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Cumpanio, el restaurante inolvidable de San Miguel de Allende

Son los deliciosos sabores los que crean memoria en nosotros y nos hacen recordar con quiénes compartimos la comida durante una velada. Este restaurante de San Miguel de Allende busca regalarnos esos recuerdos.

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Matteo Salas parece conocer el secreto para transportar a las personas a tierras lejanas y maravillosas a través de los sabores de su comida. Esta noche lleva las mangas de la filipina arremangadas y no para de entrar y salir de la cocina de Cumpanio.

Su agitada actividad es porque quiere que los encargados de servirnos nos lleven los platos que porta cada una de sus nuevas creaciones gastronómicas en el momento justo, con la temperatura adecuada, con la mejor presentación, aunque cuando empezamos a probar las delicias que nos tenía preparadas dejamos de fijarnos en eso para concentrarnos en esos sabores marinos, europeos y mexicanos que dispuso para nuestros paladares y sentidos.

Nos llegan a la mesa unos mejillones al curry, un gralvax de salmón y un pulpo servido con ensalada de garbanzo. No sé si Matteo Salas ya se ha dado cuenta, pero nos ha cautivado con lo que nos ha servido, porque tal vez esa comida tan bien preparada active en nosotros antiguos sabores ya degustados y disfrutados por nuestros ancestros en otras presentaciones, quizá menos sofisticadas, pero incrustadas en una añeja memoria heredada. 

Nuestra velada en Cumpanio  no termina, y ni queremos.  Es servido frente a nosotros un cordero con cous-cous y frutos secos, endivias al grill, queso azul, pera y nuez de la India, cada platillo nos es entregado con el empeño que un relojero pondría en la compostura del  Omega Speedmaster que viajó en la primera misión lunar.

Es notable, Matteo Salas, quiere que este restaurante de San Miguel de Allende, región que sin duda alguna se ha convertido en punto inicial del refinamiento en el Bajío, destaque de entre la boyante oferta de buenos lugares que aquí existen.

El dueño de Cumpanio, Alberto Laposse, quien nos acompañó en la cena, nos explica que el nombre de su restaurante lo eligió porque significa en latín “con quien se comparte el pan” y los que estábamos en esta reunión, todos desconocidos, hicimos más que eso: compartimos la unificación sensorial que nos brindó comer en un mismo espacio y tiempo estas creaciones. 

Los editores recomiendan: San Miguel de Allende

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