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Historia del Altar del Perdón en la Catedral Metropolitana)

A las ocho de la noche del 17 de enero de 1967, un tremendo incendio ocasionado por un cortocircuito en la sacristía del Altar del Perdón destruyó algunas de nuestras más queridas obras de arte colonial en el interior de la Catedral Metropolitana:

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El bello altar con su hermosa e importante pintura de Nuestra Señora del Perdón o de las Nieves, gran parte de la sillería del coro, la grande y bella pintura que representaba el Apocalipsis de San Juan, obra de Juan correa, situada en el respaldo del altar, y buena porción de los cuerpos de madera que sostienen las flautas de los órganos monumentales, dejando ahumados los retablos, esculturas y pinturas de las numerosas capillas de la Catedral, además de los murales de Rafael Ximeno y Planes que estaban en las bóvedas y la cúpula.

EI bellísimo Altar deI Perdón, o de Ia Indulgencia, como lo Ilamó fray Diego de Durán en 1570, es un magnífico ejemplo deI estípite barroco, realizado por el seviIlano Jerónimo de Balbás, constructor también deI increíble Altar de los Reyes y deI desaparecido primer ciprés. Se le Ilama deI Perdón por encontrarse situado precisamente atrás de Ia puerta principal de Ia Catedral, Ia cual recibe también este nombre porque por ella entraban los penitenciados por el Santo Oficio a reconciliarse con Ia Iglesia.

Existió en el mismo sitio un primitivo retablo estrenado el 5 de agosto de 1550, dedicado al culto de San BartoIomé. A fines de 1655, en tiempos deI virrey Francisco Fernández de Ia Cueva, duque de Albuquerque, el retablo fue desmontado para construir Ia nueva bóveda de Ia Catedral, concluyéndose Ia obra en octubre de 1666. En esa época existía una cofradía que se hacía llamar Hermandad de Nuestra Señora deI Perdón, a cargo deI mantenimiento deI altar. Cada año, esta cofradía, el 5 de agosto, día de Nuestra Señora de Ias Nieves, llevaba a cabo una soIemne celebración religiosa durante Ia cual eran nombrados el nuevo presidente y Ia mesa directiva.

En 1668, al instalarse nuevamente el retablo, se colocó sobre el altar Ia pintura de Nuestra Señora de Ias Nieves, Ilamada por el pueblo Ia Virgen deI Perdón, seguramente por estar en el retablo del mismo nombre. Fue pintada a expensas de Ios fieles en el mismo año por el fIamenco Simón Pereyns, tal vez por pedido especial de Ia cofradía o como penitencia impuesta por el Santo Oficio, a causa, se dice, de una injusta acusación hecha por su socio el pintor Francisco Morales.

Hasta mediados de este siglo, debido a Ias múltiples Ieyendas tejidas alrededor de Ia pintura -como Ia bellamente descrita por Luis González Obregón, incluida en su magnífico libro México Viejo-,existieron serias dudas sobre la autoría de tan bella obra, la cual se atribuye tanto a Pereyns (que según se dice la pintó sobre la puerta de su celda, mientras estuvo prisionero en la cárcel de la Santa Inquisición), como a Baltasar de Echave “El Viejo”. Así mismo, los historiadores Antonio Cortés y Francisco Fernández del Castillo opinan que fue realizada por Francisco Zúñiga, aunque Manuel Toussaint, Francisco de la Maza y Abelardo Carrillo y Gariel, no comparten esa aseveración.

González Obregón afirma que existen “tantas asombrosas tradiciones, tantos cuentos populares, que es preciso purificar en el fuego de Ia verdad, para que ésta brille como en el crisol el oro puro”. En julio de 1965, Justino Fernández y Xavier Moisén, connotados críticos de arte, para salir de dudas examinaron Ia pintura, descubriendo en el peralte deI escalón una firma que dice : “Ximon Perines/Pinxievit”. Igualmente, salió a luz que no estaba pintada sobre una puerta sino en una tela debidamente preparada, certificándose finalmente Ia paternidad de esta obra: el flamenco Simón Pereyns, dando fin de manera definitiva a tan bella leyenda.

