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Haciendas en el Distrito Federal

El 18 de noviembre de 1824 el Congreso señaló a la ciudad de México, que a la sazón tenía 137,000 habitantes, como sede oficial de los Poderes de la Nación y les asignó al Distrito, que desde entonces se llama Federal, la superficie comprendida en un círculo de dos leguas (9 km aprox.) de radio, con centro en la Plaza Mayor habiéndosele segregado este territorio al Estado de México.

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Según Herbert J. Nickel, en su obraMorfología social de la hacienda mexicana, en el Distrito Federal existían 874 haciendas y 871 ranchos, cifras que con el transcurso del tiempo fueron disminuyendo, teniendo un repunte durante el Porfiriato para luego, con la Revolución, declinar definitivamente.

La Ley Orgánica vigente publicada en el Diario Oficial del 20 de diciembre de 1978, reitera que los límites del Distrito Federal son los fijados por los Decretos del 15 y 17 de diciembre de 1898 (Cap. 1, Art. 3), indicando que “el Distrito Federal o Ciudad de México” (por primera vez sinónimos en un texto legal) se divide de acuerdo con sus características geográficas, sociales y económicas en 16 Delegaciones.

El “rostro” fresco y campirano del D.F., conforme entraba a la época moderna, se fue cubriendo con el artificial “maquillaje” del asfalto, cruzado con las “cicatrices” de grandes avenidas, calzadas y vías rápidas acompañadas de los “brotes” de grandes núcleos habitacionales, lo que casi ha borrado el recuerdo de la existencia de las haciendas. Sin embargo, los nombres tanto de ellas como de algunos ranchos, perviven en nuestros días en colonias, calles y avenidas.

Hemos hecho una selección de seis fincas, basada en sus características particulares y localización en diferentes delegaciones.

1. HACIENDA LA PATERA.

DELEGACIÓN GUSTAVO A. MADERO

Fortaleza del sigloXVI, que en diferentes épocas del año se veía cubierta por parvadas de patos silvestres que se criaban en la zona debido a las inundaciones y crecidas de los ríos Tlanepantla y de los Remedios. De ahí le viene su nombre.

Esta hacienda fue el escenario de un hecho histórico: instalado don Juan O’Donojú, último virrey de la Nueva España, en el convento de las Carmelitas en San Joaquín, se hizo acompañar de Iturbide hasta la hacienda de la Patera, propiedad de doña María Ignacia Rodríguez de Velasco (la célebre “Güera Rodríguez”), y cuartel general del Ejército trigarante. Ahí, el 15 de septiembre de 1821 se ratificaron los Tratados de Córdoba, Veracruz, en los que se ofrecía el trono de México a FernandoVIIo a alguna persona de la Casa Real, y en su defecto se nombraría una Junta Provisional cuyo Presiente sería el mismo Iturbide. Por fortuna los Tratados ratificaron a México como una nación independiente.

Al día siguiente de la firma se acordó que el Ejército Libertador avanzara desde la Tlaxpana por San Cosme, Puente de Alvarado, la Alameda, Mariscala, San Andrés y las calles de Tacuba hasta llegar al Palacio Virreinal, pero Iturbide desvió la columna con el fin de pasar frente al balcón de la casa de María Ignacia, ubicada en la calle de la Pofesa.

Por testamentos de 1819 y 1850, doña María Ignacia Rodríguez de Velasco dejó como albacea y tenedor de sus bienes a su esposo, el licenciado Manuel de Elizalde, y como herederos universales a sus hijos. El licenciado Elizalde vendió las haciendas de la Escalera y la Patera al expresidente de Guatemala, Mariano Gálvez, el 27 de noviembre de 1860.

La última propietaria de ambas fincas, la señora Dolores Barrón de Forbes y Cía., las conservó hasta principios del presente siglo. Luego fueron fraccionadas para construir edificios multifamiliares, quedando el casco de la hacienda de la Patera al servicio de la Cámara Nacional de Comercio, Delegación Gustavo A. Madero, desde el 8 de febrero de 1979.

