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Aventura en el noreste de Guanajuato

Tal vez nunca ha oído hablar de esta región como un destino para la aventura, pero sí que lo es. De hecho yo también me sorprendí, pues uno usualmente visita su capital, las momias, San Miguel de Allende y quizás aprovechas para comprar zapatos en León. Pero el pequeño pueblo llamado San José Iturbide resultó ser el centro neurálgico para un sinfín de actividades muy divertidas.

Tomando la carretera 57 (que va de Querétaro a San Luis Potosí) a tan sólo 30 minutos de Querétaro, llegamos a San José Iturbide, que quizás no destaque por su belleza, pero ya es bien conocido como “La Puerta del Noreste”, sin embargo, a lo largo de una caminata por sus tranquilas calles, uno puede encontrar sorpresas, algo de artesanía típica como velas, rompecabezas de madera y dulces regionales.

Mineral de Pozos, el pueblo “fantasma”

Volvimos a tomar carretera y en 40 minutos ya estábamos en este pueblo considerado dentro de los Monumentos Históricos de la Nación. Tiene una arquitectura muy peculiar, ruinas  de casas y haciendas, todo teñido de colores ocres y rojos. La soledad que se respira en sus callejuelas nos transportó en el tiempo, quizás años atrás, cuando Mineral era un pueblo próspero que brillaba gracias a las miles de toneladas de metal (principalmente oro, plata, mercurio y cobre) que yacían bajo los terrenos de casi 300 minas. Por todos lados se ven casas de adobe semidestruidas y gastadas, casonas que guardan rastros de suntuosidad, y un templo de grandes dimensiones que permanece en remodelación.

Su historia cuenta que desde la época de los chichimecas era un pueblo minero, pues ellos ya hacían pequeñas excavaciones de cuatro o cinco metros de profundidad para extraer metal. Con la llegada de los españoles, se construyó un pequeño fuerte para proteger la “Ruta de la Plata”, que iba de Zacatecas a México, pero el boom de la minería fue alrededor de 1888. Sin embargo, durante toda su historia, Pozos ha sufrido varias épocas de decadencia que lo despoblaron y volvieron a ocupar. La última comenzó con la Revolución Mexicana y siguió en 1926 con la aparición del movimiento cristero. Para mitad del siglo pasado, la población llegó a ser de 200 personas y actualmente se calcula que son 5,000. Para este momento, mis compañeros de viaje y yo nos preguntábamos “entonces, ¿qué es lo atractivo?” Bueno, aquí aún permanecen intactas las bocas de la minas y un recorrido por las entrañas de la tierra a la “vieja usanza” no sabe nada mal.

Hacia el centro de la tierra

Permanecen de pie los restos de las haciendas más importantes como la Ex Hacienda de Santa Brígida y la de Cinco Señores, así como otras minas que se establecieron posteriormente como la de El Coloso, Angustias, La Trinidad, Constanza, El Oro, San Rafael, Cerrito y San Pedro, entre otras.
Sosteniéndonos de unas cuerdas, nos perdimos en la oscuridad que dominaba todo bajo nuestros pies, descendimos varios metros iluminados de vez en cuando por un débil foco que nos dejaba vernos las caras y el tiro de la mina, que por cierto, seguía bajando hasta casi ¡200 metros!

A medida que bajamos, el calor y la humedad aumentaban, de repente, se escuchó ruido de agua y con la tenue luz del ambiente, distinguimos que el tiro culmina en una fosa de agua. Al acercarnos con las lámparas, varios destellos se veían a través del cristalino líquido, es que actualmente la gente que llega hasta allí, pide sus deseos arrojando una moneda al agua. Si más gente viniera de visita, habría una fortuna en el lugar.

Después de nuestra experiencia subterránea, volvimos a la superficie y nos dio la bienvenida el sonido del viento que se colaba entre las paredes desgastadas del lugar y cortaba el silencio absoluto. Durante nuestro regreso al pueblo hicimos una parada en un pequeño local donde se venden algunas antigüedades y piedras de todos tipos y colores. Pero aún nos quedaba la sorpresa en Pozos. Frente a la plaza principal, de la pequeña recámara de una casa, se escucha una suave melodía. Al acercarnos vimos a cuatro personas tocando instrumentos. Sus sonrisas eran la invitación a pasar a presenciar la función. Era el grupo Corazón Endiosado, quienes hacen música con instrumentos prehispánicos, y terminaron por acaparar nuestra atención por un buen rato.

