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Ixtacamaxtitlán, el rincón poblano más instagrameable

A Ixtacamaxtitlán se viene a admirar sus muchas montañas y las iglesias que entre ellas se ocultan. De ahí que sea el rincón poblano más instagrameable.

11-07-2019, 9:11:39 AM
Ixtacamaxtitlán, el rincón poblano más instagrameable
Archivo MD
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#ViajeraExpertaMD y periodista cultural.

Entre colinas e iglesias

Codeado de enebros, de montañas breves, surge en el mapa de la sierra norte poblana San Francisco Ixtacamaxtitlán, el valle donde hace mucho el río Apulco aprendió a hacerse camino entre el ondulado horizonte.

Más arriba han de encontrarse Tetela de Ocampo y Chignahuapan, pero aquí se está todavía cerca del estado de Tlaxcala. Quien llegue a este municipio ha de hacerlo en silencio, dispuesto a escuchar lo que tienen que decir la naturaleza y el montoncito de coloridas iglesias que salpica la serranía a ratos.

Lo que hay que saber

Ixtacamaxtitlán significa en náhuatl “lugar de camaxtli blanco” o “lugar cerca de la franja blanca”. Y si bien ha querido encontrarse en su traducción una referencia geográfica, lo cierto es que a sus pobladores les hace más sentido pensar en las implicaciones divinas del nombre: Camaxtli era una deidad tlaxcalteca, y el blanco en el mundo prehispánico se relacionaba con el norte y la ancianidad.

Posible es entonces que en este pueblo al norte de Tlaxcala se venerara al dios de la caza y de la guerra, de la esperanza y el fuego. Curioso destino el de este altépetl o señorío que lo mismo llegó a compartir dioses con sus vecinos tlaxcaltecas, que se vio obligado a luchar contra ellos en las famosas guerras floridas organizadas por los mexicas.

De iglesia en iglesia

La mayoría de las iglesias de Ixtamaxtitlán fueron dependientes del proyecto conventual que los franciscanos establecieron aquí en el siglo xvi, de ahí que hayan sido fundadas alrededor de la misma época y se encuentren relativamente cerca unas de otras.

El primer espacio religioso que reclama la atención es el Ex Convento de San Francisco, en la cabecera municipal. El visitante es recibido por un ya extinto camposanto que ahora hace las veces de parque justo enfrente. A un costado, la torre exenta, anaranjada y sola, sostiene con desaire sus campanas. Y la mirada se vuelve entonces hacia el ex convento vuelto parroquia, con su fachada de piedra y su hermosa cúpula de talavera al fondo, casi escondiéndose.

Una vez dentro, son un par de capillas laterales y no tanto las tres grandilocuentes naves las que llenan de asombro. La primera capilla está dedicada al Señor del Buen Viaje –el santo que desde la Colonia veneran arrieros y viajeros–, y resguarda un puñado de retablos y pinturas barrocas bajo un techo estrellado pintado al temple; la segunda es la Capilla de la Virgen del Carmen, a quien se reza en su blanco y dorado retablo, también barroco. En el altar principal se descubre una imagen del santo patrono abrazando a Cristo. Habría que estar aquí cada 4 de octubre, cuando se rinde homenaje a San Francisco de Asís y la vida se vuelve un día de danzas, cabalgatas y corridas de toros.

Saliendo de la cabecera, al otro lado del río Apulco, el paisaje se ve interrumpido por la presencia del altivo Cerro de Acolhua y los peñascos que lo rodean. Se trata del cerro sagrado que adoraban los antiguos, donde se acumularon dioses y siglos. Quizá el mejor lugar para admirar el cerro, o por lo menos el más místico, sea desde la Capilla de San Francisquito, un diminuto templo en lo alto de una colina en la comunidad de Tlajomulco –donde se elabora, por cierto, un rico mezcal de pechuga que vale la pena probar–. Las puertas de San Francisquito estarán cerradas. El único día que han de encontrarse abiertas es el 5 de octubre, cuando a esta iglesia le llega su fiesta.

Luego de otras tantas colinas aparece la Iglesia de San Andrés Tepexoxuca, un recinto que se adhiere con facilidad en la memoria. No solo porque en su fachada puede verse un escudo nacional porfiriano o porque en su costado todavía se conserva un reloj de sol, sino también porque el interior pertenece al imaginario de la comunidad: fueron los mismos pobladores quienes pintaron dentro un universo de colores y figuras donde el aburrimiento no tiene cabida. En el altar principal puede verse a San Andrés Apóstol cargando orgulloso su cruz en forma de “x”; una capilla a la izquierda dedicada al Sagrado Corazón y a la derecha un pequeño retablo barroco estípite con Jesucristo al centro, forman parte del orden interno establecido.

Un sitio más que demanda ser visitado es el Santuario del Señor de la Salud, en Huixcolotla, hogar del milagroso cristo al que recurren fieles venidos de lejos. En lo alto de su fachada se mira el triángulo de la trinidad y el resplandor de la paloma del Espíritu Santo; y abajo, entre columnas, cuatro alargados ángeles elaborados por indígenas lanzan al aire una mirada seria desde sus nichos. En el interior, resguardado por un baldaquino neoclásico, se halla la imagen del Señor de la Salud: conmueve y deslumbra al mismo tiempo. Lo acompañan la Virgen de los Dolores y San Juan Apóstol, y de sus clavados brazos pende un manto verde, dorado.

Al Señor de la Buena Muerte hay que rendirle homenaje en Texocuixpan, donde está su santuario que también es parroquia. Tres naves, cúpulas nervadas y arcos de medio punto forman la atmósfera donde se venera desde el siglo xviii a esta advocación de Cristo. El día de la Santa Cruz, el 3 de mayo, se lleva a cabo la fiesta patronal, pero los peregrinos acuden aquí en busca de alivio cualquier día.

Lo destacado: Museo Comunitario

Una vieja ermita de fachada blanca, deslavada, es el espacio elegido por la gente de Ixtacamaxtitlán para colocar el acervo arqueológico que mucho dice de su pasado prehispánico en Museo Comunitario. Aquí hay metates, vasijas, figurillas de arcilla, sellos y malacates de barro, navajas y puntas de lanza hechas de obsidiana.

Destacan una pulsera repujada en lámina de oro, un sartal de cuentas de hueso y concha. Llama la atención un ocelote de cantera con sus patas apoyadas en serpientes que fue encontrado en el Cerro de Alcohua; en la cosmogonía náhuatl no es otro que Tezcatlipoca Rojo, el dios que adoraron los tlaxcaltecas bajo el nombre de Camaxtli (Reforma s/n; Ma-D de 9 a 14 h. y de 16 a 18 h).

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