2. HACIENDA O CASA DE LA BOLA.

DELEGACIÓN MIGUEL HIDALGO

La legendaria Casa de la Bola, situada en una de las colinas de San José de Tacubaya, tiene una larga e interesante historia.

El primer propietario conocido fue el doctor Francisco Bazán y Albornoz, quien en 1616 desempeñó el cargo de inquisidor apostólico del Santo Oficio.

En el sigloXVIIIsu nuevo dueño, don José Gómez Campos, invirtió parte de su fortuna en el negocio de minas, al parecer con pobres resultados, pues en 1788 no había recuperado su dinero y tal vez por eso solicitó a la Real Lotería que rifara la propiedad recién adquirida. Para realizar la rifa en 1801 se realizó un levantamiento e inventario del inmueble, sus características eran similares a las que conserva: “un patio principal; corredores sustentados por columnas de cantería; una escalera de dos tramos con dos arcos”. La casa estaba rodeada de jardines, 420 olivos, 1 700 magueyes y árboles frutales de todas clases; tenía un centro productor de aceite de oliva en el patio principal; y en el segundo patio se encontraba “un molino de aceituna, de piedra de recinto”.

El 30 de agosto de 1848 compró la propiedad el notable erudito y político destacado don José Gómez de la Cortina, conde de la Cortina, quien en 1849 vendió la casa grande y parte de los terrenos a don José Ma. Rincón Gallardo, marqués de Guadalupe.

El 19 de octubre de 1942 don Antonio Haghenbeck y de la Lama compró el inmueble en $95 000 a don Joaquín Cortina Rincón Gallardo, descendiente del marqués de Guadalupe.

Don Antonio lo convirtió en su residencia, lo restauró, consolidó su estructura y agregó elementos como una bella terraza que realizó con material de demolición procedente de la casa que habitó en su niñez y adolescencia en la Av. Juárez (actualmente el cine Variedades). Los interiores de la planta alta los amuebló con suntuosas tapicerías, cortinajes, grandes espejos, candiles y un sinnúmero de obras de arte europeas y mexicanas, convirtiéndola en una mansión al gusto ecléctico y ornamental que privó en la segunda mitad del sigloXIXentre la alta burguesía mexicana.

En 1984 don Antonio donó la Casa de la Bola, junto con la hacienda de Santa Mónica y la hacienda de San Cristóbal Polaxtla, para que se destinaran a museos.

Actualmente, aunque se encuentra en proceso de restauración, puede visitarse en pequeños grupos, previa cita mediante una pequeña aportación.

3. HACIENDA DE LOS MORALES.

DELEGACIÓN MIGUEL HIDALGO

Esta importante hacienda, que se encontraba en las afueras de la capital, está hoy dentro de su gran perímetro. En la época de la Colonia era una extensa sección de las tierras al poniente del Valle de México que colindaba con la hacienda de la Herradura, Paseo de la Reforma, Av. de las Palmas, Av. Mariano Escobedo, Río San Joaquín, el Panteón Francés y Lomas de Sotelo. Cuando se hicieron los primeros repartos, el Rey de España las concedió a don Hernán Cortés, Capitán General de la Nueva España.

En estas extensiones existieron las primeras “moreras” para la crianza del gusano de seda, razón por la cual se les dio el nombre que ha perdurado durante más de cuatro siglos: “Los Morales”. También se elaboró aceite de olivo y fue finca de diversos cultivos y molinos de trigo.

Su casco fue construido en el sigloXVI. A lo largo de los años se han hecho diversas reparaciones, respetando su arquitectura original. La importancia y el valor de la hacienda de los Morales aumentaron cuando el arquitecto Boland, en 1871, por orden de Maximiliano, construyó una calzada diagonal que comunicaba al Castillo de Chapultepec con el Palacio Nacional -a ésta se dio el nombre de Paseo del Emperador y actualmente es conocida como Paseo de la Reforma, lo que mejoró el acceso a Los Morales.