Cuando Jerónimo de Balbás inició Ia construcción deI impresionante Altar de los Reyes y deI primero y más bello de los cipreses en 1718, se pensó que el antiguo Altar deI Perdón desmerecería deI conjunto, por lo que se le encargó aI mismo Balbás el diseño deI segundo Altar deI Perdón, cuya construcción se efectuó entre 1725 y 1732, siendo dedicado el 19 de junio de 1737.

EI primer cuerpo de este interesante retablo está formado por cuatro columnas estípites, y su basamento es de piedra. EI segundo cuerpo, en forma de arco, tiene en sus extremos dos ángeles que sostienen sendas hojas de palma. Todo el frente está decorado con imágenes de santos pertenecientes al clero secular, no al regular de Ias órdenes religiosas. En Ia parte alta se encontraban Ias armas reales de España, que sobresalían en más de 8 varas en el aire, pero después de consumada Ia Independencia, en 1822, fueron destruidas por considerarIas signos infamantes.

Con Ia Ilegada de Europa deI afrancesado estilo neoclásico a finales deI siglo XVlll, llevado por su excesivo ceIo religioso, el eclesiástico don Francisco Ontiveros mandó colocar sobre el retablo una gran ráfaga o resplandor dorado con el monograma de la Virgen María en el centro, y una más pequeña sobre la pintura de Nuestra Señora del Perdón, que tenía en su vértice una representación de la Santísima Trinidad; como esta pequeña ráfaga rompía totalmente la armonía del altar, fue cambiada poco después por una corona de oro que se colocó sobre la cabeza de un querubín.

Antes del incendio, en la parte central del arco en el segundo cuerpo, se encontraban dos esculturas de tamaño natural hechas de madera tallada y estofada que representaban a San Esteban y a San Lorenzo; en medio de ellas estuvo la magnífica pintura de San Sebastián Mártir, posiblemente realizada por Baltasar de Echave Orio, aunque también se dice que pudo haber sido pintada por su maestro y suegro Francisco de Zumaya; estaba cubierta con un viejo y ondulado cristal que a causa de sus reflejos no permitía apreciar debidamente Ia imagen. En sustitución de esas maravillosas obras, fueron colocadas tres hermosas esculturas más pequeñas con muy buen acabado en su talla y estofado, Ias que estuvieron almacenadas largo tiempo en Ias bodegas de Ia Catedral. Las esculturas de los extremos representan a dos santos carmelitas que no han podido ser identificados, y en medio se colocó Ia efigie de San Juan Evangelista.

En el lugar de honor, ocupado originalmente por Ia pintura de Nuestra Señora del Perdón o de Ias Nieves con el Niño Jesús, acompañados por San Joaquín, Santa Ana y cuatro angelitos, fue colocada otra pintura de Ia misma época, Ia cuaI, a pesar de ser más pequeña, no desmerece en beIIeza y caIidad. Esta obra de autor desconocido fue traída aIgunos años antes deI incendio y desde Zinacantepec, Estado de México, por eI canónigo Octaviano VaIdés, entonces presidente de Ia Comisión Arquidiocesana de Arte Sacro. Se trata de una representación de Ia Sagrada FamiIia durante un descanso, cuando efectuaba su huida a Egipto, que pudo haber sido realizada por Francisco de Zumaya o Baltazar de Echave Orio.

EI marco de esta obra, que enmarcaba Ia pintura anterior, es de madera revestida con una gruesa placa de pIata bellamente repujada, actualmente ennegrecida por falta de pulimento. Como Ia nueva pintura es más pequeña, se completó el espacio faltante con tela de terciopelo carmesí, siendo sustituida después por un marco dorado interior. La colocación de esta pintura fue propuesta por el arquitecto, escultor y restaurador Miguel Ángel Soto.

Abajo de Ia Sagrada Familia se colocó un pequeño óleo sobre lámina de cobre que representa al Divino Rostro, pintado por el dominico fray Alonso López de Herrera, que sustituyó a otra pintura similar, un poco más grande, de autor anónimo.