El Salto, tocando las nubes

Después nos fuimos al municipio de Victoria. Ya habíamos estado bajo tierra y, para compensar, quisimos elevarnos un poco. El Centro Vacacional El Salto es un lugar frecuentado por los amantes de la adrenalina. Cada fin de semana se reúnen aquí papalotes y ala deltas para pintar el cielo con sus coloridas velas. El Salto está en lo alto de un cerro, sobre el hermoso valle del semidesierto, por lo que la vista es espectacular.

Para los que no tienen experiencia ni cuentan con el equipo para volar, existe la posibilidad de hacer un vuelo en tándem junto con un instructor, y la verdad que la sensación es casi tan emocionante como volar solo. Todos quisimos vivirla, primero se despliega la vela, se espera la racha de viento suave y constante y con un jalón hacia atrás, te plantas firme y corres hacia delante. Cuando te das cuenta, tus pies ya están zapateando el aire. Los árboles y la carretera se hacen chiquitos. Yo le pedí a mi “compa” si se podía dar unas piruetas, y ni acabé de decir la frase, cuando el papalote se sacudió para todos lados, al igual que mi estómago.

Desde lo alto, el paisaje de Guanajuato se percibía de otra forma, cada vez más amplio y espectacular. Abajo nuestro, volaban algunos otros parapentes y varios zopilotes curiosos de saber qué hacíamos en su “terreno”. El viaje duró como media hora, pero parecieron unos pocos minutos. La camioneta nos llevó de nuevo a El Salto, pero esta vez tomamos un sendero que, en lugar de llevarnos a la zona de despegue, nos dejó frente a un salto de agua que es el que le da el nombre al lugar. Del otro lado de este barranco, conocido como el Cañón del Salto, se extiende un sector de piedras y otras formaciones rocosas que resultan un paraíso para la escalada en roca. Existen allí varias rutas equipadas y algunos descuelgues desde donde se puede hacer rappel. Pero también existen muchas opciones para instalarse, acampar y colgarse de la piedra todo un fin de semana.

Entre gigantes

Tomamos de nuevo carretera y en algunos tramos el chofer se detuvo por completo y el carro, estacionado en un terreno plano, se comenzó a mover solo. Los creyentes del  “más allá” atribuyen este fenómeno a fuerzas sobrenaturales y los más escépticos al simple magnetismo reinante en la zona. En el municipio de Tierra Blanca hicimos una parada en la comunidad de Cieneguilla para visitar a Doña Columba y tomar un baño de temascal. Entre vapor, el calor de las piedras e infusión de 15 diferentes hierbas, nos adentramos al interior de nuestro cuerpo y mente.

Ya habiendo recorrido la tierra, el aire y hasta nuestro espíritu, aprovechamos las últimas horas de luz para presenciar un espectáculo sin igual. Unos pocos kilómetros más adelante, llegamos a la comunidad de Arroyo Seco para visitar su Reserva Ecológica de Cactáceas. Un sendero marca el recorrido entre los altos espinosos y algunos arbustos. De inmediato nos recibió un cactus de 2 metros de alto y uno de diámetro. Entonces percibimos lo especial del lugar; es que además del tamaño, algunas de estas plantas tienen más de 300 años de vida. Atrás de “el grandote” habían más y otros grandes; redondos, altos, de diferentes tonos de verdes. Enmarcando el escenario, el Cerro Grande se teñía de colores para completar todo un espectáculo en este bosque de cactáceas gigantes.

Nos despedimos de la gente de Arroyo Seco y emprendimos el regreso a San José, no sin antes aprovechar para comprar algún recuerdo de los gigantes cactus. En la reserva se pueden conseguir shampoo, cremas y algunos otros artículos de tocador hechos con derivados de cactáceas, hierbas y otros compuestos naturales.

Al ir por la federal 57, desde lo lejos pudimos distinguir las luces del San José y unos juegos pirotécnicos; Iturbide estaba de fiesta. Así que después de dejar las maletas en el hotel, dimos la última vuelta por sus calles y nos despedimos de su bella parroquia, de sus tranquilas calles y de nuestra sorprendente aventura en el noreste de Guanajuato.

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