Esta señorial mansión no es sólo un capítulo de nuestra historia, su belleza ha sido motivo de inspiración de grandes pintores, como Icaza y Gedovius, y de escritores como la Marquesa Calderón de la Barca.

Testigo y partícipe de nuestra historia, la hacienda de los Morales fue marco de suntuosas fiestas, así como hospitalaria mansión de familias de alcurnia y anfitriona de ilustres viajeros.

4. HACIENDA DE SAN ANTONIO CLAVERÍA.

DELEGACIÓN AZCAPOTZALCO

En la colindancia de Azcapotzalco y Tacubaya se formó una propiedad territorial hacia las postrimerías del sigloXVII, conocida como la hacienda de San Antonio Clavería.

A fines del sigloXVIIla hacienda de Clavería fue propiedad de un español oriundo de San Lúcar de Barremeda, Domingo de Bustamante, descendiente de un sobrino de Carlo Magno de nombre Rodrigo, fundador del solar Bustamante; una rama pasó a México desde el sigloxviy ha intervenido en política, letras y la historia del país.

La mayor riqueza de la hacienda residía en la tierra, cuyas parcelas cubrían una gran extensión, y sus linderos pueden ser ubicados actualmente entre las avenidas México-Tacuba y Azcapotzalco, hasta entroncar con el pueblo de Azcapotzalco, cuyo centro es la iglesia y convento dominico.

A la muerte del señor Bustamante la hacienda de Clavería se remató en $65 000, el 15 de diciembre de 1786, comprándola don Agustín Otero.

La semejanza que la casa de la hacienda de Clavería tiene con el palacio de Cristóbal Colón en Santo Domingo, el primero levantado por los españoles en América, es notable, debido a la terraza (superior) externa -además del claustro interior-. Esta terraza, que no aparece en ningún palacio de la vieja España, se repitió después en muchos palacios, como el de Hernán Cortés en Cuernavaca.

Con aspecto de fortaleza, el antiguo casco de la casa grande ostenta todavía los blasones de la familia Bustamante que lograron escapar a la furia iconoclasta de los tiempos de Guadalupe Victoria. en 1932 el inmueble se había convertido en bodega de trigo y, el 6 de enero de 1933, fue declarado monumento. No obstante, para el año de 1940 se encontraba en estado ruinoso, haciéndose obras de reparación en 1951.

El Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa (IPADE), en 1967, tomó el antiguo casco de la hacienda y lo acondicionó como sede de su colegio, restaurándolo y devolviéndole su antiguo señorío.

5. HACIENDA DE SAN JOSÉ DEL ALTILLO.

DELEGACIÓN COYOACÁN

Está situada al oriente del río Magdalena, al sur de la ciudad de México, entre las poblaciones de San Ángel y Coyoacán. El sitio donde se construyó era una zona elevada, lo que permitió que el ojo de agua existente en la hacienda irrigara los campos cultivados vecinos donde crecían árboles frutales, trigo y sobre todo magueyes. A las márgenes del río Magdalena se les conocía como “el arenal” (limo de río), excelente tierra para las macetas, comercio que se desarrolló ahí en el sigloXIX.

La hacienda de San José del Altillo perteneció a los marqueses de Aguayo, don Agustín de Echeverz y Subizar, Gobernador del Nuevo Reino de León (1682-1685), y doña Francisca Valdés y Alceaga. La entrada de su propiedad estaba de su propiedad estaba a dos cuadras de lo que hoy son los Viveros y, calle de por medio (Panzacola), con lo que fue la Huerta de Quevedo, en la calle de Francisco Sosa.

La fachada del casco de la hacienda es de dos pisos, con una espaldaña del lado izquierdo, en su interior hay un patio con naranjos y una fuente en el centro. Junto al patio había una pequeña capilla “familiar” dedicada a San José, conservándose el retablo y la imagen originales.

