los dominicos establecieron, en lo alto de ella, la Misión de San Pedro Mártir de Verona, en la parte conocida en nuestros días como Valle de la Misión, en donde aún pueden verse los cimientos de su antigua iglesia. Fue de esta  misión que la sierra toma su nombre.

Así, los misioneros introdujeron ganado vacuno como una de las formas de subsistencia, estableciendo varios ranchos, tanto en lo alto de la sierra como en sus faldas. En lo alto fueron utilizados sitios tan hermosos como Santa Rosa, La Grulla, Santa Eulalia, Santo Tomás, La Encantada y otros. Para ello trajeron vaqueros y rancheros que dieron origen a esta tradición en lo que hoy es el estado de Baja California.

Entre estos ranchos y las misiones, así como los sitios de pastoreo, fueron formando veredas, dando vida a una extensa región. Durante el verano subían el ganado hasta lo alto, en donde crecía abundante pasto; en cuanto se acercaba el invierno, lo bajaban. A estas reuniones les llamaban vaquereadas.

NUESTRA EXPERIENCIA VAQUERA

El año pasado la cabalgada dio inicio en el Ejido Zapata, al norte de la bahía de San Quintín. Los primeros días se marchó al pie de la sierra, por su parte norte, pasando por la comunidad de San Telmo, la Hacienda Sinaloa, el rancho El Coyote, y el paraje de Los Encinos, hasta iniciar la cuesta que sube a lo alto. La carga se llevaba en mulas, en varias alforjas de cuero de vaca, hechas al antiguo estilo misional. Fuimos siguiendo antiguas veredas, hoy conocidas sólo por vaqueros que conducen ganado hacia las partes altas de San Pedro Mártir. Fuimos ascendiendo, ante vistas espectaculares. Una vez alcanzada la meseta, cabalgamos entre el hermoso bosque de pinos durante varias horas, pasando por otros tantos parajes de gran belleza.

Finalizamos la jornada en el paraje del Venado Blanco, en donde corre un arroyo en medio de grandes pinos. Ahí hay una sencilla cabaña. Descargamos a los animales y les quitamon las sillas a los caballos, se les soltó para que comieran pasto y bebieran en el arroyo.

Antes de que cayera el sol, se reunió agua, leña, se encendió una fogata y se preparó la cena, la cual consistió en un guiso a base de carne seca y arroz. Después preparamos un té de poleo, planta medicinal que abunda en la sierra, y platicamos ampliamente alrededor de la fogata, a la que por cierto, los vaqueros de aquí le llaman “mentidero” o “mentirosa”, supuestamente porque se platican puras mentiras. Ahí, entre el humo y el calor de las brazas, fueron surgiendo anécdotas, historias, chistes y leyendas. Gracias a que no hubo luna, apreciamos el cielo estrellado en todo su esplendor. La Vía Láctea nos deleitaba ampliamente, ya que se le podía contemplar en toda su longitud desde nuestra bolsa de dormir sobre la hierba.

EL CAMPAMENTO DE NUESTRAS VIDAS

Al día siguiente, continuamos cabalgando a través del bosque, hasta llegar al paraje conocido como Vallecitos, desde donde veíamos muy cerca el telescopio principal del observatorio astronómico de la UNAM. Después tomamos la vereda de la Tasajera hasta llegar al hermoso valle Rancho Viejo, un sitio realmente encantador. De ahí proseguimos hasta el gran valle La Grulla, aún más hermoso, donde constatamos la habilidad de los vaqueros, lazando y perseguiendo a las reses que andaban sueltas. Fue una buena demostración de las suertes bajacalifornianas.

Caía la tarde cuando acampamos en  el valle de La Grulla, justo a un lado del manantial en donde nace el arroyo de Santo Domingo. Ahí se forma una gran poza donde es posible nadar y hasta pescar truchas, lo cual hicimos. El sitio se ha mantenido casi intacto, gracias a que no tiene caminos, sólo se le puede llegar a pie o a caballo. Permanecimos ahí todo el día, disfrutando de su belleza y naturaleza, pero también vimos numerosos vestigios de los primeros habitantes de la sierra, me refiero a los indios kiliwa. Tuvimos la suerte de encontrar vestigios de metates, puntas de flecha, raspadores y cerámica.

CAMINO A LA CIVILIZACIÓN

Después de nuestra estancia en La Grulla, iniciamos el descenso. Cruzamos el arroyo La Zanja, pasamos por el paraje La Primera Agua y comenzamos a descender la cuesta del Descanso, famosa entre los vaqueros por su pronunciada y rocosa pendiente. Varios nos apeamos del caballo en los tramos más difíciles. El horizonte se perdía en una sucesión de cerros. Después de algunas horas, alcanzamos el rancho Santa Cruz, ya al pie de la sierra, en donde finalizamos la jornada. En el pie de la sierra, sobre todo en los arroyos, eran los encinos los árboles predominantes, aunque también veíamos muchos sauces. El sitio donde acampamos era agradable, un paraje muy conocido entre los vaqueros porque tiene espacio, agua, zacate y es cómodo.

RODEO Y FIESTA

Los siguientes días, las veredas nos llevaron por los ranchos El Huatal, Arroyo Hondo y El Venado. El 2 de agosto fue nuestra última jornada.

Ya en Santo Domingo nos esperaban para dar inicio a la fiesta patronal, una de las antiguas del estado. Nos recibieron con mucha alegría. Dimos una vuelta por todo el poblado hasta terminar junto al panteón, donde ya se habían congregado para dar el inicio formal a la fiesta en el rodeo, una de las tradiciones vaqueras más fuertes de aquí.

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