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La universidad de los ferrocarriles en Aguascalientes

La historia de la ciudad de Aguascalientes estuvo influenciada por la industria ferrocarrilera. Aquí la historia de una época…

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La estrategica situación geográfica de la ciudad de Aguascalientes, la abundancia de sus aguas y la honradez de sus trabajadores fueron determinantes a la hora de instalar los Talleres Generales de Reparación, a los que en su tiempo de pleno auge de producción y capacitación para el país y Centroamérica, se les llamó, con justa razón, “La universidad de los ferrocarriles”. En casi todas las familias aguascalentenses hay un integrante ligado a los trenes; con mucho amor he visto fotos y anécdotas en todas partes. Será que el silbido de las locomotoras es como campanada de iglesia… El devenir está marcado por sonidos sobrevivientes a la época del microship; en cada casa hay un espacio sustentado por ese alarido de ternura que brota de legendarias máquinas como antaño, cuando comenzando el siglo, por obra y gracia de tantos intereses, fue creado un complejo ferrocarrilero de avanzada técnica, movilizador de minerales, ganado, comercio y, en definitiva, sustento de la tranquilidad pueblerina. 

LOS TALLERES 

Todo empezó cuando una compañía estadounidense concesionada por el gobierno de Porfirio Díaz construyó en Aguascalientes estos talleres de mantenimiento y reparación de locomotoras y camas, que en el argot ferrocarrilero se les llama unidades de arrastre. El advenimiento de esta nueva empresa, sólo superada por la industria de la fundición, significaba mayor prosperidad para todos y también un descanso para las mulas, aliviadas al depositar su preciosa carga en la espalda de fierro y madera de los tiempos modernos. Aquí llegaban cansadas de tanto viaje las antiguas locomotoras de vapor, dispuestas a un buen mantenimiento en la Casa Redonda: lugar mágico donde manos laboriosas hacían el milagro de dar nuevos aires al fatigoso monstruo viajero; esto era posible en las “máquinas calientes”, sección donde se culminaba dicho mantenimiento o reparación de las locomotoras. 

LOS FERROCARRILEROS   

Además del inmenso taller de reparaciones también se daba capacitación a trabajadores de todo el país y América Central. Como valor agregado, los talleres aportaban la habilidad y el ingenio del trabajador mexicano, capaz de reproducir las piezas en la reparación de coches de pasajeros; si faltaba un gancho para ropa en los vagones dormitorios –en aquella época eran de bronce– se fabricaban otro idéntico al original. Formaban parte del singular menú reconstructivo las unidades de fletes o carros para cargar mercancías (furgones, jaulas, tanques, plataformas y góndolas), desde una conservación hasta la reparación pesada. Los talleres contaban con fundición, herrería, carpintería, tapicería; es decir, era un complejo de industrias.

Recordemos que a finales del siglo XIX las nacientes empresas ferroviarias necesitaban muchos accesorios, y para entonces no existían proveedores, por lo que ellos mismos construían lo necesario. Para tener una idea de la magnitud, digamos que en los años treinta con Ferrocarriles Nacionales se llegó a reparar equipo de todo el país; la calidad y rapidez del trabajador aguascalentense fue atractiva para todos.“La universidad de los ferrocarriles” rendía frutos y sus trabajadores lo sentían. Mucha gente del área, principalmente de Centroamérica y de la región norte de América del Sur venían a Aguascalientes para capacitarse.El salario era alto; comparado con otros, era de los trabajos mejor pagados, por ello los padres de familia procuraban casar a sus hijas con ferrocarrileros. Podían entrar a la empresa exclusivamente hijos de trabajadores en activo y jubilados. Esto originó un cálido ambiente familiar. Pero el tiempo pasó, y de las viejas locomotoras cambiamos a las modernas diesel eléctricas. 

NUEVOS TALLERES 

En 1967 culminó la construcción de un gran taller, el cual abarcaba 73 hectáreas, el más grande de Latinoamérica. En esos años el sector ferroviario llegó a crecer de tal manera que había 45 mil carros construidos en Ciudad Sahagún, estado de Hidalgo.La ciudad de Aguascalientes se vio beneficiada con la creación de este nuevo centro a tal punto que solamente en este taller trabajaban 3 mil 700 personas, con una capacidad de producción de 10 carros reparados por día y 18 coches de pasajeros al mes, incluyendo de dos a tres coches dormitorios. La felicidad duró hasta finales de los años setenta, cuando el transporte ferroviario comenzó a ser cada vez menos utilizado; disminuyó el número de carros que llegaban a la ciudad y este enorme taller empezó a perder actividad, además del atraso sustancial en cuanto al funcionamiento rentable, y a una desmesurada plantilla laboral sin utilidades. 

LA PRIVATIZACIÓN 

Cuando se evidencia que el transporte ferroviario iba a la baja, el equipo comienza a perder utilidad, pues ya no se necesitaban tantos; el taller empieza a declinar en importancia, y la demanda de trenes de pasajeros disminuye debido al uso de la carretera. Sumado a esto, la crisis económica que atravesaba el país provocó que en los ochenta se iniciara la privatización de los ferrocarriles. Los 74 talleres nacionales existentes se redujeron a 14. El que nos ocupa, gigante al fin, resultaba muy caro. Se pensó entonces en reducir sus actividades a reparación de fletes y coches de pasajeros.  En 1997 se hizo un análisis de la rentabilidad del taller. El área se redujo a 14 hectáreas, las más útiles y atractivas para los inversionistas mexicanos y estadounidenses, fundamentalmente. El resto de las instalaciones, que en realidad son naves obsoletas, están en vías de desaparecer.

La vieja estación se convertirá en museo y lo demás en jardines. Aguascalientes conservará un taller de reparación más pequeño y efectivo, ya que es un parteaguas de norte a sur de las dos grandes empresas ferroviarias actuales, y brindará servicio tanto a una como a otra. El valor de las viejas locomotoras no se olvida: el ir y venir por la Alameda de tantos viajeros, el repiquetear del tapicero y el calor de las fundiciones estarán siempre en la historia de la ciudad, que a golpe de ingenio fue y será “la universidad de los ferrocarriles”. Si usted visita Aguascalientes, no se olvide de echar un vistazo por su arteria de acero, porque donde quiera que esté escuchará el pitar de una locomotora amiga. 

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