La hacienda fue testigo de un hecho histórico, durante la invasión norteamericana (1847), cuando las tropas enemigas se aprestaban a asediar la ciudad de México: después de las batallas de Padierna y Churubusco alojaron en esta hacienda a una parte de su ejército, la leyenda afirma que la última propietaria de la finca, descendiente de los marqueses, doña Elena Piña Aguayo viuda de Sánchez Gavito, tenía como recuerdo de su niñez la imagen de las tropas yankees alojadas en su propiedad.

En 1951 doña Elena donó el casco y partes de los terrenos de la hacienda a la Congregación de los Misioneros del Espíritu Santo, acto loable pues se preservó para la posteridad este valioso lugar. En los años de 1955 y 1956 se construyó, junto al casco, una capilla diseñada por el arquitecto Enrique de la Mora y el ingeniero Félix Candela, obteniendo varios premios internacionales por lo original de su construcción.

6. HACIENDA DE LOS GOICOCHEA (SAN ÁNGEL INN).

DELEGACIÓN ÁLVARO OBREGÓN

Se construyó en 1692 y perteneció a los condes de Pinillas y la marquesa de Sierra Nevada. En un tiempo fue lugar de recreo a los virreyes y sus encantadoras consortes, así como para la aristocracia de la capital virreinal.

Uno de sus propietarios posteriores fue don Francisco Manuel Sánchez de Tagle (1782-1847), poeta, político y hombre culto descendiente de los marqueses de Altamira. Al final del Virreinato desempeñó importantes cargos, pero simpatizaba con el movimiento independiente; fue diputado federal y luego senador de la República. Por sus buenos desempeños dentro de la diplomacia, mantuvo excelentes relaciones con el primer embajador de España en México, Ángel Calderón de la Barca, y su esposa de origen escocés, Fanny Calderón de la Barca, quien escribióLife in Mexico (La vida en México) durante su residencia de dos años en el país. Antes de retornar a España, la pareja fue huésped distinguido de don Francisco. “La casa es muy grande y tiene un bello jardín y un huerto lleno de fruta”, anotaba Fanny el 30 de marzo de 1841. “Con lindos paseos y una especie de maleza de rosas y chícharos de olor. Es una gran hacienda pulquera y […] el patio siempre está lleno de indios semidesnudos que llegan desde el pueblo para que les llenen sus jarros del inspirador brebaje.”

En los tiempos de Fanny se podían ver desde la terraza de la hacienda los interminables campos de magueyes… “ciertas casas que parecen serles beaux restesde mejores tiempos […] su vista de México a lo lejos con las torres de su catedral y los volcanes, altas montañas, iglesia y largas hileras de árboles […] y más cerca, las lindas aldeas de Coyoacán y Mixcoac y todo lo que en otros climas sería incluso, aquí toma brillo, luz y alegría de la limpidez del aire y la luz del sol, del cielo más azul, de la brisa suave que jamás haya soplado o brillado en este malcreado mundo”.

Años más tarde, el célebre poeta y dramaturgo español José Zorrilla, autor deDon Juan Tenorio, durante su estancia en la ciudad en 1859, describió enRecuerdos de mi vidael patio cuadrilongo de la hacienda Goicochea: “Que sombrean una docena de siempre verdes naranjos cuya atmósfera refrescaba una fuente de mármol florentino”.

Esa misma fuente descrita por el dramaturgo español sirvió, singularmente, como abrevadero a los caballos de las aguerridas tropas de Francisco Villa y Emiliano Zapata, cuando se reunieron en esta hacienda para dividirse el poder, controlando el primero el norte y el segundo el sur del país, después de la entrada triunfal del Ejército Convencionista a la capital en 1914.

Otra transformación alteró el patio descrito por Fanny Calderón de la Barca: actualmente es el estacionamiento de un restaurante y parte de una bulliciosa avenida. Los indios semidesnudos han sido reemplazados por personas bien vestidas que concurren a cenas sociales, a tomar el té o la copa o para asistir a lujosas bodas en los grandes jardines traseros.

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