La parte baja deI altar, junto a Ias dos gruesas columnas que lo flanquean, tiene sendas y pequeñas puertas que dan acceso a su sacristía, lugar donde se originó el desafortunado incendio. Las puertas originales presentaban hermosos floreros en relieve, pero al restaurarse el retablo, debido quizás a Ia falta de presupuesto, se eliminaron para seguir el diseño de Ia parte baja deI altar. Después deI pavoroso incendio, se tuvo Ia destructiva idea de despejar totalmente Ia nave central, eliminándose el Altar deI Perdón, para ser reinstalado en Ia sala capitular; Ia sillería deI coro y los órganos monumentales se colocarían a los lados del altar que sustituyó al ciprés del arquitecto De la Hidalga, para así poder apreciar desde la entrada el monumental Altar de los Reyes. Afortunadamente no se llevó a cabo esta propuesta, gracuas a un dictamen del Departamento de Monumentos coloniales del Instituto Nacional De Antropología e Historia, firmado por el arquitecto Sergio Zaldívar Guerra. Ya para el mes de junio de 1967, cinco meses después del incendio, se habían iniciado los trabajos de restauración, a cargo del arquitecto y escultor Miguel Ángel Soto Rodríguez y diez de sus catorce hijos: Miguel Ángel, Edmundo, Helios, Leonardo, Alejandro y Cuauhtémoc, quienes efectuaron con su padre el tallado de la madera, y María de los Ángeles, Rosalía, María Eugenia y Elvia, dedicadas al estofado, dorado y acabado final del portentoso Altar del Perdón. Siete años después en el mes de diciembre de 1974, se dio por terminada la obra.

A principios de 1994, el presbítero Luis Ávila Blancas, actual canónigo y sacristán mayor de la Catedral, a la vez que director de la interesante pinacoteca del templo de La Profesa, se dio cuenta de que las esculturas de los santos carmelitas colocadas dentro del arco central no les correspondía formar parte del retablo por pertenecer al clero regular, por lo cual decidió colocar en su lugar, en el lado derecho, una magnífica escultura de tamaño natural–probablemente representación deI canónigo y eclesiástico secular San Juan Nepomuceno- que formaba parte deI retabIo de Ia capiIla de Nuestra Señora de Ias Angustias. A Ia izquierda puso Ia escultura de San Juan Evangelista de joven, y en medio, una magnífica pintura al óleo sobre tela montada en madera, un poco más pequeña que Ia anterior, con Ia representación de Santa María Magdalena, contemporánea de San Juan Evangelista, atribuida a Juan Correa. Después de ser rehabilitada por el magnífico equipo de restauradores de Ia Catedral, fue instalada en el lugar que ocupó Ia desaparecida pintura de San Sebastián. Santa María Magdalena forma parte de varias obras de arte que Ia Secretaría de Desarrollo Social regresó a la Catedral Metropolitana en 1991.

Actualmente, debido a los difíciles y costosos trabajos de restauración de Ia Catedral que dirige el arquitecto Sergio Zaldívar Guerra, y para reforzar el edificio, se rodearon Ias columnas con una tupida selva de verdes andamiajes para soportar con firmeza los arcos, y un cielo de amplias mallas de alambre gris para retener el escombro que pudiera desprenderse, lo cual afea el entorno deI hermoso Altar deI Perdón.

La capilla de San Isidro o deI Cristo deI Veneno, situada a Ia derecha deI Altar deI Perdón (que comunica a la Catedral con eI Sagrario), se encuentra también en proceso de restauración, por lo que este Cristo, imagen muy venerada que estaba en un nicho deI muro norte de dicha capilla, se instaló temporalmente al frente deI Altar deI Perdón, tapando Ia pintura de Ia Sagrada Familia. Así mismo, se colocó a Ia izquierda deI altar una pequeña y hermosa pintura que representa a Ia Santísima Trinidad, obra de Miguel Cabrera que también estaba en la capilla de San Isidro.

Fuente: México en el Tiempo No. 11 febrero-marzo 1996

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